COMUNICADO SOBRE GENOCIDIO DE LA RURALIDAD EN URUGUAY: UNA EXITOSA POLITICA DE ESTADO

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Alejandro Gorostidi – 27 de julio 2022

El título de esta nota es una simple constatación del liderazgo de nuestro país en el ranking internacional de países, en cuanto a lograr tener una de las menores poblaciones rurales en relación a la población total, siendo este guarismo de tan sólo un 4%.

Asimismo, al observar los datos de este proceso de desplazamiento de la población rural, vemos que ha sido un proceso ininterrumpido (al menos desde 1960 cuando la población rural era de un 21%) y salvaje en cuanto a sus dimensiones, pasando de más de medio millón de personas en 1960 a escasas 150 mil personas o quizás incluso menos en la actualidad (ya que el último censo nacional fue en 2011). Como en el caso de los suicidios o del abandono de la educación secundaria por parte de nuestros adolescentes, son de esos rankings que da vergüenza liderar. Como sociedad, uno se pregunta por qué “hacemos como el avestruz” y cómo puede ser que parezcamos anestesiados y paralizados frente a estas realidades que nos carcomen. Sean cuales sean las razones y sin entrar en las tan manidas explicaciones sobre fenómenos multicausales (que tanto nos gustan, sobre todo para diluir responsabilidades), parecería claro que deberíamos estar actuando en todos los niveles necesarios para cambiar nuestro destino en forma efectiva. A esta altura, estamos cansados de que se repita casi como una letanía que el proceso de despoblamiento rural es una tendencia mundial, simplemente irreversible, a la que nuestro país simplemente no puede sustraerse. Casi podríamos decir que se ha convertido en una suerte de muletilla, que de tanto repetirse se ha ido impregnando en el imaginario popular, como si fuera una verdad absoluta. Por ello, es del caso analizar si esto es así. A principios del siglo XIX y con el impacto de la Revolución Industrial en temas demográficos, comienzan a verse migraciones masivas de población desde zonas rurales a grandes centros urbanos. Era bastante lógico que ese fenómeno se diera, ya que los pobladores rurales tenían condiciones de vida paupérrimas y las posibilidades de mejorar su situación económica obvia[1]mente estaban en poder trabajar en las fábricas, que empezaban a demandar trabajadores en forma intensiva. Pero si vemos lo que pasa en los países que fueron la “cuna” de la Revolución Industrial (y dónde por ende hubo un mayor grado de desarrollo industrial), el porcentaje de población rural que tienen hoy es muchísimo mayor al de Uruguay. En el caso de Gran Bretaña (donde si bien el peso de la actividad industrial en su economía ha bajado en términos relativos, el sector servicios financieros, seguros y muchos otros emplea muchísima gente), su porcentaje de población rural es 4 veces más que la de Uruguay (Gran Bretaña: 16% vs. 4% Uruguay). En el caso de Alemania, con una fortísima actividad y oportunidades laborales en el sector industrial, su porcentaje de población rural es 5,5 veces más que la de Uruguay (Alemania: 22% vs. 4% Uruguay). Algo semejante pasa en Estados Unidos, donde el porcentaje de población rural también es 4 veces el de Uruguay (Estados Unidos: 17% vs. 4% Uruguay). En el otro extremo, en un país de reciente y explosivo desarrollo industrial como China, el porcentaje de su población rural es casi 10 veces el de Uruguay (China: 37% vs. 4% Uruguay). Por otro lado, bien sabemos que Uruguay nunca tuvo un gran desarrollo industrial. Asimismo, la mayoría de las industrias que durante varias décadas ocuparon importante cantidad de trabajadores fueron des[1]apareciendo a fines del siglo pasado y hoy casi no existen (curtiembres, calzado, textil, armado de automóviles, electrodomésticos y muchas otras). De acuerdo a lo anterior, no se trata (como fue el caso en otros países) de una situación en la que los pobladores rurales de nuestro país hayan migrado desde zonas rurales hacia las ciudades y hacia la zona metropolitana para satisfacer una demanda de trabajadores por parte del sector industrial u otros sectores de la economía, sino que sencillamente han estado engrosando cinturones de pobreza y multiplicando asentamientos. Claramente no se trató de migraciones internas tras mejores oportunidades, sino que simplemente son compatriotas que fueron expulsados de zonas rurales hacia un futuro incierto, que la mayoría de las veces terminó siendo mucho peor que su realidad pasada. Por otro lado, resulta evidente que la mayor riqueza que ha tenido y tiene nuestro país radica en lo agropecuario y las exportaciones muestran que aproximada[1]mente un 80% de lo que se exporta tiene su origen en cadenas agropecuarias o agroindustriales. También es claro y nos distingue de muchos otros países el hecho de que más del 90% de nuestro territorio tienen aptitud agropecuaria. Esto último contrasta fuertemente con muchos países que tienen importantes áreas de su territorio no aptas para uso agropecuario o para ser habitadas (tanto por ser selvas, desiertos, montañas o áreas inundadas o inundables), pero que aun así presentan porcentajes muchísimo más altos de población rural. Es por todo lo antes expuesto que sorprende de sobremanera que Uruguay tenga solamente un 4% de población rural, cosa que no debería ser para nada visto como algo natural o lógico. Tan sorprendente es ese 4% de población rural que tenemos en Uruguay, que en ese entorno de valores (o más bajos) sólo encontramos a Gibraltar, Hong Kong, Mónaco, Macao, Kuwait, Singapur, Qatar o San Marino. Básicamente, se trata de islas y peñascos donde apenas cabe una ciudad, o desiertos donde sólo se puede sobrevivir en algún punto donde haya acceso al agua. En España, donde tanto en el debate público como en distintos medios de prensa y redes sociales se discute sobre el fenómeno del “vaciamiento” y despoblamiento crítico de la España rural, intentando implementar políticas para revertir o al menos frenar dicho proceso, vemos que tienen un envidiable 19% de población rural en relación a nuestro magro 4%. Y eso que España cuenta con importantes industrias (inclusive “pesadas”), así como con un sector turístico muy desarrollado y de gran peso en su economía.

