Afganistán y los señores de la guerra

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El escenario

Afganistán es uno de los países donde la constante falta de seguridad permite que diferentes grupos -terroristas o delincuentes comunes- empleen diversas zonas como base de operaciones. La Provincia de Faryab, en el Norte de Afganistán, era un ejemplo de ello.

Se debe aprender la cara oculta del sentir afgano que subyace por debajo de la impresión adquirida a primera vista.

Se podrá ver que los afganos tienen lealtad al linaje, la etnia y la familia. Muchas veces, los grupos étnicos pesan más que los sentimientos de respeto hacia el Estado afgano o a las Instituciones Nacionales como el Ejército, Policía o la “Walesi Jirga (Asamblea Nacional).

Ni siquiera hacia el Presidente,a quiense lo mencionaba «alcalde de Kabul».

Si a esto se suma la obediencia religiosa, ambos factores determinan una forma muy especial de pensar y comportarse, particularmente en la región Norte.

La provincia de Faryab tenía un sistema feudal muy antiguo y arraigado en sus aspectos político, social y económico y los “señores de la guerra” (también llamados “comandantes”) son una muestra elocuente de ese comportamiento.

Quiénes son y que hacen

La importancia de los “comandantes” o “señores de la guerra” se mide por su influencia sobre la población, sus recursos en ganado, dinero y por la cantidad de armas que disponen (tanques, morteros, ametralladoras, AK 47 y RPG-7) [1].

Creadores de redes de crímenes, acciones ilegales y tráfico de opio, los “comandantes” han adoptado la guerra como forma de vida. Estas redes se relacionan unas con otras y con gobiernos ilegales instalados dentro del propio gobierno legal. Provocan guerras para lograr el control de las plantaciones de amapola, conflictos que no siempre son ideológicos ni políticos, sino por dinero. Se aprovechan de la ineficacia de gobiernos carentes de recursos para enfrentarlos. Impiden la acción policial y dificultan el trabajo de los Gobernadores de Distritos nombrados por el gobierno.

Con sus “ejércitos” o “grupos armados” (por supuesto ilegales), se autoproclaman encargados de la seguridad de la población en su área de influencia. Se enfrentan entre “comandantes” de diferentes etnias y toman por asalto aldeas, llevando prisioneros a hombres, mujeres y niños, por quiénes luego cobran rescate. Recaudan tributos por las tierras de pastoreo, por el acceso a ciertas áreas o regiones (lugares de paso en las montañas, por ejemplo) y el usufructo del agua de ríos y arroyos. Cobran también un impuesto mensual a las familias para solventar los gastos de sus “ejércitos” y “soldados”.[2] Algunos tienen cárceles privadas dónde los condenados por el “comandante” cumplen la pena que éste les imponga.

Cómo lo hacen

En Afganistán,los “señores de la guerra” sostienen su poder sobre cuatro pilares:

1.-La tenencia de armas.(“Quién tiene las armas tiene el poder” –afirman ellos).

2.-El comercio (de droga e infinidad de artículos de contrabando procedentes de Asia Central).

3.-La información,en los siguientes rubros,que les permite ocupar y controlar determinadas regiones:

a.-el conocimiento de la geografía.

b.-los movimientos humanos. (pastores,nómades,poblaciones desplazadas,retorno de refugiados desde Irán y Paquistán)

c.-la localización de materias primas.

d.-las rutas y zonas de desplazamiento de mercaderías de contrabando.

Estas cuestiones plantean una serie de problemas y posibilidades relacionados con la geografía política determinante en todo el territorio de Afganistán, disparador de problemas para todo tipo de gobierno,más aún si es extranjero.

Ni siquiera los Talibán pudieron ejercerun control absoluto sobre ellos.En lostiempos actuales tal vez hagan acuerdospara un «convivencia caliente»,tal comoen el periodo anterior. Hay cosas que nocambian en Afganistán, sea el gobiernoque sea.

No debe subestimarse en modo alguno a los “señores de la guerra”, ya que son muy eficientes en el terreno. Sacan ventaja de una zona que conocen al detalle. Durante el día reina la más absoluta tranquilidad en las montañas y estepas, pero es durante la noche cuando libran sus combates, en escaramuzas dónde aplican la emboscada en forma maestra, como ni el mejor ejército del mundo sabe hacerlo.

Poseen recursos de tecnología inferior, pero usan creativamente la táctica. Son los mejores jinetes del mundo[3], aunque también emplean vehículos 4×4. No tienen equipos de radio ni satélites, solo emplean “teléfonos celulares”. Usan el apoyo de la población logrado por el terror, técnica heredada del caudillo mongol Gengis Khan[4].Se alimentan con “kabob” (carne de cabra asada) y “palao” (arroz con pasas de uva).

