Los forjadores del Estado uruguayo

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Por: Hilario Castro Trezza.

El Coronel Lorenzo Latorre y el General Máximo Santos, fueron los forjadores del Estado uruguayo, su obra en todos los ámbitos del quehacer gubernamental fue extraordinaria y contribuyeron a consolidar la identidad nacional. Cada uno tuvo sus propias características, uno fue austero y el otro ostentoso, uno rechazó ascender al generalato y el otro obtuvo un grado que ningún otro militar ha tenido jamás, uno prescindió de la política partidista y el otro se puso al frente de una de las colectividades históricas, pero ambos llevaron a cabo gestiones que sus frutos perduran hasta nuestros días. Se objeta que en el período 1876-1886 existieron actos de arbitrariedad, corrupción y fraude electoral y  es cierto pero debemos sincerarnos y reconocer que ello fue la constante desde 1830 hasta bien entrado el siglo XX, lo cual se hizo evidente en especial durante los anteriores gobiernos de los Generales Venancio Flores y Lorenzo Batlle entre 1865 y 1872 que motivaron la Revolución de Timoteo Aparicio y de las posteriores administraciones de Julio Herrera y Obes y Juan Idiarte Borda entre 1890 y 1897 que motivaron la Revolución de Aparicio Saravia. La Constitución de 1830 que estuvo vigente hasta 1919 consagró un sistema oligárquico de circulación de élites, ni siquiera el vocablo democracia figuraba en su texto. Latorre llega al gobierno el 10 de enero de 1876 ante una situación de caos y vacío de poder y luego de una petición hecha por los empresarios de la época y del pueblo liso y llano motejado despectivamente de candombero por los principistas. Fue Gobernador Provisorio de la República durante aproximadamente tres años sin Parlamento al igual que Venancio Flores, pero a diferencia de éste no llegó al poder por medio de una revolución con apoyo extranjero. Propuso convocar a elecciones en los meses de noviembre de 1876 y de 1877, pero en ambas oportunidades una comisión de notabilidades integrada entre otros muchos por el General Lorenzo Batlle (padre de José Batlle y Ordóñez) y del Doctor Juan José de Herrera (padre de Luis Alberto de Herrera) le aconsejaron la prórroga de su gobierno provisional, finalmente con la abstención de los principista las elecciones se llevaron a cabo en noviembre de 1878, como resultado de ellas la Asamblea General por unanimidad lo eligió Presidente Constitucional el 1 de marzo de 1879, decepcionado y cansado renuncia el 13 de marzo de 1880. En su gabinete, en las comisiones de codificación, de legislación escolar y de elecciones designa a hombres esclarecidos e idóneos, su relación con el Consejo Universitario mereció los plácemes del Rector Dr Alejandro Magariños Cervantes. José Pedro Varela expresará: “El Coronel Latorre al promulgar y mantener con inalterable firmeza la ley de educación común se cubrió de legítima gloria resolviendo en el sentido del progreso y de la felicidad de la República, uno de los más importantes problemas de nuestra época y de nuestro país”. Reformó el Código Rural, sancionó los Códigos de Instrucción Criminal y de Procedimiento Civil que estuvieron vigentes durante más de cien años; creó los Juzgados Letrados Departamentales y el Servicio de Correos; secularizó el Registro de Estado Civil; reguló la profesión de Escribano Público; legisló sobre las marcas de fábrica y de ganado; extendió las líneas ferroviarias y telegráficas; fomentó la incipiente industria y el cercamiento de los campos; fundó la Facultad de Medicina y sancionó la reforma escolar, entre otras muchas obras. En 1971 en su obra Historia de los Orientales el historiador socialista Carlos Machado emite una lúcida reflexión: “Nada lo recuerda en la nomenclatura de calles, lugares o pueblos. Extraña ingratitud de los herederos y beneficiarios del Uruguay parido por Latorre. Quizá resentimiento, porque para impulsar con sentido burgués, propietarista, las transformaciones, debió desplazar a los muy ilustrados burgueses”. El gobierno de facto, en un acto de justicia histórica, por ley Nº:14.314 de 12/12/1974 dispuso la repatriación de sus restos y su inhumación en el Panteón Nacional lo cual se cumplió el 23 de mayo de 1975. El Gobierno Departamental de Montevideo puso su nombre a la calle Convención, de ominoso recuerdo para los orientales, donde había tenido su residencia particular el gobernante y luego en todas las capitales departamentales del interior del