EL NUDO… Por Nelson Jorge Mosco Castellano

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Hathor es una de las principales diosas de la religión del Antiguo Egipto, se la consideraba el ojo de Ra. El dios sol enviaba a Hathor para castigar a los humanos por tramar una rebelión en contra “su gobierno”; en realidad el del Faraón. Hathor se convierte en la diosa leona Seimet y masacra a los humanos rebeldes; pero Ra decide impedir que mate a toda la humanidad. Debilitado por la pérdida de su ojo, Ra envía a Tot para que la traiga de vuelta. ​Una vez pacificada, la diosa regresa, para convertirse en la consorte del dios sol. ​

Esta historia mitológica expone prístinamente, como, desde la más remota antigüedad, los políticos creaban relatos para mistificar la causa de las catástrofes y rebeliones, ocultar la realidad, y su responsabilidad.

CALOS PAGNI historiador y periodista argentino acaba de publicar “El Nudo. El autor presenta al “conurbano” como verdadero rector de la vida pública del país, como amenaza catastrófica de una permanente deconstrucción del sistema económico y social, y como recordatorio de la fragilidad y precariedad del sistema. Dice que el conurbano es una catástrofe que el capitalismo no logra resolver, pues por más crecimiento económico que pudiera producirse nunca llegará a tiempo para rescatar a personas que no pueden ni quieren esperar. “Es complejo” dicen los gobernantes de turno. “(…) Se juega un drama de larga duración. Un sistema económico que, convertido en una fábrica de pobres, degrada la política con la tentación cortoplacista, el clientelismo”. Cada crisis económica (cada terremoto) cinceló para peor al conurbano. Degradó a sus habitantes, desmejoró sus condiciones de vida, los hizo bajar a un nivel que nunca pudo volver a subir. “Sin analizar ese deterioro en cámara lenta, es imposible entender el drama más doloroso del conurbano: la existencia de una infinidad de personas que viven en condiciones inhumanas”. Un esquema irracional, caótico, sin ninguna organización. La dificultad para categorizarlo, para describirlo y hasta para delinearlo, hace que para la gran mayoría de la clase dirigente sea imposible pensarlo. “Las estadísticas son defectuosas. Los datos se han cargado con negligencia deliberada, sobre todo para disimular las gravísimas fallas del aparato de seguridad”. El conurbano es una de las regiones del país en las que esta función principal, y si se quiere última, de la democracia, conjurar el miedo, se vuelve esquiva. (…) La amenaza es parte del ambiente”. Hay también espacio para hablar de cómo los “punteros” ocuparon el lugar del sindicalismo; de la proliferación de la droga; de las relaciones de los dos partidos predominantes con las barras bravas. Estudia los problemas estructurales del conurbano, cómo el cambio se produjo cuando el público a seducir, el electorado, no es ya la clase obrera sino millones de pobres dirigidos por “gerentes del pobrismo”.  Una fauna compuesta por malandras, pícaros, impunes, tahúres, ambiciosos y amorales. Ese hipotético compilado podría titularse “Manual de Zoología Bonaerense (y Nacional)”.

Pagni explica que otra de las consecuencias del 2001 que mantiene una perfecta vigencia hasta la actualidad es que “buena parte de la gestión económica está modelada por el temor a una explosión de descontento, a algo parecido a un estallido. Ese fantasma es el límite de hierro con el que se encuentra cualquier empresa modernizante”. Remarca una muy baja participación ciudadana con récord de votos en blanco e impugnados deliberadamente. Una desconfianza en la clase política sumada a la crisis económica. El dato que más duele: la pobreza entre los niños roza el 73% en el conurbano bonaerense.

Esta catástrofe se cierne sobre toda la Argentina; desde que allí es el reducto político que define al presidente. Por eso, mantienen vigencia personajes como Cristina Kirchner, sin importar su conducta penalmente relevante, que significan para esos despojados de todo, paradójicamente, una forma de rebelión antisistema, pese a que dirigen a la cofradía mafiosa que, en definitiva, vive de ellos. Esos dirigentes corruptos son la valla que impide que esa catástrofe desbordante invada al otro sector, evita desbordes violentos repartiendo dinero. Una asistencia insuficiente que día a día ocupa la ciudad aumentando la presión exhibiendo la miseria, generando una situación económica, social y de convivencia, claudicante.

Sin querer entender que la “marabunta” es indetenible, una realidad paralela que promueve la catástrofe de los que subsisten fuera de ese gheto, y esperan utópicamente el crecimiento económico que salvará a la Argentina paralizada. Para los que emigran, ya es irrecuperable. Y también para los que ya no esperan nada, no creen en nadie, y saben perfectamente que el derrame del capitalismo no los alcanzará nunca.

Esta catástrofe social se repite en los países de la región; y en todo el mundo. Faltan liderazgos responsables; y sobran los que siguen culpando a Hathor.

Cuando empezó a quedar claro que el comunismo no sólo terminaba siempre en una dictadura, sino que había perdido rotundamente la batalla por el bienestar, la producción y el crecimiento, los teóricos posmarxistas comenzaron a planear el próximo movimiento. Demostrada la ineptitud del Estado para lograr reemplazar a la acción humana en la producción de bienes y en su posterior distribución, y luego de alcanzar su predicada igualdad sólo mediante el empobrecimiento de grandes masas de habitantes, dependiendo inútilmente de la planificación central que llegó a límites ridículos, dieron por perdida la batalla tanto en el plano bélico como en el económico. 

