¡Sobre la confianza se para la esperanza! Por Pluma Blanca

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Las palabras del título son de nuestro presidente Luis Lacalle Pou. Las traigo a la columna porque me parecen de una verdad sencilla y contundente. ¡Sobre la confianza se para la esperanza!

Él la usó para explicar su mayor logro hasta ahora, el manejo de la pandemia. Es su manera de liderar: primero confío en todos y entonces las personas actúan responsablemente. En la pandemia el presidente confió y nos pidió que fuéramos conscientes en el uso de la libertad y los uruguayos, de todos los pelos, respondieron actuando a conciencia, con gran integridad. Esa responsabilidad nació de la esperanza de una conducción segura que dice y hace, que cumple y que confía y respeta. Pero deseo mirar esa fórmula de éxito a la luz de la campaña del Sí. ¿En qué confían ese 48 por ciento de uruguayos, ese millón de ciudadanos que votaron Sí? ¡No son uno de dos, son un millón de uruguayos!

La pregunta viene dirigida hacia la causa de su esperanza. ¿Qué espera ese montón de uruguayos? Para responder habría que analizar el contenido de la campaña.  Fernando Pereira culminó su acto de no reconocimiento de la derrota, diciendo que la ley es impopular y que el pueblo unido jamás será vencido. Su tono era lúgubre, casi imperceptible, ni él creía sus palabras. Sus intentos de dar énfasis parecían un lamento. Era como escuchar un Aguará guazú, nuestro coyote de las pampas, aullando en la noche. Si hasta daba pena verlo. ¿Qué es entonces lo que espera ese gran grupo de uruguayos? No se vio un líder nuevo, un conductor preclaro. ¡Pereira no debe ser la razón! Cómo dijo Topolansky a propósito de la falta de líderes en el frente amplio hace ya unos años: ¨ …a Tabaré lo fabricamos nosotros…¨, tal vez a Pereira le falte solo un poco más de entrenamiento en política, por ahora es no es la causa de los votos.

La campaña se basó en mentiras aviesas como por ejemplo que se pretendía privatizar la educación y que los maestros perderían sus empleos. Se dijo que se iba a reducir la inversión en obra pública debido a la LUC. Se habló de que irían presas las jefas de hogar solteras por microtráfico de drogas. Se dijo que Antel se iba a fundir y luego que sería demasiado su crecimiento, lo opuesto, sin prurito ni hesitación alguna. Se habló de abuso policial inventando 58 denuncias truchas. El esfuerzo estuvo dirigido a convencer que la ley era ¨mala¨, ¨Impopular¨, cuando los hechos demuestran claramente lo contrario. Se sembró miedo y odio discriminador en muchos sentidos y hacia muchos colectivos, no ya para que ganara el Sí, sino para ideologizar y mantener la manija con la que manipulan a sus adherentes. Una muestra más:  Se trajo a Benedetti para publicar un poema de dicho autor fallecido, junto a la foto de la familia del presidente,  en lo que constituye un ataque discriminatorio, racista y pleno de mala fe. No hubo recurso que no se usara para azuzar el resentimiento de los menos favorecidos contra los supuestos oligarcas, que, por otra parte, no los hay en Uruguay, por suerte.

En base a lo que se vio en la campaña del Sí, parecería inferirse que lo que se puede esperar de un gobierno del frente, la esperanza de ese millón, cierta o percibida, es que se le saque al rico para darle al pobre, que aumenten los impuestos y haya más canastas y más tarjetas MIDES. Ese millón no espera la reactivación del trabajo, sino que le den la llave de una casa y le dejen vivir en ella gratis. Que los oligarcas paguen la fiesta, que no haya penalización por colgarse de UTE y que OSE nunca corte el agua. Que el celular sea gratis con gigas ilimitados y el cable regale la señal y  la nafta salga diez pesos el litro.

