CONCLUSIÓN: GANAMOS LA BATALLA/PERDIMOS LA GUERRA

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   En su libro “Lecciones de Estrategia”, Beaufre afirma fehacientemente que la Estrategia es un arte de aplicación. O sea, podemos excluir su condición de materia tan solo teórica, de escritorio o salón de conferencias. La aplicación se basa en una voluntad de hierro para alcanzar los objetivos, cosa inusual en nuestro país, donde se trazan objetivos “de gobierno” para plazos de cinco años y por consiguiente las “Políticas de Estado” brillan por su ausencia, entre ellas, para desarrollar la defensa nacional. Entonces nos vemos impedidos de desarrollar lo definido por Beaufre como “factor esencial de potencia”: el avance técnico, que brinda eficacia a la Estrategia y puede aumentar los beneficios en política nacional e internacional.

   La estrategia militar es la madre de la Estrategia. En la línea de Beaufre, el elemento esencial de la estrategia militar clásica es “comprender más de prisa que el adversario las transformaciones de la guerra” Y por tanto estar en condiciones de prever la influencia de los nuevos factores. No lo hemos sabido hacer. Parece irónico, pero nuestro Ejército Nacional parece estar más capacitado para estructurar escenarios de futuro en lo internacional y no tanto en lo nacional. No es de extrañar. Nuestro Ejército es especialista en misiones de paz y eso brinda un panorama internacional muy amplio, al revés de lo nacional. ¿Quién puede adquirir panorama empleando una fuerza armada para recoger basura y repartir víveres?

   Pero hay un factor mucho más crítico donde se ha fallado al descuidar el elemento más importante que los recursos técnicos. La riqueza de un ejército es el hombre, su soldado. En toda guerra, el adversario buscará quebrar su ánimo por cansancio, temor o por bajas, de forma de derrumbar la Moral de la fuerza. La fortaleza de un ejército se sustenta en la disciplina y la confianza recíproca para lograr un trabajo en equipo. Aquí anota Beaufre cuál es el Talón de Aquiles elegido usado por el adversario: “el elemento sicológico es preponderante”. Y la caída brutal de la Moral apareja la caída también brutal de la capacidad operativa. ¿Ocurre eso en el Uruguay actual?

   Beaufre afirma: “en el plano sicológico la idea general es también durar”.

Por consiguiente, las acciones sicológicas serán esenciales para explotar en

este sentido los resultados obtenidos. Citemos el caso del MLN Tupamaros

y la “toma de Pando”. Sus ya octogenarios ejecutantes la celebran cada año como un magnífico acontecimiento de la guerrilla uruguaya, pero una mirada competente puede apreciar que en realidad fue su mayor derrota militar. No obstante, ellos han sabido “hacerlo durar en el tiempo” por el efecto propagandístico causado en su momento y hasta ahora lo presentan con la orientación que demuestra la “justicia” de tal acción.

     Para quebrar la moral de una fuerza, anota Beaufre, se emplean varias

“tácticas sicológicas”. Una de ellas es la propaganda. La otra es el adoctrinamiento de toda o parte de la población de manera de predisponerla contra la fuerza militar. También se emplea la continua difusión de un sinnúmero de noticias, verdaderas o falsas, que afecten la Moral de sus miembros en todas las jerarquías.

   Estas acciones se han desarrollado en contra del Ejército Nacional en todo sentido. Y siendo sinceros con nosotros mismos, no hemos sabido enfrentar esos ataques. No hemos sabido interpretar los cambios de la realidad. Sufrimos los tiempos de la “nueva realidad”, los tiempos de la “posmodernidad” con su “nueva verdad” basada en hechos no comprobados, de dudosa sustentabilidad o directamente en mentiras.

    No nos adaptamos a los tiempos. Ninguna guerra es igual a la anterior y no estar capacitado para los nuevos conflictos siempre conlleva la derrota, más aún si se vive una disputa cultural como la que estamos viviendo. La guerra actual es sicológica y no tanto de las armas. No supimos comprender las nuevas amenazas y llegamos al estado actual: en el pasado ganamos la batalla, pero frente al futuro perdimos la guerra.

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