BATALLA DE SARANDÍ: DÍA DEL ARMA DE CABALLERÍA. 12 DE OCTUBRE DE 1825.

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Por: Mario A. Menyou.

Zenit de la gloria militar de Lavalleja y momento inigualable de unión del Pueblo Oriental y las Provincias Unidas del Río de la Plata. Esta será la única oportunidad, salvo en el éxodo, que veremos a todos nuestros héroes, que quedaban en nuestra Patria, marchando juntos, luchar brazo con brazo y conseguir una victoria que significó, la consolidación de la Independencia proclamada en la Asamblea de la Florida del 25 de agosto del mismo año.

La batalla se dará en campos próximos al Arroyo Sarandí, entre fuerzas casi igualadas en número, con diferencias de preparación táctica y militar favorables a los brasileños, pero ya no tanto como en época de la primera y segunda invasión portuguesa, en tiempos de Artigas, dado los años de combates que llevaban los Orientales y la preocupación de Lavalleja en instruir a sus tropas. Se cuenta que en su campamento a orillas del Arroyo Pintado, próximo a la Villa de la Florida, adiestraba a sus tropas con palos simulando fusiles.

A las diferencias en armamento a favor de los extranjeros, podemos anteponer la destreza de nuestros jinetes, tanto en la conducción de sus cabalgaduras como en el uso de las armas individuales tradicionales entre nuestro gauchaje, lanza, sable y boleadora. También el lazo y la carabina, pero primó en la oportunidad, la capacidad del Jefe Oriental frente a la conducción en la batalla que llevaron a cabo sus enemigos. 

Tres Jefes importantes podemos destacar entre los brasileños, General Bento Goncalves, Coronel Bento Manuel Ribeiro y Mayor Álvaro de Alencastre; sin desmerecer a todos los héroes Orientales que actuaron con mucho valor en la contienda, también tres Jefes muy importantes para nuestra Provincia combatieron en Sarandí, los Generales Lavalleja y Rivera y el Coronel Oribe, pero ante la confusión que ganó entre las filas brasileñas, la unidad de comando entre los Orientales, que ejerció Lavalleja, fue uno de los principales aspectos que lo llevaron a la victoria. 

Las órdenes de Lavalleja y la conducción de la batalla, fue lo que nos permitió gozar de la victoria. Ante la temprana descarga de fusilería por parte de los brasileños, alertados por la algarabía que se escuchaba del bando Oriental, producto de los tiros de cañón, en que solo un disparo alcanzó el blanco. El bullicio que esto produjo pudo ser captado como similar a cuando las montoneras atacaban y en ese momento se activaban los fusiles. La apreciación de Lavalleja sobre la distancia que separaba a las líneas en combate, aproximadamente tres cuadras, le indicó que era preferible la carga de caballería que la descarga de fusilería, y así ordenó “Carabina a la espalda y sable en mano”.

Bien elegido está el Día de la Caballería de nuestro Ejército Nacional, ya que en ese día, 12 de octubre, y en ese combate, Batalla de Sarandí, solo la Caballería Oriental fue la causante de la victoria.

En el parte elevado por Lavalleja el día siguiente de la batalla, al Comisionado del Gobierno Oriental en Buenos Aires expresaba: 

 “Ya no es posible que el déspota del Brasil espere de la esclavitud de esta Provincia el engrandecimiento de su imperio. Los orientales acaban de dar al mundo un testimonio indudable del aprecio en que estiman su libertad.”

La repercusión de la victoria de Sarandí entre la población de Buenos Aires, gracias a la difusión de la noticia por la prensa, entre la cual es de destacar “El Piloto”, periódico que editaba el militar Antonio Díaz, que fue uno de los “33”. También la acción de José Trapani, moviéndose en sus círculos de influencia, propició que el 25 de octubre de ese mismo año, el Congreso General Constituyente de las Provincias Unidas del Río de la Plata, reconociera la incorporación de la Provincia Oriental al seno de las mismas. 

