Allanamientos nocturnos y la vuelta de un debate. Por Marcelo Martín Olivera

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Constitución de la República. Artículo 11: El hogar es un sagrado inviolable. De noche nadie podrá entrar en él sin consentimiento de su jefe, y de día, sólo de orden expresa de Juez competente, por escrito y en los casos determinados por la ley.

Analizando este artículo podemos ver que esa redacción resulta totalmente descolocada en el tiempo por varios motivos; partiendo de la base que «lo sagrado” hace una referencia a un modelo de discurso religioso que debería haberse eliminado en 1918 con la separación Estado/Iglesia. Con que permaneciera lo «inviolable» era más que suficiente ya que ambos conceptos son redundantes.
Además, en el tiempo que fue redactado el artículo no existía casi el trabajo nocturno por lo cual era lógico que fuera asociada la noche a la intimidad y el descanso. Con la industrialización de las ciudades y los cambios en los turnos laborales ese concepto se vio desdibujado. Además, Uruguay cuenta con un sistema judicial confiable por lo tanto la redacción de este artículo tiene otra falla elemental ya que, mediando la intervención de un juez, da lo mismo que el ingreso sea de día o de noche.
Si vamos por el lado tecnológico ya no usamos faroles a mantilla o velas, tenemos energía eléctrica y luces que facilitan la identificación de las personas en todo momento, así que esa distinción de la noche con el día no corre en pleno siglo XXI. Además de esto, con los medios técnicos que hay, se puede actuar de noche y tener todo registrado y grabado. Es por estas consideraciones, junto a su eventual beneficio en el combate al narcotráfico, que se plantea la necesidad de reglamentar los allanamientos nocturnos.

En varias oportunidades este artículo fue puesto bajo la lupa para su modificación, la más resonante fue con la campaña Vivir sin miedo del ministro Larrañaga. Pero en las últimas semanas, y pasado el referéndum de los 135 artículos de la LUC, se vuelve a plantear el asunto de forma tímida por parte del actual ministro del interior Luis Alberto Heber. Mas allá de la tormenta de argumentos de ambos lados del mostrador es necesario analizar su efectividad.


Es sabido por todos que bajo este «amparo constitucional» las bocas de droga y demás delitos funcionan más en la noche que en el día ya que en ese momento coinciden clientes y posibilidades de negocio. Pero específicamente este universo el tráfico de pasta base es de los más peligrosos en el mundo de las drogas ya que las cantidades a transportarse, los efectos en la población adicta a la misma y las posibles pérdidas ante una pelea entre bandas es lo que hace que su tráfico sea de los más violentos. Con este marco de cierta protección que gozan actualmente es evidente que hacen todo durante la noche para no ser interrumpidos, tienen un lugar y tiempo perfecto para su actividad ¿Que más pedir?

Hasta acá va todo muy pintoresco y bastante efectivo. La gran pregunta acá debería ser ¿Son efectivos?

Por la experiencia internacional sabemos que el allanamiento, sea a la hora que sea, es poco efectivo ya que las bocas de venta de drogas reabren al poco tiempo. Esto también lo sabemos bien, los lugares con altos niveles de criminalidad y más marginalidad son más propensos a que las bocas vuelvan a funcionar, Justamente en estos barrios se da un fenómeno de feudalización de los barrios donde el narco coloca “a cubierto” a un cierto número de vecinos para protegerse, esto es un efecto directo de un Estado ineficiente en el cumplimiento de sus propósitos.

Además los allanamientos nocturnos tienen sus riesgos, los delincuentes no saben si están siendo allanados o atacados. Sea cual sea el escenario se van a defender de forma violenta pudiendo herir a terceros en el procedimiento o a la policía y sobre este último escenario hay que detenerse a pensar también. Los efectos colaterales de acorralar pueden ser muy violentos y el diablo siempre mete la cola en esos espacios vacíos que dejamos pasar.

¿Esto significa que quien escribe la columna se encuentra en contra de los allanamientos nocturnos? No, sino que, todo lo contrario, me encuentro a favor de los mismos, pero no son “la bala de plata” como se pretende vender. Son una herramienta útil, pero tienen que venir acompañados de otras medidas de corte social, haciendo foco en la educación pública y en los más jóvenes. Sobre la forma de efectuar los mismos deberían estar a cargo de personal entrenado para la tarea a fin de minimizar los daños colaterales.

Acá la cuestión no está decir a todo que sí, sino de ver todos los lados posibles y no solo los que nos sirven a nuestra conveniencia personal o al discurso político de turno.

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