JUEGO DE TRAIDORES… Por el Dr. Nelson Jorge Mosco Castellano

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Harchel Levi, cuyo nombre de fantasía conocido posteriormente fue Karl Marx, es hijo del rabino Marx Mordechal ben Samuel Halevi. Marx abandonó su religión para poder posicionar mejor su estudio de abogado durante el régimen prusiano.

En 1843 MARX escribió “La cuestión judía” donde subraya “Nosotros reconocemos pues, en el judaísmo un elemento antisocial presente de carácter general” y se pregunta y responde: “¿Cuál es el culto secular practicado por el pueblo judío? La usura. ¿Cuál es su dios secular? El dinero”; y “La sociedad burguesa engendra constantemente al judío en su propia entraña”.

Harchel Levi (Marx) expone con total crudeza la traición a quienes debe respeto por ser su pueblo; una cultura a la que no solamente renuncia, sino que expone al escarnio infamante, anteponiendo sus intereses egoístas para ser aceptado por una sociedad hipócrita. El antisemitismo o judeofobia se basa en nociones falsas sobre la “raza”.

Spencer Wells, biólogo molecular de Stanford ha señalado: “el término raza no tiene ningún significado”, en verdad constituye un estereotipo, “todos provenimos de África y los rasgos físicos se fueron formando a través de las generaciones según las características geográficas y climatológicas en las que las personas han residido. Desde su origen el marxismo traiciona, abrazado a otros déspotas que predicaron la segregación humana por la “comunidad de sangre”.

 La judeofobia marxista confundía traidoramente la idea de raza con la de religión. El sacerdote católico Edward Flannery en “Veintitrés siglos de antisemitismo”, exhibe los tremendos suplicios que se han inferido a los judíos; entre los que destaca:” les prohibían trabajar en actividades corrientes con los que los limitaban a ocuparse de préstamos de dinero, pero mientras los catalogaban de “usureros” utilizaban su dinero para construir catedrales”.

Pero, Marx no solamente traiciona a su propio pueblo, sino que sembró la semilla de la traición global. En el tercer capítulo del Manifiesto Comunista, consigna su tesis traidora contra las leyes naturales del esfuerzo, el ahorro, la producción de recursos, y el trabajo: “…pueden sin duda los comunistas resumir toda su teoría en esta sola expresión: abolición de la propiedad privada”. Un mundo “leviatán”.

Si no hay propiedad privada, no hay precios, no hay posibilidad de contabilidad, evaluación de proyectos a pérdida o cálculo económico. Por tanto, no existen guías para asignar eficientemente los siempre escasos recursos, y no es posible conocer en qué grado se consumen. Este hybris llevó al colapso a la URSS provocando la hambruna de millones de personas; al Holodomor, ucraniano que devastó seres humanos en el territorio de Kubán; al “gran salto adelante”, la obsesión de Mao por cambiar radicalmente el modelo social, que terminaría en 1961, con entre 15 y 45 millones de muertos por inanición, torturas y asesinatos, convirtiéndose en el holocausto más grave del siglo XX, con efectos hasta nuestros días: la tragedia alimentaria en Cuba, Venezuela, Nicaragua, Corea del Norte, y en todo lugar en dónde se ha aplicado la teoría marxista de abolir la propiedad privada, asumiendo desde el poder el control de qué producir, qué consumir y qué recursos asignar.

