COMUNIÓN Y ECONOMÍA. Por Joise Manuel Morillo

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Comunión contempla una actividad que da valor a la idea de compartir momentos y espacios, teniendo como objeto aliviar la carga que le ocasionan las necesidades primordiales que el ser humano necesita para subsistir, tanto fisiológicas como espirituales, abstractas o físicas. Tal concepto se patentiza diferente a lo gregario que se observa en las demás especies, pues éstas últimas contienen en su sistema de control corporal, información inmanente que hacen que se comporten toda la vida de una sola forma de existencia.

Lo explicado al principio con respecto a comunión no necesariamente se presenta en todas las gentes de forma similar y general. En esta característica participan innumerables factores que atienden a un comportamiento no específico. Y, al contrario, se puede afirmar que cada individuo posee genuina capacidad para comportarse acorde a su voluntad (para Agustín de Hipona “libre albedrio”). Cuando esa voluntad se une a otras con la misma tendencia estamos en presencia de comunión. De quien haya crecido utilizando astucias para lograr mediante el timo, el engaño y la fuerza sus objetivos egoístas; no se puede esperar comunión de buenos propósitos ni resultados halagadores con fundamento en el bien común. Al contrario, cada paso que este haya dado lleva como impronta un deseo de poder sobre otros. No debería ser así.

Comunión representa lo que es común en dos o más gentes. Atiende a compartir inquietudes en virtud de una necesidad común presente en una estructura social. El carácter profiláctico de comunión se hace más fuerte cuando se tiene conocimientos de algo que necesariamente debe ser manejado en virtud de mantener la salud de un colectivo o desarrollar mecanismos que atiendan o alivien necesidades colectivas.

“Compartir credos e ideas, compartir trabajo, compartir alimentos, compartir conocimientos y, todas otras cosas que se puedan compartir, teniendo como corolario lo que llamamos tiempo a su praxis y el acto mismo, es comulgar”

No se debería compartir lo que no es propiedad en una entidad, la gente que comparte algo bajo su custodia por asignación de terceros creyéndose con mérito o autoridad para hacerlo está cometiendo malversación de bienes. Si estos últimos son de propiedad colectiva ej.: de una nación, es malversación del erario. Al funcionario que cometa semejante acto se le denomina corrupto y al acto corrupción. Si el infractor del convenio es un miembro de familia se le denomina Pródigo. Ambos casos atienden a la violación de una praxis que equivale a un perjuicio contra el bien común, por cuanto tales bienes han sido el esfuerzo de una comunión en sí.   

El mérito de la comunión radica -dicho al principio- aliviar necesidades. No obstante, tiene en su haber evitar el cansancio excesivo, el hastío, el aburrimiento. Por ende, el fracaso en proyectos que requieren mucha fuerza, movimiento y espacio. Dicho de otro modo, Energía.

Para que haya comunión debe haber voluntad de compartir, considerando que la voluntad es una fuerza podemos citar de un premio Nobel de la ciencia lo siguiente:

“Hay una fuerza motriz más poderosa que el vapor, la electricidad y la energía atómica: la voluntad” (Albert Einstein, Alemania, 1879-1955)

Esta voluntad debe ser manejada de una forma idónea. En tal sentido se debe saber que, desafortunadamente, también existen voluntades para manejar o eliminar la existencia de otras -como se menciona anteriormente- tanto a su forma abstracta como a las entidades que la poseen físicamente, esas voluntades perversas no se deben omitir ni desconsiderar para crear contingencia en contra de ellas. Sin embargo, ¡las mismas no se analizarán en este artículo.

Para poder compartir se debe tener la posesión de algo que se ha logrado con esfuerzo, con trabajo, con dedicación. Sea, se debe producir algo de lo que se tenga probabilidad de compartir de origen honesto. Para ello, debe haber tenacidad y valor; de modo que, con lo que se comulga tiene un acícate probo, genuino, noble, decente y quienes lo comparten califican en una economía del valor honorable, tienen mérito ganado.

