EL QUE ESTÉ LIBRE DE PECADO. Por Sebastián Castro

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El conductor de La Pecera y ex conductor histórico de Las cosas en su sitio tuvo hace un tiempo un cruce con su ex compañero de radio Juan Miguel Carzolio por una forma poco «correcta» de tratar a Gerónimo Sena cuando en una entrevista, Ignición Alvarez le dijo al vocero del sindicato estudiantil del IAVA que le daban ganas de “chaparlo de los pelos”. Carzolio lo trató en aquella oportunidad de drogadicto y falto de moral para poder juzgar al joven sindicalista. El argumento de Juan Miguel para la descalificación de su colega se basó en una supuesta superioridad moral y un ataque más «ad hominem» que al hecho en sí. De hecho, el utilizar un argumento descalificando a la persona y no argumentando sobre lo sucedido es una técnica que utilizan los «manipuladores emocionales». ¿Cómo los detectamos? Suelen ser grandes oradores, sin escrúpulos, son personas inseguras, con baja autoestima, juzgan a los demás, no toleran la frustración y hacen juicios de valor de forma inespecífica al estilo: “me has defraudado” pero sin decirte por qué. Son expertos en manipular la información y ponerla a su favor, suelen encontrar y atribuir intenciones ocultas en los mensajes y actos, así generan un sentimiento de culpa por algo que nunca has dicho o hecho.

El joven periodista se despachó con soberbia al condenar a su colega por una frase que no tenía ni la intención ni el mensaje que le atribuyó pero esto también es subjetivo y puedo equivocarme.

Quizás Nacho Alvarez si es un monstruo sin moralidad pero no soy yo el que debería juzgarlo.

Ahora bien, si luego de la diatriba en contra de su colega nos enteramos que Jua Miguel también tenía algún muerto en su placar y en entrevista a TVshow cuenta que  “Tuve momentos en que perdí el control y me afectó de una manera que no había imaginado. Me gusta hablarlo porque me parece que tenemos que empezar a romper determinados tabúes sobre la salud mental y las adicciones”, hablando de una ingesta problemática de alcohol. Gre-gre para decir Gregorio. Y sabemos aquellos que hemos conocido a personas alcohólicas que es una enfermedad que se pone en suspenso pero que nunca se cura. Pero a mi realmente poco me importa. Cada cual con su «tuje». Lo que sí molesta es la doble moralidad. El creerse superior al otro y el descubrir que todos tenemos, unos más y otros menos, algún muerto en el placar. La próxima vez que el periodista nos quiera dar clases de moral, habría que recordarle que no es precisamente él, el más indicado.

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