Según su jerarquía, los “señores de la guerra ejercen influencia a nivel nacional, a nivel provincial y a nivel regional.

Para ser breve, presentaré información acerca de los “comandantes” que tenían el mayor renombre durante el tiempo de mi estadía en Afganistán. Salvo el General Dostun (a quién no conocí en persona) los demás vivían en la Provincia de Faryab y mantuve varias entrevistas y encuentros con ellos.

El General Dostum 

El General Abdul Rashin Dostum (etnia uzbeca) era el hombre más poderoso en el Norte de Afganistán y lo apoyaban las comunidades ubzbeca, turkmen y hazara[5]. Era el jefe del Frente Islámico Nacional Unido para la Salvación de Afganistán (más conocido por la denominación de Alianza del Norte[6]). Ex -oficial del Ejército afgano, fue el mayor artífice en el derrocamiento del régimen comunista soviético del cuál el mismo formo parte. Durante la guerra civil contra el régimen Talibán se unió a los “mujahideen” (guerreros santos), a quiénes se había enfrentado cuando apoyaba a los rusos. A mediados de los noventa, cuando los Talibán conquistaron la mayor parte del país, Dostum huyó a Turquía. En 2001, al lograr Estados Unidos el control de Afganistán, Dostum regresó al país.

Fue asesor militar del Presidente Karzai, pero sus relaciones con el mandatario fueron “tirantes”. Buscó la estabilidad del país luchando contra una de sus etnias rivales, los “tajikos”, e invadió una provincia del Norte donde éstos predominaban.El presidente Karzai envió fuerzas militares para imponer el orden. Pero luego, para congraciarse con el insubordinado, lo nombró Jefe de Estado Mayor del Alto Comando de las Fuerzas Armadas afganas. De paso, Karzai buscó aliados uzbecos e influencia en el Norte, una zona que a todos les gustaría controlar. Es comprensible, porque allí se acumulan cuantiosas reservas de uranio, petróleo y gas natural.

Según algunos organismos internacionales establecidos en Afganistán, Dostum tenía cuentas pendientes con la justicia por delitos cometidos durante la guerra civil. Entre ellas se citaba la muerte de centenares de Talibán, ocurrida por asfixia cuando eran trasladados como prisioneros en contenedores herméticamente cerrados. Dostum salvó milagrosamente su vida en un atentado suicida ocurrido en su pueblo natal, Shiberghan. La organización Talibán se atribuyó la autoría, en venganza por las atrocidades causadas por Dostum durante la guerra civil.

General Fateullah Khan

El General Fateullah Khan (etnia uzbeca) fue electo Senador de la Walesi Jirga el 18 de septiembre de 2005. Fue “mouhadin” y prestigioso jefe de la División 200 a. (Ejército afgano) en la lucha contra la URSS. Hombre de confianza del General Dostum, era el principal Señor de la Guerra en el Distrito de Qaysar, pero su influencia se extendía a otros “comandantes “de la Provincia de Faryab. Siempre se mantuvo junto al Gobernador Provincial en su labor de apoyo y era consultado en asuntos importantes. Para un recién llegado, Fateullah Khan aparecía como miembro del Gobierno cuando era un señor de la guerra como los demás, pero su actitud era distinta. La actividad proselitista lo llevaba a ayudar a la gente cuando la gobernación no lo hacía, cosa que le granjeó el respeto y simpatía de la población.

Fateullah aparecía como muy inteligente, observador y de pocas palabras. No hacía ostentación de su poder e intentaba ser persuasivo mediante el uso de la palabra. Escondía muy bien sus intenciones y no expresaba su opinión a no ser que le fuera requerida. Su carencia de instrucción no era obstáculo para que se constituyera en un líder y evidenciaba sólidos conocimientos de táctica y empleo de diversos armamentos. Una vez electo Senador dejó de mostrarse como “comandante” para aparecer como un civil que dejó el poder de las armas para emplear el poder de la experiencia, un consejero, más bien un miembro de un “consejo de ancianos” que ejerce su poder mediante la persuasión y el conocimiento.

General Guli Pahlawan

Temido por la población y odiado por las autoridades de Faryab, Guli Pahlawan era una figura de gran influencia en el Norte y respaldaba su figura de señor feudal de la más pura cepa en la posesión de siete mil cabras, doscientos caballos de bushkashi, trescientos empleados en sus tierras de labranza, cientos de armas livianas y pesadas y treinta y siete vehículos blindados. Era hermano del General Razul Pahlawan, poderoso “comandante” del Norte asesinado por uno de sus propios guardias en circunstancias nunca aclaradas y debido a disputas internas, aunque se atribuía la autoría al General Dostum[7].

