LA EXPLOTACIÓN DEL HOMBRE POR … (Parte II) Por Nelson J. Mosco Castellano

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El proceso de esclavitud al que se somete al pueblo, en el que se supone radica la soberanía, por aquellos en quienes la delega por practicidad de su ejercicio, es tan profundo, que quienes lo someten desde el poder lo convencen de que violar sus derechos básicos es inevitable, ya que necesitan más “derechos” subsidiados lo que les permite ampliar indefinidamente la confiscación. Le venden que nuevos pseudo derechos de alcance utópico que llaman “derechos sociales” son gratuitos (paga el Estado). Lo llaman “justicia social”, necesidad impostergable que obliga a pagar a los esclavos de siempre, privándolos de disponer de sus propios ingresos. Un robo de recursos por el poder que delegamos en el llamado “Estado”. Representantes del pueblo que se autoperciben superiores, con autorización implícita por el voto para gastar el ingreso que sacrificadamente gana aquel que con desdén llaman: “el administrado”.

El derecho de propiedad constitucionalmente consagrado para garantizar que otros no se roben los recursos privados, parece que no incluye a los políticos, que impunemente se asocian con los demás poderes y forman mayorías para mantener el estupro al votante.

Quienes ejercen transitoriamente el poder en una democracia, reunidos en una asociación ilícita, restringen tu capacidad adquisitiva con impuestos, tu capacidad de ahorro, y tu libertad de disponer con cuánto ser solidarios. Deciden impúdicamente los recursos que te dejan a ti y tu Familia de lo que te hayas ganado. Asumen la asistencia social (recursos que te quitan) como una forma legalizada de atrapar votantes desempleados, pobres, miserables, cuya necesidad multiplican, justamente, por impedir que la gente trabaje dignamente y ascienda por capacidad, mérito y riesgo personal. Impiden aviesamente que crezca la economía abusando la exacción de tus recursos y los de los demás, atendiendo con ellos necesidades siempre

inabarcables. Todo un relato mentiroso que justifica décadas de estancamiento; procrastinar ordenar el gasto público y dejar que el impulso creativo individual ayude colectivamente a vivir en una sociedad mejor.Desde el poder legitiman una carga tributaria recaudatoria acorde con el presupuesto público diseñado por intereses corporativos. Lo público está por encima de la convergencia con la economía

productiva del sector privado que lo sustenta. El Estado, sin nuestro permiso, se endeuda por compromisos políticos. Saben que es insuficiente nuestro esfuerzo tributario, y le agregan la exacción de recursos para pagar, apenas, los intereses de sus deudas. Falsifican el valor del billete abusando del poder político. Deprecian la moneda emitiendo con menor valor al respaldo productivo. Generan inflación de precios, lastrando la capacidad adquisitiva que perjudica más a los sectores

económicamente estancados.

Acciones ilegítimas, inconstitucionales, ilegales, antiéticas, inmorales, penalmente relevantes, cuya impunidad cubren con el verso de que atienden “necesidades públicas”. Acciones delictivas, que destruyen el crecimiento económico, impiden el

ahorro personal, la inversión productiva, la creación de trabajo, y la mejora en la calidad de vida.

Esas actividades políticas corruptas tienen como único objetivo garantizar privilegios, multiplicancargos públicos excedentarios. El desenfreno de rendir cuentas propicia gasto político sin considerar las naturales restricciones presupuestales. Para ellos

los recursos que nos quitan son infinitos; siempre hay alguien que reclama más, y un gobierno permeable que defiende sus propios intereses. Esa amplitud artificial del gasto público hace ilusorio cualquier ajuste auto cumplido, impide un ahorro que alivie al contribuyente. No restringe el gasto ni la aplicación tecnológica. Ser gobernante justifica asumir emprendimientos absurdos, sin responsabilidad

patrimonial personal, política, o penal. Difumina la coima con las regulaciones excesivas que dan poder al empleado público; sin el cual sería imposible consumar el cohecho.

La burocracia opera como la oligarquía o la aristocracia en las monarquías. Los déspotas de los totalitarismos (algunos pseudo democráticos), los adulones de dictaduras, las organizaciones policíacas de las tiranías, están obligadas a respetar normas venales no escritas para su supervivencia. Someten a sus pueblos sin reconocer restricciones. Los ingresos de quienes detentan el poder son auto acrecidos abusivamente. No se tocan ni aún en situaciones críticas. Están asegurados, mientras el resto de lagente tiene que buscarle la vuelta cada día para conseguir un ingreso de subsistencia.

