MONTEVIDEO Y EL SÍNDROME DE ESTOCOLMO… Por Daniel García

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¿Qué significa el síndrome de Estocolmo? define el fenómeno de la atracción que algunos rehenes suelen sentir por sus secuestradores, con los que llegan a identificarse, comprender y justificar.

Es un fenómeno paradójico, en el cual la víctima, desarrolla un vínculo positivo hacia su captor como respuesta al trauma del cautiverio, lo cual ha sido observado en diferentes casos, tales como secuestros, esclavitud, abuso sexual, violencia de pareja, miembros de cultos, actos terroristas.

La víctima desarrolla sentimientos negativos hacia la policía, las figuras de autoridad, o cualquier persona que podría estar tratando de ayudarles a alejarla de su captor.

Quisimos explicar brevemente, a que hacía alusión el título de la nota, para ello recurrimos a diferentes explicaciones sobre este particular fenómeno que influye en ciertas conductas humanas.

El lector, además, se estará preguntando, que tiene que ver Montevideo con esta reacción que padecen algunas personas según las definiciones anteriores.

Bien, trataremos de explicarnos, sabiendo que, el departamento de Montevideo viene siendo gobernado por el Frente Amplio desde hace casi 35 años.

El gobierno de izquierda fue inaugurado por el Dr. Tabaré Vázquez con su famosa campaña de “delo por hecho”, donde nos prometía la rebaja del boleto en un 40% y la erradicación de los basurales que inundaban Montevideo, sin que ninguna de esas promesas se cumpliera.

Luego apareció el Arquitecto Arana, que nos prometía cisnes en el arroyo Miguelete, una dosis de creatividad increíble, difícil de superar, salvo por el recordado amigo Bengoa, que logró fundir el Casino Municipal, todo un récord mundial!!.

Estuvo también Erlich, difícil de recordar por alguna obra en particular, salvo una somnífera presencia, con capacidad al estilo Toni Kamo como para dormir una platea, con su monótono discurso y pastosas declaraciones.

Otras elecciones, nos trajeron a la profesora Ana Olivera, cuya mayor trascendencia, la obtuvo cuando Raulito Sendic, la señaló como una “heladera”, que ganaría de todos modos, en un acierto de los tantos que nos dejó, como aquel “si es de izquierda no es corrupto y si es corrupto…, bien, con eso alcanza, para entender su exquisita visión.

Ya más cercano en el tiempo, tuvo su oportunidad el Ingeniero Daniel Martínez, que ese si dejó obras, como el ”corredor Garzón” o el túnel de Av. Italia, un zanjón de 18 millones de dólares, aunque su mayor aporte, fueron sin duda, los respiradores en la pandemia, ¡¡buena zemilla!! (azí con zeta).

Pero los montevideanos, dejaron en reserva a doña Carolina Cosse, a quien premiaron dándole la Intendencia capitalina, la que transcurre actualmente.

Recordada por su presidencia en Antel, donde se gastó unos 90 millones de dólares en publicidad, pero eso no es nada, ya que su obra póstuma es el famoso, como costoso Antel Arena y sus 120 millones de dólares, triplicando así los cálculos iniciales.

De ahí, que adquiriera su identificación popular, como “La Faraona”, que para mantener su coherencia y no defraudar a seguidores y votantes, se despachó con la polémica, como innecesaria ciclovía, bicisenda, como prefiera el lector llamar.

Contra viento y marea, la intendente (con e), llevo a cabo, en el medio de la principal avenida de la capital, una senda para que circulen bicicletas, en una ciudad que aumenta su parque automotor en forma imparable, donde circulan cantidad de ómnibus, cada vez más lentos y gigantes.

Partió al medio 18 de Julio, sin pensar quizás, como quedarán ahora los desfiles de Carnaval u otro tipo de manifestaciones, fechas patrias inclusive, caprichos sin límites.

Una “faraona”, perdón, intendente, que convoca festivales musicales, gasta fortunas con artistas extranjeros, para festejos de dudosa valía, pero que a la misma no le interesa y a quien las críticas resbalan olímpicamente.

Pero como estamos en un año electoral, con una campaña que promete ser aguerrida y cruel, la señora Cosse, se le antojó modificar la historia, adelantando en dos años, la fecha de fundación de la misma ciudad de Montevideo.

Ese desprecio por la historia, como esa personalidad petulante, que lleva a cabo sus decisiones sin importar su legalidad, aceptación o crítica, tal vez sea uno de los tantos motivos para ser la candidata del mismo Partido Comunista.

Los 300 años festejaremos, para lo cual, la fecha establecida en libros de historia, documentos e inclusive festejos anteriores de ese aniversario, que datan del año 1726, por decreto faraónico, pasó a ser entonces contabilizado desde el año 1724.

