CÓMO LLEGAMOS HASTA ACÁ…Por Nelson Jorge Mosco Castellano

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Alejandro Boreztein explica con fina ironía: “¿Cómo fue que llegamos hasta acá? Más de la mitad de los argentinos evaluó políticamente y decidió apoyar las ideas de la Escuela Austríaca de Economía fundada por el austrohúngaro Carl Menger a finales del siglo XIX, luego potenciadas por Friedrich Hayek, premio Nobel de Economía 1974 y seguramente abuelo o tío abuelo de Salma. Esta es una explicación del resultado electoral. 

La otra respuesta es mucho más simple: el pueblo argentino tenía los huevos llenos. Hartos de Cristina, Alberto, Máximo, Massa, Insaurralde y Chocolate Rigau, todo indica que si en el cuarto oscuro, en lugar de boletas de Milei había fetas de jamón, el resultado final del balotaje hubiese sido Jamón Cocido 60% – Sergio Massa 40% (margen de error +/- 2%). A Milei lo votaron hasta los que jamás pensaban votarloNo fue magia, el kirchnerismo lo hizo.

El olvido, extraño mecanismo de la mente, explica que el kirchnerismo haya vuelto en 2019, aún después de los bolsos de López, el crimen de Nisman, la inflación, la pobreza, el cepo, Jaime, De Vido, el INDEC, la propaganda neofascista de 678, Chávez y miles de cosas más que ya ni recordamos. 
También se explica por el talento del gobierno de Macri…Este fenómeno debe tenerse muy en cuenta porque a partir del 10 de diciembre se irá lavando la memoria una vez más. Los errores del nuevo gobierno ocuparán toda la escena desplazando, por ejemplo, al yate de Insaurralde. Errores siempre va a haber y el kirchnerismo los va a estar esperando.”

Tantos gobiernos mediocres luego de haber superado gobiernos ineptos y corruptos no pudieron realizar reformas que la gente sienta en su bolsillo; cambios estructurales que muestren un giro hacia un rumbo adecuado.

Una cantidad de políticos pusilánimes siguen haciendo vieja política. A países estancados le proponen viejas recetas de mínimo ordenamiento del gasto; presupuestos públicos déficit 0, que buscan sustentarse sin que sea sustentable la producción de recursos ni el país global. Estancados en la Revolución 2.0 (producción en cantidad) sin aceptar que al finalizar el siglo XX se inició la 4.0, donde el valor es la innovación disruptiva, la inteligencia artificial como herramienta.  Siguen ajustando poquito, pusilánimemente. 

Siempre hay un “deja vu” que los iguala. Empequeñece cualquier mínima mejora y hace que la corrupción pase desapercibida frente al exasperante estancamiento que vivimos. Gobiernos mediocres no entienden que hay que hacer los cambios hacia la racionalidad país, no procrastinar. La tribuna nadie la escucha. Los que pueden buscan oportunidades afuera.

Se autoperciben ganador desde el despacho y con los adulones. Creen que tienen posibilidad de renovar el éxito pírrico anterior. Mientras los opositores perdedores, por incapacidad y corrupción rescatan “desencantaron” y ofrecen volver “mejores”. Usan los mismos versos impúdicos que dejaron estancada 15 años de pobreza. Reaccionarios, quieren borrar que pasaron más de cien años desde la llegada del Potemkin a Petrogrado. Ocultan que la clase obrera está siendo reemplazada por robots y automatizaciones. Que las mujeres tienen derechos que habrían sido impensables en la sociedad soviética o comunista. Que ya no existen países gobernados por dictaduras del proletariado, con economías centralmente planificadas, porque mataron de hambre, de soberbia, de corrupción y de represión a los derechos humanos. La sigla PC ya no refiere al Partido Comunista, ahora significa Personal Computer.

Las sociedades actuales no se parecen en nada a la de Cuba, Venezuela o Corea del Norte, están dando el salto más grande de la historia, el desarrollo de la inteligencia artificial y la computación cuántica. Nada de esto se comprende desde los textos de Gramsci.

TODOS, pese a la evidencia empírica, niegan el desencuentro de los occidentales con una democracia representativa que atraviesa una crisis radical por ineficiencia e ineficacia de sus representantes. Cultura de viejos. En la sociedad individualista de las pantallas, la mayoría de la gente no quiere ser representada, tiene una actitud irreverente ante todo tipo de autoridad, rechaza al establecimiento en su acepción más amplia, vota por el candidato que menos se parece a los políticos tradicionales. Cuando eligen a un outsider que adopta las poses del poder, reaccionan, sienten que fueron engañados y sus gobiernos se derrumban.