Guli Pahlawan entregó la ciudad de Mazar – e-Sharif a los Talibán. A los dos días cambió de parecer y los echó. A los lerdos en huir los encerró en el fuerte de Qala -I – Jhangi, fortaleza del siglo XIX situada a diez kilómetros al Oeste de Mazar que era usada como cárcel. Durante un motín hizo masacrar a trescientos Talibán en una construcción subterránea. Usó armas portátiles, explosivos y granadas de mano. Luego se aseguró de ahogar a los sobrevivientes inundando el recinto con agua.

Enemigo del General Dostum, se mantuvo en guerra con el mismo durante todo el año 2005, creando una situación crítica para las autoridades.

General Farook

El General Farook era uno de los “comandantes” problemáticos por sus desmanes y desafíos a la autoridad. De etnia uzbeco, se decía descendiente directo de Gengis Khan. Nació en la aldea de Chaghatak, población de dos mil personas, todas descendientes del caudillo mongol. Aunque vivía más del tiempo en Mazar -e-Sharif, tenía más de un millar de seguidores en Almar, su Distrito de nacimiento. Escondía sus armas en las montañas y podía reunir (según sus declaraciones) trescientos hombres armados en un par de horas.

Comandante Abdul Rhaman Shamal

A mi regreso a Uruguay pude apreciar que la remotísima aldea de Qata Kala, en el Distrito de Pashtun Kot, había adquirido renombre mundial.

 Un diario europeo decía que en dicha aldea se “estaban atropellando los derechos humanos de sus habitantes y que el responsable directo era un tal Shamal”, persona que durante ese año de 2005 había sido el individuo más problemático para la Policía de Faryab. Considerado como “loco e irresponsable”, era el permanente dolor de cabeza y fuente de conflictos no solo para la Provincia, sino que algunas de sus acciones salpicaban hasta el lejano Gobierno Central de Kabul.

Uzbeco, era de corta estatura, trato afable y risa fácil. Su aspecto no concordaba con su fama, pero mantenía aterrados a los pobladores de la aldea. Propietario de un centenar de armas, contaba con treinta hombres, a quiénes comandaba usando teléfonos celulares. Instaló una cárcel privada junto a su domicilio y allí los aldeanos cumplían las penas que él imponía.

Administraba el mercado local -que funcionaba los jueves- y había instalado un peaje frente al puesto policial dónde los conductores abonaban una tarifa acorde al tamaño del vehículo.

Conclusiones

Acostumbrado a que exista un sistema legal que regule la convivencia de los miembros de la sociedad, al observador occidental le resulta escandaloso este estado de cosas, pero para cambiar y mejorar se necesita más que un análisis de situación o situacional, ya que las causas son complejas e intangibles. Provienen de herencias étnicas muy antiguas, enclavadas en la mente del hombre asiático, de por sí impenetrable. Herederos de tradiciones guerreras, de combates a caballo, saqueos y muertes por ofensas de honor, tienen su propio estilo de vida y pensamiento, inhóspito para los conceptos liberales occidentales. No lo cambiarán del día a la noche, y menos por imposición.

Notas

[1] Conservan las armas en escondites en las montañas o las distribuyen entre hermanos, primos y parientes de las aldeas que controlan. Usan el concepto: “Quién tiene las armas, tiene el poder”.

[2] Durante mi permanencia en Afganistán la cuota mensual era de 200 a 300 afganis por familia. Cincuenta afganis equivalían a un dólar.

[3] El deporte nacional afgano es precisamente el “bushkashi”, juego montado a caballo.

[4] Hasta el presente, los habitantes de las más apartadas aldeas tienen fresca en su mente la imagen de Gengis Khan y sus atrocidades. Es una figura arraigada en subconsciente colectivo del afgano del Norte.

[5] La minoría uzbeca en Afganistán (radicada en tres provincias del Norte) se halla bajo el mandato de Dostum.

[6] Ese organismo fue fundado en Junio de 1997 por el General Mazud,un heroe nacional afgano  famoso por sus batallas contra los soviéticos en el Valle de Panshir.

[7]  Cuando fue asesinado, Rasul Pahlawan era vice-comandante de la Alianza del  Norte y Dostum el jefe. El dato ilustra que las alianzas, pactos y dependencias jerárquicas valen muy poco.

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