La lectura del pasado

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El 26 de febrero de 1967 el electo Presidente de la República Gral. ® Oscar Diego Gestido, acompañado por su futuro Ministro de Relaciones Exteriores Dr. Héctor Luisi, visita al Consejo Directivo Central de la Universidad de la República presidido por el Rector Ing. Oscar Maggiolo, en un conceptuoso discurso, entre otras cosas expresa lo siguiente: “Lo que a nosotros nos espera en los próximos cinco años, personalmente es casi un holocausto. Como los que se queman vivos en defensa de sus ideales, a nosotros nos va a tocar quemarnos en los próximos años. Sólo deseo y sólo pido a la fortuna o a la suerte que las cenizas que queden sirvan para algo y que nuestro Uruguay salga adelante mejorando día a día”.

Asumía el 1 de marzo de 1967 la Presidencia de la República ante la Asamblea General, con un memorable discurso donde exponía la situación crítica que vivía el país. El 6 de diciembre de 1967 a la una y media de la mañana, un infarto fulminante concluyó definitivamente con su vida.

Siendo la hora cinco y veinte minutos de aquel día asume en Casa de Gobierno, conforme al art 150 de la Constitución, la Presidencia de la República el hasta entonces Vicepresidente Jorge Pacheco Areco.

Le tocó a este hombre de 47 años de edad; activo militante batllista desde 1946; deportista; profesor de literatura e idioma español en el Colegio y Liceo Alemán; director del diario El Día de 1961 a 1965 y diputado por Montevideo en la Legislatura 1963-1967, asumir la Presidencia del país en circunstancias que no tenían parangón en la historia nacional.

Una crisis económica generalizada que se expresaba en una inflación del 136% anual, una aguda conflictividad social liderada por un movimiento sindical y estudiantil que abogaba por la implantación de un modelo económico y social colectivista de cuño marxista y una incipiente insurgencia revolucionaria armada, que llegaría a niveles críticos en los años subsiguientes. Ante ello el 13 de junio de 1968, en acuerdo con el Consejo de Ministros y de conformidad con lo dispuesto en el art 168-17 de la Constitución, adopta medidas prontas de seguridad. El Parlamento al principio las consintió tácitamente, para luego, en circunstancias puntuales, oponerse expresamente a ellas.

Con motivo de la censura a uno de sus Ministros, le plantea a la Asamblea General, conforme a los arts. 147 y 148 de la Constitución, la disolución de las Cámaras y la convocatoria a elecciones parlamentarias anticipadas, pero el 5 de junio de 1969 la Asamblea General se lo impide. Ante los dramáticos acontecimientos que afectaban al país y a las desavenencias con el Parlamento, tuvo muchas oportunidades para el extravío, pero siempre rechazó de plano dar un golpe de estado.

Su sucesor Juan María Bordaberry, debió enfrentar una aguda escalada subversiva y para ello contó con la conformidad de la Asamblea General que decretó el estado de guerra interno y la suspensión de la seguridad individual y luego ambas Cámaras aprobaron la ley de seguridad del Estado, de Ilícitos económicos y de educación general.

En el curso del año 1972 las Fuerzas Armadas derrotaron militarmente a la sedición, pero llegaron al convencimiento que el éxito bélico sería efímero, de no neutralizarse la subversión imperante en ámbitos claves de la vida nacional y reformularse la política económica, ello implicaba incidir en la vida política nacional, soslayando el ordenamiento jurídico que las regía. Bordaberry lo advirtió y con el propósito de encuadrarlas profesionalmente en sus cometidos específicos, designa como Ministro de Defensa Nacional al Gral. ® Antonio Francese. Pero el Ejército y la Fuerza Aérea, no así la Armada, se desmandan y desconocen la autoridad del Ministro.

Un avezado columnista del semanario Marcha el 16 de febrero de 1973 escribe: “Es lógico, diríamos natural, que los vencedores en cualquier lid- cuando más enconada mayor es el deseo- quieran culminar su empresa. ¿Por qué combatir y exponerse por otros, cuando esos otros sin ellos no hubieran podido sobrevivir? Culminar la obra significa aplastar al enemigo, prever y vigilar su posible renacimiento y también ¿Por qué no? Erradicar las causas del conflicto para evitar que reaparezca”.

Bordaberry sin apoyo político ni militar para resistir, acuerda con los mandos militares insubordinados y crea por decreto el COSENA. El fracaso del juicio político a un Senado, le da pretexto para dar un golpe de estado disolviendo las Cámaras y las Juntas Departamentales. Las FF.AA. le dieron su apoyo, ya desde febrero el Poder radicaba en ellas. Los militares que detentaron el Poder de 1973 a 1985, conociéndola o no, han hecho suya la frase, del miembro del Segundo Triunvirato de 1812, Nicolás Rodríguez Peña: “Qué fuimos crueles ¡Vaya el cargo! Mientras tanto, ahí tienen ustedes una Patria que no está en el compromiso de serlo. La salvamos como creíamos que debíamos salvarla ¿Hubo otros medios? Nosotros no los vimos, ni creíamos que con otros medios fuéramos capaces de hacer lo que hicimos. Arrójennos la culpa al rostro y gocen de los resultados, nosotros seremos los verdugos, sean ustedes los hombres libres”.

Los demócratas y liberales, que disentimos con los sucesos de febrero y junio de 1973 pensamos que había otros medios. Pero como lo ha expresado el Dr. Julio María Sanguinetti: “La historia no es una cacería de culpables ni un rastreo implacable destinado a arrojar luces y sombras sobre personas y acontecimientos, desde una anacrónica- o interesada- visión contemporánea. Incluso es muy riesgoso sopesar responsabilidades, que normalmente son muchas y diversas en procesos de esta magnitud…”. Lamentablemente ello no es compartido por quienes desataron la agresión revolucionaria y con ello fueron causa precipitante de la caída institucional.  

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