En una situación hasta cómica, en ese año se instala un campamento militar, como un cuartel, así que la izquierda estaría festejando esto, en definitiva, no se ría amigo lector…

Para que esto suceda y pocas voces interpelen este atropello, apareció el séquito de serviles de siempre, periodistas, agentes culturales, historiadores, que comenzaron a cuestionar y relativizar la propia historia y ayudaron a ir torciendo una parte de la opinión pública, para que todo coincida con este nuevo capricho Carolinesco.

Así que señoras y señores, vecinos y vecinas, 300 artistas nacionales, obvio que en su inmensa mayoría, los conocidos “compañeros”, “comprometidos” y obsecuentes con las causas “populares”, deleitarán con sus artes, a todos y todas, aquellos y aquellas, que quieran ir a festejar, la gesta de don Mauricio de Zabala, que seguramente, seguirá envolviendo al rico caramelo.

Presentado todo este panorama, con esta continuidad de intendentes frenteamplistas, solo agregamos algunos detalles, como, que la recaudación de la intendencia, se ha quintuplicado, han aumentado todos los tributos, hoy damos cuenta de que el promedio de recaudación es de unos dos millones de dólares por día.

Que la gestión de limpieza, saneamiento, iluminación, tránsito, pavimento, como las principales tareas que esperamos de la intendencia, se encuentra en un déficit y disconformidad generalizado, donde racionalmente, nadie podría defender.

Se hace hincapié y el mayor gasto, se dirige al pago de sueldos y beneficios de los propios funcionarios, comprobándose, además, una desproporcionada cantidad de los mismos, asignados al área de cultura, un sector secundario en los objetivos municipales.

Así, es que tenemos hasta un canal de televisión, innecesario, el que además se dedica en su inmensa mayoría, a programas de índole netamente política o de reafirmación ideológica del partido gobernante, con una escasa audiencia, que solo reafirma lo anterior.

Montevideo es una ciudad caótica para circular, sus semáforos en varios puntos, solo ayudan a entorpecer, a retrasar el andar de un parque automotor que crece, de motos con escapes atronadores, inclusive en altas horas de la noche, que nadie fiscaliza, un transporte lento, caro, que muchos evitan usar cada vez más.

Contenedores desbordados, basura desparramada a toda hora, que ninguna estrategia aplicada ha logrado cambiar, hacen de Montevideo una ciudad sucia, plagada de graffitis grotescos además, que sorprende a muchos extranjeros.

Radares que recaudan fortunas, siempre colocados en lugares seguros de su acción, al igual que el guinchado, el que deja barrios enteros fuera de su accionar, aunque en los mismos se violen todas las reglas de tránsito.

En fin, la lista es muy frondosa, llevaría muchas páginas poder repasar la desidia, los procedimientos dudosos, los arreglos con organizaciones “amigas”, a las que se favorece como ha sido denunciado, inclusive por una conocida ex dirigente sindical de ADEOM.

Todo esto que vemos los montevideanos, sin embargo, no se ha visto reflejado en las sucesivas elecciones municipales, donde la mayoría sigue eligiendo al candidato de izquierda, tal vez siguiendo aquella premonición de Sendic y las heladeras.

Deberíamos buscar una explicación, la cual, no sé si la puede dar la sociología, la psicología, en alguna de sus ramas, o responde al accionar de una Revolución Cultural de largo aliento, que ha trabajado sin descanso.

Desde nuestra óptica, el famoso “Síndrome de Estocolmo”, como hemos detallado al principio, parecería dar una respuesta diferente, para entender este fenómeno, por el cual una población, sometida a castigos tributarios, malos servicios, gastos caprichosos, sin sentido, no parecen ser efectivos para provocar una reacción de rechazo y cambios.

Porque como hemos repasado someramente, todos y cada uno de los intendentes, nos han mentido, han malgastado, no han cumplido con los mínimos objetivos que involucran a la intendencia, han aumentado tributos en forma asfixiante, han sido demagogos en muchos planteos y la ciudad no muestra signos que podamos decir, que Montevideo es agradable.

No quiero terminar esta nota, sin dejar de considerar con el amable lector, que tengo la sensación, casi certera, que esta conducta tan particular, como extraña, ha llegado también a afectar a varios dirigentes de partidos tradicionales, cuando son una y otra vez son castigados, desconsiderados, blanco de duras críticas por parte de dirigentes políticos y sindicales.

Pero, de todos modos, terminan siendo cómplices, al apoyar y secundar tantas propuestas y visiones, que, en definitiva, son ajenas a tradiciones, historia y filosofía de aquellos partidos. Lo dejo como inquietud, tal vez para retomar en otra ocasión.

¿Será que hay una mayoría conformista, obediente, conservadora que no quiere cambiar, o Montevideo fue tomado por el Síndrome de Estocolmo?

Daniel García

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