La guerra instaurada entre el Imperio del Brasil y la Provincia Oriental, al pasar ésta a integrar a las Provincias Unidas, desencadenó el 10 de diciembre del destacado año 1825 en nuestra historia, la declaración de guerra del Brasil contra todas las Provincias.

La conformación de un Ejército Nacional de las Provincias tuvo bastantes dificultades, como también la integración del Ejército Oriental al mismo. Diferencias entre el Comandante del Ejército en Campaña, el General Martín Rodríguez y el Gobernador y Comandante del Ejército Oriental, Brigadier General Juan Antonio Lavalleja llevaron incluso a la intervención del electo Presidente de la Nación, Bernardino Rivadavia (que había sido Ministro del General Martín Rodríguez, cuando este fue Gobernador).

Este conflicto de intereses en la forma de conducir la guerra con el Brasil, incorporará en nuestra Provincia la lucha entre Unitarios y Federales, que ya estaba latente en las Provincias Argentinas. 

El Ejército Nacional quedará al mando del General Carlos María de Alvear, quien también tendrá diferencias con varios Jefes. Pero la confrontación entre personas, más importante para los intereses de la Provincia, se dará entre Lavalleja y Rivera, al disponer el primero, el relevo del segundo en el comando del Regimiento de Dragones de la Unión por parte del Coronel Andrés Latorre, reconocido patriota desde el principio de la revolución en la época de la emancipación, habiendo sido Ayudante de Artigas, también era Tío de Lavalleja. 

Diferencias y acusaciones contra el proceder de Rivera en la guerra con el Brasil, motivarán su desafectación del Ejército Oriental y su solicitud de incorporación al Ejército Nacional.Si bien a partir de esto, los máximos líderes Orientales actuarán por separado, los esfuerzos de ellos, uno triunfando en la Batalla de Ituzaingó (Lavalleja) y el otro en la Toma de las Misiones (Rivera), serán los pilares fundamentales para que entre las Provincias Unidas del Río de la Plata y el Imperio del Brasil, se consolidara la Convención Preliminar de Paz, por la que se concretó nuestra Independencia y surgimiento como un nuevo Estado en el orbe.

Para resumir este relato, por razones de espaciobien vale extraer unas estrofas del Poeta de la Patria, don Juan Zorrilla de San Martín, quien describe magistralmente estos episodios en su obra “La Leyenda Patria”, que merece estar siempre presente entre nosotros:

¡Sarandí! ¡Sarandí!… ¡Santa memoria,
Primicia del valor, ósculo ardiente
Que imprimieron los labios de la gloria
En nuestra joven ardorosa frente!
Yo al pronunciar tu nombre,
De hinojos, la cabeza descubierta,
Entre las cuerdas de mi lira siento
Que nace, crece y estridente estalla
Todo el fragor de las solemnes horas
Que escucharon la voz de tu batalla;

Ituzaingó… Señor de las batallas,
¡Oh Dios de Sábato armipotente!
Tú otorgaste y ceñiste en aquel día
Palmas al mártir, y al guerrero lauros;
Yo pronuncio tu nombre
Junto al que adoro de la patria mía;

Todo acabó… Ya el mundo
Firme al novel batallador escucha
Dictar sus leyes y escribir su historia,
Y al solio de los pueblos lo levanta
Que, aun cubierto de polvo de la lucha,
Trepa el guerrero con serena planta.

El ardor y el valor de aquella gente, sus vidas empeñadas en lograr la libertad e independencia de su suelo y su gente, nos debe convocar en las fechas patrias, que recuerdan los sucesos principales por los cuales transitó su camino de lucha y sacrificio, del que legamos el país maravilloso que hoy disfrutamos, para expresar nuestro eterno agradecimiento y mantener viva su memoria. Así comienza la inmortal obra del Poeta de la Patria, y así entiendo que debe comenzar nuestro reconocimiento a aquellos héroes que nos dieron Patria.

“Es la voz de la patria… Pide gloria…
Yo obedezco esa voz. A su llamado,
Siento en el alma abiertos
Los sepulcros que pueblan mi memoria,
Y, en el sudario envueltos de la historia,
Levantarse sus muertos”.

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