Pero más allá de los porcentajes de población rural, que nos muestran en términos relativos el peso de esta población rural con respecto al total de la población de un país, también es bueno ver si es un proceso irreversible la disminución de la población rural en términos absolutos. Al respecto, podemos ver que en muchos países con los que puede resultar interesante compararnos, la población rural no sólo no ha disminuido en las últimas décadas, sino que ha aumentado. Esto sucede tanto en países en los que su principal sector de desarrollo económico es el sector agropecuario, como en países donde el sector industrial, el sector de servicios y el sector financiero tienen un peso importantísimo en su economía, como puede ser el caso de Estados Unidos o de Suiza.

De una simple comparación de los datos expuestos con la realidad de nuestro país, es claro que es una anormalidad total el bestial despoblamiento rural que han generado las políticas públicas en Uruguay, dado que no hacer nada al respecto también es una política pública en sí misma. La pregunta que surge es cómo deberíamos llamar a las políticas públicas, nacionales o de Estado que se han venido aplican – do tan exitosamente durante las últimas décadas, o cómo las llamarán en el futuro los historiadores: ¿Políticas de destierro de la población rural, de genocidio de la ruralidad, o quizás de despoblamiento activo para ser más políticamente correctos? Es imperioso que reaccionemos ya mismo como sociedad y empecemos a consensuar, diseñar y aplicar nuevas políticas de Estado, radicalmente distintas, que permitan revertir la grave situación descripta. En ello le va la vida al desarrollo de nuestra nación. Las propuestas concretas que UN SOLO URUGUAY ya ha hecho en cuanto al acceso a la tierra como medio de producción y afincamiento de familias en el medio rural van en ese sentido.

Fuente: Los cuadros y gráficos son elaboración propia del autor, en base a datos del Banco Mundial y del PNUD (Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo). La misma fuente tienen los datos de población rural manejados en el resto del artículo. https://datos.bancomundial.org/indicator/SP.RUR.TOTL.ZS

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