Para consumar el derecho a esclavitud, es imprescindible imponer preconceptos ideológicos, manejar la educación y construir una sociedad de reclamantes de hipotéticos derechos, mientras incumplen proteger la vida, la libertad plena y

responsable, la propiedad privada ganada con esfuerzo, en buena ley. Construyen la falacia del Nirvana; una zanahoria alejada del burro cuya distancia con la realidad la hace inalcanzable.

Ese tipo de educación crea un enemigo: el que tiene algo más. Cultiva egoísmo, envidia. Crea la falacia de que redistribuyendo se alcanza a vivir igual al que trabaja. Atenta contra la confianza en que el gobierno defiende tus legítimos derechos, y pagas por eso. Va anestesiando el avance sobre la propiedad privada aún más modesta. El que gana por trabajar pasa a ser el “malo” que impide que las utopías se concreten para todos.

El emprendedor que es un trabajador al servicio de la sociedad, pierde la esperanza de salir de la esclavitud para un “señor” insaciable que lo maltrata. Aplican un sistema persecutorio: agentes de control con seviciade lucro, tal como el recaudador”. El productor se entrega resignado a la autoridad que lo exprime,

piensa en la serendipidad, vivir de chiripa, que la suerte lo ayude, un contacto para zafar. O emigrar antes de fundirse. Los que defienden gobernantes esclavistas quieren el poder para llegar a una sociedad de esclavos.

LOS CIPAYOS

Los cipayos son “secuaces a sueldo” que llegados al gobierno se profesionalizan. Se eternizan en el cargo que la ciudadanía les concede para defenderlos del abuso. Hacen mansamente una transa tolerante con los esclavistas. Confunden “adversarios” con “enemigos” del sistema democrático. Utilizan a la democracia como medio para el fin último: rediseñarla para ejercer el poder esclavizando a los demás. La mayoría dice hacer política para mejorar a la sociedad y a ayudar a «sacarnos de la crisis». No

tienen idea de a lo que se enfrentan. Aceptan mansamente el “pacto del chinchulín” con esbirros internacionales del despotismo no ilustrado.

LA VISIÓN DISTORSIONADA

La visión distorsionada que tenemos de «por donde hay que recuperar la economía» se debe a que mayoritariamente la sociedad ve el mundo por el prisma de la prensa tradicional, subsidiada desde el Estado, que a su vez transcribe los mensajes oficiales

e interesados, que, a su vez, componen un relato con una absoluta indiferencia hacia la realidad que les rodea. Una visión que habla de «recuperación» de no sabemos qué; de volver al crecimiento y creación de empleo de manera táctica y no estratégica; y de un mundo de colores pastel que no condice con las posibilidades económicas para desarrollar en cada contexto propio. Gastar plata que el Estado no

produce no va con inventarse un emprendimiento público y esperar a ver qué pasa. No va de que por ciencia infusa se «arregle» todo pues no hay nada que arreglar, simplemente, dejar que la “mano invisible”, los que producen y los que comercian, hagan crecer la torta antes de repartirla. Asumir que desde un escritorio político se va a generar empleo por decreto es mentira, la realidad empírica, tozuda, lo

desmiente.

Esto va de diseñar, estimular y generar un mundo nuevo vinculado a la tecnología, la economía digitalizada y digital, al conocimiento y al valor agregado. Lo que hacen con inversión a riesgo propio quienes asumen una acción que interesa al usuario,por la que pagará el precio de su peculio. Por eso hay que decirle no a quienes ponen más trabas a lo que impide reciclarse en el conocimiento a muchas personas. Negar que una la interacción entre proveedores y usuarios sea un beneficio social es

darle vuelta la cara a la realidad. Un negocio es mucho más que una oficina, una fábrica, un campo de cultivo, un comercio o un escenario de venta, también son espacios de conclusión, de rescate espiritual, de relación humana, de cooperación, de suma intelectual, de talento y de prosperidad. A veces repercute en mil millones y otras simplemente en subir la persiana de tu taller, pero siempre, son tus mil millones o es tu taller.

Si un país no es capaz de generar el escenario idóneo para crear empresas, no solo perderá masa laboral, ciudadanía, cohesión y creará factores que desestabilizan a una sociedad, sino que se alejará del talento, de la innovación, del progreso tecnológico y, por derivación siniestra, del bienestar y modernidad socioeconómica requerida para el bienestar.

EL SUBSIDIO Y ASISTENCIALISMO COMO DESTRUCCIÓN SOCIAL 

La cultura del subsidio y el asistencialismo decapita al país. Es algo tóxico. Adormece y acomoda y sobre todo crea una masa social acrítica y dependiente. Se estimula una sociedad de valores en crisis donde, el miedo al fracaso está amortiguado, y el nivel de tolerancia al éxito es cero.