Esta economía -en teoría- compete a la labor de administrar los bienes obtenidos sin detrimento de la empresa de quien la produce. A esto compete la distribución de lo producido considerando la condición de poder seguir produciendo. En tal sentido se debe emplear un mecanismo válido que asegura la satisfacción de quien comparte y a quienes han de ser compartidos los bienes. Hasta ahora la forma más viable es la economía de mercado, en la cual comulgan; el producto -llamado mercancía-, el que la produce, el dinero y quienes la obtienen en un intercambio consensual y con una asimetría única de costos y valores que es la que va a asegurar seguir produciendo, cuyo propósito es hedónico en unos casos y vital en el mayor de los casos.

Comulgar en economía es no despilfarrar lo que se ha obtenido como bien de consumo o producción y, disfrutar con propiedad lo que se ha logrado en una comunión de voluntades. Esta comunión en sí corresponde a un orden social donde además que se comparten una gama de conceptos y praxis, se comparte la posibilidad de ser útil individualmente en función del bien colectivo.

Platón (Atenas, 427-374 a.C.) en la República o el estado, en boca de uno de sus mentores plantea lo siguiente:

“la ciudad que se está construyendo es bastante prudente, pero no lo es por los conocimientos que se abordan en dicha ciudad, sino por el número de habitantes que desempeñen un rol, es decir, distribuir la ciudad de manera tal que profesiones como la de artesanos, existan en mayor número que la de los guardianes, puesto que estos son los verdaderos jefes de la ciudad (…) la justicia, consiste en que cada uno debe hacer lo suyo y no multiplicar sus actividades (o no dedicarse a múltiples actividades). Para que se puedan ver bien las virtudes de una ciudad, debemos observar que cada ciudadano ejerza su propia profesión. Si un ciudadano como un zapatero quisiera hacer el trabajo de un alfarero, sería injusto que el zapatero los hiciera, ya que los alfareros quedarían sin empleo. Por lo tanto, la justicia de la ciudad consistirá en que cada uno lleva hacer lo suyo según su profesión (…) estas mismas características, deben verse retratadas en el hombre justo. Y así se crearía la ciudad perfecta. (Sócrates, Atenas, 470 a. C.-399 a. C)

En esto anterior postulado por un genio de la filosofía clásica se contiene una forma práctica de compartir orden en una ciudad, es en sí, una forma de comunión donde hay un valor sumamente importante, prudencia. El acto es política.

Las religiones son una forma de comunión donde se cumple un proceso abstracto para reconocer la virtud de algo o alguien conocido o desconocido y; que, sin embargo, se le profesa y siente admiración y respeto, en esto está involucrado un factor importante: la fe de su existencia, aunado a una concepción etérea, lo divino.

El concepto de religión en el caso de la teología está concebido para rendir culto a un creador, en este sentido todas están conformadas con un mismo fin. Sin embargo, en su economía y forma de profesar existen diferencias que le distinguen entre ellas. Es bueno entender y aceptar que ninguna es buena ni mala, son organismos que identifican una forma de pensar acerca de la asunción y concepción de un ente creador y de cómo se debe manejar la iglesia que le conforma.

Aunque las religiones recurren a argumentos racionales para intentar establecer sus puntos de vista, también afirman que la creencia religiosa debe aceptarse, al menos parcialmente, a través de la fe, confianza o seguridad en la propia creencia religiosa. No obstante, el mayor fin es rendir culto a sus deidades.

Un caso curioso de profesión de fe y economía es la misa religiosa Católica, donde el sacerdote después de entregar el símbolo del pan -la hostia- y proferir salmos propios de su evangelio o culto, para cerrar el acto eleva su hostia, luego de ingerirla como acto de comunión con la feligresía, toda viruta que quedas de esta, es recogida y adherida al vino que se bebe como parte del acto, simulando la Cena que -el Nazareno- tuvo con sus apóstoles, donde se manifiesta un gesto aristotélico de potencia y acto. Compartir el vino que se convertirá en sangre y el pan que se convertirá en cuerpo. Es más que un acto sagrado o divino, un acto de filantropía donde se comparte el alimento. O sea, de comunión.

El mundo es la comunión de las sociedades de diferentes etnologías. En este no existe homología de conductas, ni de creencias, ni costumbres, ni necesidades que no sean las propias de su naturaleza fisiológica. Es una construcción abstracta creada por el individuo humano.

Joise Morillo

[email protected]

Venezuela USA

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