país su nombre integró el nomenclátor. Restablecida la democracia en 1985, como reacción irracional a que su figura hubiese sido reivindicada por la dictadura comenzó un proceso que lo desterró del nomenclátor en todo el país, volvió a ser un proscrito hasta el día de hoy. Máximo Santos fue designado Presidente de la República por la Asamblea General el 1 de marzo de 1882 y cumplió la totalidad de su mandato hasta el 1 de marzo de 1886, ante la renuncia del Presidente Dr Francisco Antonio Vidalfue electo, inconstitucionalmente, por la Asamblea General a la Presidencia el 24 de mayo de 1886 y renunció a ella, en acuerdo con la oposición, el 18 de noviembre de 1886, con la cual también se convino la elección de su reemplazante el TteGral Máximo Tajes. Santos tuvo al igual que Latorre el apoyo de los blancos del Gral Timoteo Aparicio dado que ambos respetaron escrupulosamente las cuatro Jefaturas Políticas que le correspondían a los blancos por los acuerdos de paz de 1872. Dentro de su Partido contó con el apoyo de los colorados populares y la oposición de los principistas, destacadas personalidades académicas pertenecientes a la masonería integraron su gabinete ministerial. Afianzó el proceso de secularización con la aprobación del matrimonio civil obligatorio; profesionalizó al Ejército y a la Armada con la promulgación del Código Militar y la creación del Colegio Militar y de la Escuela Náutica; fomentó la enseñanza primaria y la escuela de artes y oficios, apoyó la reforma universitaria que llevó a cabo el Rector Dr Alfredo Vázquez Acevedo, quien en sus Memorias encomia a Santos por la completa independencia que tuvo para ejercer el rectorado; impulsó la modernización del Puerto de Montevideo enfrentando con dignidad nacional la tenaz oposición del Presidentes argentino Gral Julio A Roca; fue magnánimo con los revolucionarios del Quebracho ordenándole al Gral Máximo Tajes el respeto de la vida de todos los prisioneros, a quienes luego saludó en el Cuartel del Quinto de Cazadores disponiendo su libertad y posteriormente gestionó ante el Presidente Vidal una amplia amnistía; reivindicó la figura de Artigas y proyectó un monumento ecuestre en la Plaza Independencia que recién se concretó el 1923. Exaltó las tradiciones y personalidades coloradas, pero a su vez cuando se repatriaron los restos del Gral Leandro Gómez dispuso que se le tributaran honores militares de Brigadier General. Condonó la deuda de guerra al Paraguay y le devolvió los trofeos  conquistados en la Guerra de la Triple Alianza, por ello el Congreso del Paraguay lo proclamó ciudadano paraguayo y General de su Ejército, decisión similar tuvieron para con el Gral Juan Domingo Perón en 1954 cuando les devolvió los trofeos de guerra conquistados por la Argentina en la citada contienda bélica. Brasil jamás ha tenido para con el Paraguay los gestos de los Generales Santos y Perón. Una avenida de Asunción lleva el nombre del Gral Máximo Santos hasta el día de hoy. Máximo Santos morirá desterrado el 10 de mayo de 1889 a los 42 años de edad en la ciudad de Buenos Aires, en la misma condición y ciudad morirá Lorenzo Latorre el 18 de enero de 1916 a la edad de 72 años. La diferencia es que Máximo Santos fue sepultado en Montevideo con honras fúnebres de Presidente de la República y Capitán General del Ejército Nacional por parte del Gobierno presidido por el Teniente General Máximo Tajes, en cambio los restos mortales de  Lorenzo Latorre, dado de baja del Ejército Nacional en 1880, recién son repatriados e inhumados en el Panteón Nacional con honores de Presidente de la República el 23 de mayo de 1975. Los dos forjadores del Estado uruguayo han sido víctimas de la execración y el odio de las élites políticas que le sucedieron en el gobierno, y una leyenda negra los ha estigmatizado hasta nuestros días excluyéndolos del nomenclátor, pese a que destacados historiadores contemporáneos como Eduardo de Salterain y Herrera, Alfonso Fernández Cabrelli, Carlos Machado,Lincoln Maiztegui Casas, Guillermo Vázquez Franco, Washington Reyes Abadie y José Claudio Williman, entre otros muchos, sin perjuicio de las críticas, los han reivindicado en una abundante producción historiográfica. Como expresaba Plutarco: “Grande es el trabajo que le cuesta a la historia descubrir la verdad, pues el tiempo que se interpone, roba conocimiento de los hechos y la pasión y la envidia corrompe y desfigura la verdad”.

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