EL COSTO HUMANO DE LA INDIFERENCIA. Por Marcelo Martín Olivera

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Permítanme comenzar esta columna compartiendo una parte de mi propia historia. Soy hijo, sobrino, ahijado y amigo de policías. Desde mi infancia, fui criado en un ambiente donde el respeto, la estima y el cariño hacia la labor policial eran valores incuestionable.

Lamentablemente en los últimos años somos testigos de un cambio en las reglas. Por más afecto que podamos profesarle a nuestros policías, se marca cada vez más la desidia con la que son tratados por las autoridades del Poder ejecutivo que deberían protegerlos.

La muerte de un funcionario policial mientras cumplía con su servicio lo deja en claro. En la conferencia del ministro Martinelli luego del asesinato de un policía, dió las condolencias e hizo un repaso de su gestión, con proyectos a futuro. Nunca ví un mea culpa por el hecho, demostrando claramente que para las autoridades los policías son números en una hoja de cálculo.

Con total desparpajo omitió decir que detrás de cada uniforme policial hay mucho más que un simple agente del orden. Hay hijos, padres, madres, hermanos y afectos para nosotros. Aunque su carrera esté estigmatizada por la sociedad, su entrega es inquebrantable. Están siempre a la orden y tienen un compromiso tan grande que darían la vida por nosotros.

Queda hacerle la pregunta de rigor: ¿Cuándo comenzará a actuar como una verdadera autoridad? La seguridad no se construye con discursos vacíos y números sobre papel, se construye con apoyo real a quienes están en la primera línea, los policías. Es hora de dejar de tratarlos como simples peones en un tablero político para empezar a brindarles el apoyo psicológico y las condiciones laborales que merecen.

Al reciente asesinato de un policía en servicio hay que sumarle el alarmante aumento de la tasa de suicidios dentro de la fuerza, esas son señales inequívocas de un abandono sistemático por parte de las autoridades.

Las muestras de condolencia son bienvenidas, pero no suficientes. Es hora de acciones concretas, de políticas que protejan a quienes nos protegen a nosotros. No podemos permitir que la indiferencia y la negligencia dejen a nuestros policías desamparados, expuestos a la violencia y al abandono institucional.

Con las cartas a la vista y viendo que es año electoral, también deberíamos exigir acciones concretas y por fuera del discurso político de turno. Esto no se trata solo de criticar al ministro de turno, sino de exigir a cada candidato presidencial que ponga sobre la mesa sus propuestas en materia de seguridad. Es momento de que demuestren con hechos, no con palabras vacías, que realmente les importa el bienestar de la gente y de quienes arriesgan sus vidas por nosotros día a día.

Basta de discursos huecos, basta de desamparo bajo el disfraz de la política. Es hora de actuar, de proteger a nuestros protectores y de exigir responsabilidad a quienes tienen el deber de garantizar nuestra seguridad. La realidad tras los uniformes no puede seguir siendo ignorada ni manipulada.

El desprecio a la labor policial y la negligencia institucional no pueden seguir siendo ignorados.

Es hora de que las autoridades comiencen a tomar medidas concretas para proteger a quienes nos protegen.

Es hora de exigir justicia, dignidad y respeto para nuestros policías.

Es la hora de dejarle en claro a los señores de la clase política que la sociedad está observando, y no olvidará el abandono sistemático que hacen de los funcionarios policiales.

Es hora de actuar. Es hora de tratarlos con dignidad. Es hora de darles respeto. Es hora de poner fin al desamparo bajo el disfraz de la política barata.

Que demuestren con acciones, no con palabras, que realmente valoran la vida y el sacrificio de nuestros hombres y mujeres de azul.

Sin justicia, valoración y respaldo para nuestros policías, no habrá paz para nuestra sociedad. Al menos desde mi humilde lugar, su silencio y su inacción ya no serán tolerados.

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