Lamento decir que eso no es posible. Una vez más los están engañando como al rebaño que llevan los perros a ladridos. Sin producción no hay inversión y sin inversión no se genera riqueza, esa es la verdad aquí y en China. Si los costos suben para las empresas, las ganancias disminuyen, los inversores huyen y en pocos años el Uruguay y América toda será propiedad de la República Popular China. Sencillamente haremos lo que ya hizo Argentina, hace pocas semanas, pediremos dinero al gigante asiático para que construya infraestructura y luego no pagaremos y ellos, el gobierno chino, será el dueño de todo lo que haya construido más los intereses y no serán benevolentes, como nunca los es el gran capital. No querían a USA, tendrán un nuevo emperador mucho menos comprensivo. Asistimos a un nuevo tipo de colonialismo económico. Estos políticos sindicales actúan sin ética y sin responsabilidad y favorecen la pérdida de soberanía nacional. Prometen enfáticamente, gritan y juran lo que saben no pueden lograr. Si parece son capaces de decir lo que les viene a la boca y prometer imposibles, sin el menor resquemor. Acaso no escuchamos gritar vivas a la revolución cubana, al presidente del PIT CNT.

Es interesante observar que ningún político del frente, ningún legislador electo, ningún líder histórico frentista, acompañó a Pereira en el discurso final de la derrota. Solo la presidenta de FENAPES hizo de telonera y muchos los que estaban allí detrás eran sindicalistas mediáticos buscando fama. ¿Cuál es el significado de esas ausencias? ¿Será para darle manos libres a la nueva dirigencia partidaria? Es probable, pero permítanme dudar y proponer que sea otra la razón. Quizá sea mejor separar los escándalos anteriores, las empresas fundidas, las investigaciones archivadas, los cambios en el poder Judicial, del futuro que Fernando Pereira y su equipo le darán al Uruguay a partir del primero de marzo de 2025. Dicho sin eufemismo. Esa debe ser la estrategia. De otra forma no se comprende. ¡Esa debe ser la esperanza que se desea sembrar en la mente de los partidarios del Sí! Hay un tiempo nuevo en la izquierda con dirigentes radicalizados, que se animarán a profundizar el comunismo en la sociedad. Esa es la apuesta.

Se trata entonces de un pueblo desesperado que elige seguir creyendo a pesar de los pesares. ¿O se trata de la eficacia de un lavado de cerebro que se lleva adelante en todos los ámbitos desde la primera infancia a las organizaciones sindicales de trabajadores, desde el salón de clases de una escuela rural a el paraninfo de la Universidad? Puede que sea la red social establecida por más de 60 años y mantenida a sangre y fuego por la coalición de izquierdas. En eso no tienen parangón y su éxito es innegable y envidiable, son gramcianos consumados, artistas del cambio cultural. Lo cuál es, lamento decirlo, una muy mala noticia para el Uruguay y los uruguayos.

No se comprende bien como, pese una serie enorme de resultados positivos del actual gobierno, ese millón de uruguayos elije seguir creyendo en el odio de clase a ciegas, cegándose con sus propias manos para no ver. Y los menores de treinta y tres años son, según algunos resultados de la elección vistos en las redes, estos días, los que más apoyan este discurso del Sí.

En Uruguay mueren 40000 personas por año lo que asegura la victoria del frente en la próxima elección. Ya no queda mucho tiempo. Apenas 30 meses para producir un milagro que evite que Uruguay se transforme paulatinamente en una tercera Cuba en quince años más, y ya sin retorno por una generación o más, unos 70 años si juzgamos por la experiencia de la URSS y más de 60 si miramos a Cuba. Hay que atacar al problema raíz. Los enemigos de la democracia, los que no dialogan, pero piden diálogo, los que no negocian, pero piden mesas de negociación, deben ser obligados a respetar la república y la democracia, a respetar la opinión de la mayoría. Hay que parar con el lavado de cerebro sistemático, con la socialización a escondidas de los padres en la escuela y con la ideologización en el Liceo y la Universidad. Es ora de poner énfasis en valores que apuntalen la virtud, la riqueza bien ganada, el mérito, la honestidad intelectual, la ética del comportamiento del buen ciudadano. La última sirena del tren ya sonó y la máquina se está moviendo, si vamos a correr para alcanzarlo, ya no podemos dudar. ¡¡¡Tengo confianza y mi esperanza es firme, VIVA URUGUAY!!!

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