DE REYES Y CAMELLOS, VIVA LA ILUSIÓN…

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El 6 de Enero es una noche mágica para millones de niños en todo el planeta.

Se activa la ilusión y la inocencia, por la cual, la tradición de miles de años nos cuenta que tres hombres con largas túnicas y barbados, uno de ellos de color, llegarán en tres grandes camellos e irán dejando regalos para todos.

La Biblia nos cuenta en Mateo 2.11, “Y cuando entraron en la casa, vieron al niño con su madre María, y postrándose, le adoraron; y abriendo sus tesoros, le ofrecieron presentes: oro, incienso y mirra”

He ahí una pequeña introducción para situarnos en Contexto y entender esta milenaria tradición, relacionada con el nacimiento de Jesús y que nos acompaña hasta el presente.

Cuando era pequeño, recuerdo hurgar en el cielo y cual telescopio, buscar entre las estrellas, alguna señal que permitiera identificar que esos Reyes Magos estaban acercándose.

Todo tenía un ceremonial previo, que incluía escribir una famosa carta en la que se detallaba, que cosas cada uno solicitaría a esos fabulosos Reyes.

Carta condicionada, para que eventualmente se cumpliera en su contenido, por cómo había sido nuestro comportamiento en general, desde nuestra casa hasta en la escuela.

Una sabia advertencia siempre rondaba en nuestros oídos, “pórtate bien, o los Reyes no te van a traer nada, ellos están viendo todo”.

Y esa frase era como un freno a cualquier conducta fuera de lugar, porque nadie se jugaría a quedar con las manos vacías.

Dentro de esos momentos previos, había una instancia muy importante, una de las principales que era el broche de oro hasta que llegara el ansioso momento de irnos a la cama.

Había que conseguir pasto y agua para que los camellos y esos Reyes, pudieran reponer energías, saciar su sed y seguir su camino de casa en casa.

Por donde entran, a que hora llegan, eran algunas de las preguntas que nuestra pequeña investigación y curiosidad demandaban a nuestros padres.

La respuesta certera y mágica siempre estaba pronta, “por la cerradura, por la chimenea, (aquellos que tenían en su casa), por la ventana, por debajo de la puerta”, en fin, las distintas formas que cumplieran con una respuesta de magia y sobrenatural y que potenciaba aquella ilusión a tope que embriagaba esa noche.

Ya habíamos compartido con nuestros amigos la lista de pedidos, la cual no estaba exenta de alguna exclamación importante, cuando la lista de alguno era muy grande o algún pedido era notoriamente excesivo y culminaba con un estruendoso ¡pahhh!

Finalmente llegaba el momento de acostarnos, y quedaba el último ritual a cumplir, dejar nuestros zapatos en el lugar destinado a los regalos, cosa que debía hacer también el resto de nuestra familia.

Dar vueltas en la cama, mirar de reojo en la obscuridad para descubrir a esos Reyes, era casi una aventura, que culminaba cuando el sueño finalmente nos vencía y nunca teníamos ocasión de verlos, claro, ¡eran magos!

El despertar era por lo general muy temprano, la ansiedad había quedado en estado de alerta y entonces con los primeros vestigios del amanecer, saltábamos de la cama y velozmente rasgábamos los papeles que envolvían los regalos tan preciados.

¡Al grito de mirá, mirá lo que me dejaron!, nuestros padres, con más sueño del habitual, se unían a nuestro festejo con una alegría cómplice que avalaba todo lo que sucedía acompañando nuestros sentimientos.

Recibir una bicicleta era el máximo de los regalos, donde los sacrificados Reyes Magos, habrían deliberado si era merecido o no y si era viable cargarla ante tantos regalos a repartir, en los que las billeteras también opinaban.

Como quien repasa una carga, evaluábamos velozmente que se había cumplido del pedido y que no, en un rápido balance, generalmente la satisfacción siempre ganaba, la ilusión y la magia se imponían.

A continuación, llegaba otro rito infaltable, salir a la vereda y buscar a nuestros amigos para enterarnos de que le habían dejado, así como nosotros exhibir nuestros regalos.

Mostrar y pasear con un carrito de heladero, un gigante camión ganadero de plástico o vestirse cual personaje de una serie bélica de moda en la época, las niñas peinaban y cuidaban una nueva muñeca, todo era parte de ese momento inolvidable que cada niño lucía y disfrutaba con pasión.

En fin, este pequeño racconto de una noche de Reyes seguramente ha tenido variaciones en el tiempo.

Los regalos han cambiado, los niños ya no comparten tanto con otros amigos y la calle dejó de ser esa especie de vidriera al aire libre donde nos paseábamos con los obsequios recibidos.

Esta columna se salió bastante de los temas más polémicos y áridos que tratamos semanalmente, pero nos pareció que no debíamos olvidarnos de aquellas cosas que alimentaron nuestra niñez en estas fechas de magia e ilusión.

Baden Powell, fundador de los Boy Scouts, sostenía que para un normal desarrollo de un ser humano feliz y autosuficiente, bastaba con respetar la fantasía en los primeros años, la aventura en la, niñez y primera adolescencia y la responsabilidad a partir de los 15 o 16 años. He probado la receta con mis hijos y muchos jóvenes y chicas y sé que da resultados asombrosos.

Entonces, haciendo un acercamiento tangencial a algunos asuntos que nos ocupan siempre, no deberíamos olvidar, la importancia que conlleva que los niños vivan sus etapas como corresponde.

Hoy en día, se tratan de acelerar procesos, se pretende hacer perder la inocencia que los niños deben cultivar, cuando corrientes ideológicas insisten en experimentar con temas sexuales, enseñarlos, sometiendo a experimentos que no contribuyen en nada a la verdadera formación.

Hasta las películas para niños y las caricaturas presentan escenas de subido contenido erótico.

Los padres debemos ser celosos custodios de que los valores de la familia perduren, como una muralla ante tantos ataques revestidos de una supuesta modernidad o inclusión, que generan tantos perjuicios a la sociedad en su conjunto y a cada niño expuesto a estas aberraciones.

Cada cosa a su tiempo, los grados de maduración para asimilar asuntos complejos debe ser respetada para que las cosas sucedan en el tiempo adecuado.

Y dentro de las cosas importantes a respetar, está el cuidado de la magia, de soñar con Reyes Magos y camellos, que debe provocar en los niños y en los adultos también, la buena ilusión, no es malo, si se anima, hoy de noche deje sus zapatos…Felices Reyes…!

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