Si te digo que ‘papá estado’ se encarga de todo, que para tus problemas te daré lo que necesites para que aguantes, y si a cada reclamo se accede sin exponer el costo de quienes lo pagan, se acostumbra siendo mayor a no entender por qué, al que se le quita injustamente, se revela contra estos abusos. El que paga es el Estado, que es “Justo” y con infinitos recursos. Se fabrican ciudadanos narcotizados, con miedo a perder la asistencia.

Esclavos jóvenes de la dádiva, se creen con derecho a que otros paguen por su formación “gratuita”. Se convierten en insaciables demandantes de asistencialismo. Ninguna contraprestación o evaluación puede exigírseles. Nada ofrecen a cambio de un bien, que todos, ricos y pobres (a los que desprecian) pagan para su beneficio. Es normal que parasitariamente reclamen que no alcanza. La ‘cultura del subsidio’ es contraria a asumir la responsabilidad de sí mismo.

LA SOCIEDAD LIBRE COMO SUPERACIÓN ECONÓMICA, ÉTICA Y MORAL.

La sociedad libre, a contracorriente de las marcadas tendencias de la época representadas por pesadas telarañas mentales imbuidas de estatismo, marxismo, nacionalsocialismo, fascismo, ejercen diversos grados de presión extractiva en la sociedad. Es, como sostiene Revel en “La gran mascarada”, todas ideologías hijas del espíritu totalitario.

David Hume consigna que “Es raro que una libertad, cualquiera que sea, se pierda de una vez”; el proceso de corrosión hace que se vaya perdiendo noción de la relevancia de valores básicos para entregarse a las fauces del Leviatán. “Aunque algunos de los mejores pensadores del siglo XIX, como De Tocqueville y Lord Acton, nos advirtieron que socialismo significa esclavitud, hemos marchado constantemente en la dirección del socialismo.

El Estado de Derecho implica, un límite al terreno de la legislación. No se entiende por los esclavistas que la columna vertebral de la democracia estriba en el respeto y garantía a los derechos de las personas y no circunscribirla al mero recuento de votos. Max Eastman desarrolla la trascendencia de la propiedad como institución clave para que se expresen los precios, que son los únicos indicadores para conocer dónde invertir y donde no hacerlo a los efectos de aprovechar los siempre escasos recursos frente a necesidades ilimitadas, lo cual permite el mejor nivel de vida posible. El colectivismo no solo desdibuja y destruye los referidos indicadores, sino que conduce a “la tragedia de los comunes”, esto es, lo que es de todos no es de nadie por lo que inexorablemente se despilfarran factores de producción.

En la definición clásica de Ulpiano de “dar a cada uno lo suyo” remite nuevamente a la propiedad de sus cosas. No se trata de ser iguales ante la ley para ir a un campo de concentración, como tristemente conduce el abuso del poder. En realidad, la izquierda tribal ha conformado al mundo con estructuras sólidas. No sólo dominan la educación de los pueblos.

También dominan la salud, los sistemas monetarios, la banca… Impone reglas a las empresas, establece impuestos para mantener una enorme burocracia que nada produce, pero estorba a la gente que tiene iniciativa para emprender. Es una izquierda tribal que sabe mantener el poder, sea con cuartelazos, con procesos democráticos viciados de libertad ocon nuevas estrategias de destrucción como son los “programas sociales”.

No solo se estanca la economía, no hay crecimiento, se pierden los incentivos para seguir produciendo.

Los capitalistas prefieren cerrar e irse a donde no haya tanta intervención gubernamental. Los que reciben dinero del gobierno contumazmente, se transforman en cómplices de la destrucción de la economía y de su propio futuro. Los “programas sociales” son más antisociales porque destruyen a la gente, la pervierten y la transforman en una especie de mascotas que esperan las “croquetas” del gobierno. Es como si alguien los acostumbra a vivir drogados. Ya no necesitan pensar ni luchar por la vida, ni producir algo que al prójimo beneficie. Los campesinos se olvidan de sembrar y mejor esperan el depósito regalado de cada mes, las madres solteras ya no buscan trabajo, teniendo cinco hijos reciben lo que no ganan. Se acostumbran a vivir del erario; de impuestos que otros pagan, hasta que se agotan.

Los impuestos son robo. Sin decirles nada, el gobierno los ha transformado en delincuentes, los ha incorporado al campo de la corrupción. Y esta gente subsidiada eterna es la que le dará el voto esclavo,convencidos que se puede sostener ad infinitum.

Tarde o temprano se quedarán las arcas vacías, la gente exigirá que le sigan regalando y de allí a la destrucción de la sociedad faltará solo un paso: reclutar marginados y hacerlos violentos.

ESTÁ CONSUMADA LA EXPLOTACIÓN DEL HOMBRE POR … SUS PROPIOS GOBERNANTES.

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