Comenzaron sin embargo a elaborar un regreso sobre dos ideas centrales: una, económica, era cederle la producción al odiado capital, pero limitarlo en la mayor cantidad de actividades posibles, controlando también a los mercados. Porque nunca aceptaron la libertad implícita contenida en la definición de acción humana en el accionar económico. Ordeñar al capitalUsar su ambición y su espíritu productivo como un elemento esclavizante. Esclavos de su tradición, de su herencia, de su pasión y de su vocación, los agricultores y ganaderos son apenas capitalistas proletarios en desgracia. La otra idea es: “Derrotaremos al capitalismo con sus propias armas, con sus propios principios”. De ese juego de pinzas nacen todas las concepciones económico-políticas que han tratado de ocultar esas intenciones, pero todas intentaron torpedear la esencia de la competencia, el libre albedrío, el mercado, en resumen, la libertad. 

La excusa del igualitarismo ha sido una de las más usadas, y también toleradas, pero contiene en sí misma todos los virus capaces de destruir la voluntad emprendedora, base del concepto capitalista. Todo ese movimiento contó con la ayuda del propio capitalismo, que se fue corrompiendo, empezando por el proteccionismo, una manera multiideológica de lograr la pobreza universal declarándose enemigos del comercio, que ahora se advierte en todo su esplendor de egoísmo y efecto pauperizante 

El comunismo con sus mil formatos y nombres trató de destruir al capitalismo usando sus mismas armas, y los empresarios, el capitalismo y muchas veces los países capitalistas, trataron de conseguir ventajas sin competir o trampeando, lo que se opone por lo menos al concepto liberal de la economía y el mercado, o sea facilitando muchas veces la acción del enemigo.  A veces con decisiones pusilánimes en relación al desafío de la catástrofe que se estaba recreando. El impuesto alevoso, la monopolización estatal ineficiente y sin competencia impuesta por políticos “con sensibilidad social”, hoy progresistas, promovió burócratas que asaltaron el poder político. Y a medida que los políticos se fueron volviendo más corruptos y las sociedades lo advirtieron, compartieron los monopolios con empresarios prebendarios. El resultado previsible, la marginalidad tuvo un desarrollo exponencial.

Ajenos completamente a la evidencia empírica que demuestra, que siempre la competencia, la libertad de comercio, las reglas de seguridad jurídica y de mercado, han prevalecido sobre la planificación central. Que un reparto de dádivas sólo puede terminar en un tironeo fatal de despojos que culminará en hambruna, desesperación y muerte. La corrupción, la inoperancia, y la debilidad de los políticos y del sistema político es funcional al neomarxismo; que, como buen discípulo de Engels, su campo favorito es la dialéctica, el materialismo dialéctico, el relato falso. Se impone en el accionar coordinado o no de organizaciones supranacionales, periodismo, intelectuales, medios de comunicación, y entretenimiento, iglesia, movimientos de reivindicación, de derechos humanos, mediante el accionar de las redes, o por la conveniencia personal hipócrita. ha logrado convencer que el problema no es la pobreza sino la desigualdad, que el trabajo o el empleo no importan ni importa procurarlo o que se cree, sino que lo que cuenta es el ocio y el disfrute, con lo que el desempleo subsidiado es una bendición, o peor un derecho. Que es una condición presente y posible en la naturaleza, y que se puede lograr mediante el simple sentido “solidario”, instantáneamente sin esfuerzo, contrapartida, ni compromiso. Una distopía que nadie podrá criticar si no se cumple, porque estará prohibido. Sus políticos se autoperciben como sumos sacerdotes, intermediarios, entre el cielo y la catástrofe; que si ocurre no los roza. Tienen inmunidad auto decretada; transforman a sus rivales en socios.

Los corruptos jamás pueden ser estadistas. Y sin estadistas no hay democracia sólida. Por eso combatirlos apuntando al crecimiento es una estrategia correcta, pero insuficiente. Poco se logrará mientras sus destinatarios sigan viviendo en espacios donde marginalidad y criminalidad impliquen ghetos socioculturales. Cárceles sin rejas. Lograrlo, más allá de lo que se está haciendo, implicaría dos ritmos de crecimiento, dos ritmos de reeducación, dos ritmos de resocialización, dos ritmos de inversión. Recuperar personas de la ciénaga exige más recursos de los que la economía en un período de gobierno puede producir, y todavía sujeta a las incertezas externas. Piénsese en el costo de reincorporar a los que quedaron fuera del sistema democrático en la sociedad del conocimiento, la tecnología y la robótica; la posibilidad de ganarse y mantener la propiedad de mínimas condiciones que ofrece el siglo XXI, recuperar la voluntad de ascenso social, ser reconocidos integrantes de la misma República. Enfocar al aparato del Estado en las personas, y sus familias, desempleados culturales, indigentes que amortiguan su desesperación con la droga, inveterados analfabetos básicos, los que han perdido la dignidad humana que alguna vez tuvieron, para vivir de los residuos, implica resignar crecimiento económico en sociedades que llevan largo tiempo estancadas; postergar el efecto de traccionar a toda la sociedad a una mejor calidad de vida para sectores que están cayendo en la catástrofe latente.

El NUDO está en encarar el doble desafío. Evitar el suicidio colectivo implica comunicarlo con sensibilidad, dar ejemplo de estoicidad, reducción radical de privilegios políticos, condenar sin atenuantes a la corrupción que lastra recursos vitales; y mucho CORAJE para aguantar las presiones corporativas de todos.

Persistir en odres viejos para vinos nuevos, profundizar utopías probadamente fracasadas; no cambiar radicalmente el rumbo, dejar crecer ese mundo de gente rota, hacer imposible la convivencia a todos; aumenta a los que emigran agotados del enfrentamiento. Y espera, que Ra envíe a Hathor, y lego recupere su ojo, y, se apiade del horror del exterminio final de una catástrofe latente.

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