En un tiempo vertiginoso que Zygmunt Bauman denominó realidad líquida, estamos signados por lo efímero. Sabemos que las cosas que tenemos no van a durar mucho; que pronto quedarán obsoletas. Esto sucede también en nuestras relaciones con los otros seres humanos y en la relación con nosotros mismos, nuestra imagen, nuestras metas, la evaluación de lo que hacemos y vivimos. Los políticos y analistas que comprenden el mundo desde el paradigma rígido de la Antigüedad, pierden contacto con la gente que vive en la realidad líquida. En una sociedad en la que nos evalúan y evaluamos a los otros con likes, no sirven las antiguas teorías.

Nadie lee ni compara programas. La gente no vota por el que la convence, sino por el candidato que le gusta o que les ayuda a exorcizar a sus fantasmas. La mayoría sabe que las coherencias programáticas son engañosas y no reflejan lo que harán los políticos cuando se enfrenten a la realidad del poder. Gana elecciones quien insiste en que el ajuste lo pagará la “casta política”. Quien comunica transparencia y espontaneidad. Quien se ríe, se emociona, grita. Quien hace que sus seguidores tengan ilusiones. Un ser humano atractivo, que no expresa solo un estado de ánimo de la mayoría, sino un fenómeno general. Los liderazgos contemporáneos, trabajan en equipo, reconocen a quienes colaboran, como es normal en la sociedad de las redes. Se detienen a saludar y a tomarse selfies, son originales, expresan el sueño de cambio.

Por aquí, partidos minúsculos diseñan programas con acento socialista, omitiendo que integran una coalición con quienes piensan distinto, pero tienen más votos para tener un cargo político. Intentan disfrazarse de socialistas cuando el PS es una minúscula protuberancia en el FA. Ya no existe más izquierda ni derecha; está en crisis terminal la socialdemocracia. Ni siquiera el populismo gana una elección regalando dinero ajeno. Quienes representan a la mayoría de la Coalición exudan soberbia prediciendo victorias. Las encuestas fracasadas, les venden que vuelven a ser la minoría mayor de un juego de retazos en crisis.  

La “casta” política votó por unanimidad otro carnaval electoral que pagamos los nabos de siempre; mientras los candidatos de la región ganaron sin tener aparato, sin tener recursos, comunicándose por las redes.

Este gobierno uruguayo que se dice “liberal”, no fue eficaz ni eficiente en devolver a los bolsillos de los uruguayos el dinero que le quita el presupuesto abusivo que dejó el FA. Insustentable por la producción, desbordado de burocracia y reglamentaciones incumplibles. Sobran miles de oficinas públicas derivadas del favor político, que hacen inoperantes a las realmente esenciales para atender la urgencia de personas marginadas que debieran integrarse a la normalidad. El Estado genera dispendio obsceno del dinero que debiera estar circulando en la economía privada formal para aumentar el consumo y promover el trabajo. Violentas discusiones parlamentarias intrascendentes a la gente, debaten sobre el tendal de uruguayos suplicantes de ayuda que retroalimenta el gasto político. Ofrecen lo impagable; dádivas a cambio de empleos perdidos. Asumen el costo impúdico sobre el desarrollo, el crecimiento, y la actividad económica, de sostener empleos y jubilaciones ficticias, refractarias a la modernidad indetenible. Una utopía mil veces fracasada, impermeable a la pobreza, que multiplica presos y mendicantes, devastando una sociedad insegura y fragmentada en la que caló hondo la desesperanza y hastío.

Unos inventaron el relato de que se gasta poco, hay que redistribuir recursos mentirosos, endeudarse y emitir. Otros, que se tira la plata, hay que recortar para crecer, y fue insignificante lo que produjeron. En realidad, se trata de ordenar prioridades urgentes dentro de la sustentabilidad país. Las reformas no las siente el votante. Muchísimos, coinciden con Boreztein: tienen los “huevos llenos”.

NUNCA conseguirían apuntar al crecimiento y productividad imprescindible para tender a superar el rezago acumulado para CONVERGER con este tiempo tecnológico. No están pensado en nuestros nietos como nos propone RICARDO PASCALE, en su libro “EL URUGUAY QUE NOS DEBEMOS”.

Por tener la mirada fija en el espejo retrovisor, LLEGAMOS HASTA ACÁ.

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