Lenin, el más sagaz de los discípulos de Marx, fue un traidor a él y a su teoría de que el “proletariado” podría dirigir y gobernar una revolución bajo su égida”. Lenin escribió: “…no es el proletariado sino la inteligencia burguesa: el socialismo contemporáneo ha nacido en las cabezas de miembros individuales de esta clase”. Traicionando a la clase trabajadora, siendo que Lenin nunca visitó una fábrica, ni pisó una granja. En lo que coinciden ambos traidores, es en que la violencia está indisolublemente atada al marxismo. El “Manifiesto comunista” declara: “…no se pueden alcanzar los objetivos más que destruyendo por la violencia el antiguo orden social”. En el colmo de la dialéctica, Marx se traiciona a sí mismo, en “La lucha de clases” y en “18 de Brumario”, cuando condena enfáticamente las propuestas de establecer socialismos voluntarios como islotes en el contexto de una sociedad abierta, y aboga junto a Engels por la aplicación de la violencia. Así que la historia no produce por sí sola el comunismo. Esta inevitable invocación a la violencia, se ha visto reflejada en los intentos de imposición de la teoría marxista en cuanta organización social se ha aplicado, cultivando una pléyade de traidores a la humanidad que han escondido torturas, fusilamientos y laceraciones a la justificada rebelión contra el abuso del poder. Así de traicionado se siente en el crepúsculo de su vida el escritor Carlos Liscano, que en su libro: “Cuba, de esto ni se habla” Este libro es la crónica de un desencanto largamente procesado y, también, una severa acusación de traición al pueblo cubano de parte de la intelectualidad occidental y gran parte de la izquierda, crítica (a veces) en la intimidad, pero obsecuente en lo público. Pasados más de sesenta años de aquella revolución que prometía independencia, libertad y justicia social en la isla que era burdel y casino de Estados Unidos, ¿qué queda? Una inmensa mayoría de la población empobrecida, la casta comunista-militar-gubernamental gozando privilegios, millones de exiliados, libertades hechas cenizas y represión, más represión. En palabras del autor: «La izquierda democrática latinoamericana no solucionará los problemas de Cuba. Eso deben hacerlo los cubanos. Sí se puede denunciar a la burocracia que gobierna la isla, exigirle que respete los derechos humanos, que abandone sus delirios de martirologio y acepte los cambios que su inviable economía necesita. “Cuba es un país muy pobre y no a causa del bloqueo sino porque no produce nada. En Cuba no hay libertades de ningún orden. Es la dictadura del Partido Comunista. Más concretamente: es la dictadura de la familia de Fidel Castro y de un pequeño grupo de generales y de burócratas que durante seis décadas aceptaron y aplaudieron los delirios mesiánicos del jefe”. “…Sé que el cuento que me haga no me dejará satisfecho y sin duda molestará a muchos. No importa, se lo debo al joven que fui que hasta en el error, intentó ser consecuente con lo que creía…”. Los bestialismos que vio en Cuba por el mismo régimen que es tomado como modelo aquí en Uruguay por el FA, que es cómplice del sometimiento del pueblo cubano. Si el movimiento tupamaro que integró Liscano con paroxismo juvenil, determinó que pasara 13 años en la cárcel, hubiera accedido al poder por las armas en las acciones terroristas de 60 al 70, dice ahora que, seguramente se hubiera suicidado. No obstante, ahora que no es hora para nada, cabe recordarle a Liscano que fue director de la Biblioteca Nacional y subsecretario de Educación del FA… y NO DIJO NADA.

La deriva de aplicar la planificación redistributiva que el marxismo ha inficionado en las cabezas de muchos que no asumen que imperceptiblemente para medio Uruguay va construyendo el camino violento al enfrentamiento social. La confiscación del trabajo por exacción de impuestos y multiplicación de regulaciones, pone en reversa al crecimiento de la “torta” que reparten los marxistas con la falsa moralina del igualitarismo. Igualar para abajo destruye el tejido productivo de recursos transformando al país en un páramo de desesperados, improductividad, desempleo, hambre y violencia, cada vez más difícil recomponer para generar ahorro, inversión y empleo genuino. No admiten sus “expertos” en expolio público, que, desde los albores de la humanidad, quienes producían para vivir comerciaban sus excedentes y recibían recursos de quienes los compraban haciendo crecer la economía. El capital es ese ahorro; invertirlo en nuevos emprendimientos es el mejor sistema natural de redistribución y creación colectiva de riqueza, el comercio. Servir a otros con productos de calidad al precio que regulan libremente los consumidores: el mercado. Una concatenación de acciones benefactoras para toda la sociedad.

Aquí en Uruguay un grupo de marxistas “expertos” en repartir lo ajeno, reunidos en el Cinve presentó el documento para una “reforma impositiva de segunda generación”. O sea, continuar el expolio a la clase media que inició en el año 2007, un experto en vivir de los demás: Danilo Astori. Conformado entre otros por el exministro de Economía y Finanzas, (Renunciado) Fernando Lorenzo, que junto con el presidente frentista del BROU fueron procesados por el otorgamiento en 2012 de un aval bancario de US$ 13 millones a Cosmo para el remate de los aviones de la ex Pluna. Afirmaron que no se trataría de una reforma impositiva con cambios drásticos, plantearon, suavemente: “la introducción del IVA personalizado; un rediseño integral del Impuesto Específico Interno; sostener el Impuesto a la Renta de las Personas Físicas (IRPF) y el Impuesto de Asistencia a la Seguridad Social (IASS); fortalecer la imposición sobre el Patrimonio y la riqueza (incluidas las
herencias); rediseñar y aumentar la tributación sobre las rentas empresariales;
así como la revisión de la tributación a trabajadores autónomos y micro y
pequeñas empresas.
Estos “magos” del escruche público detectaron algunos de los obstáculos actuales: progresiva erosión de las bases imponibles, debido a cambios en el mundo del trabajo, la deslocalización de los factores productivos y las estructuras jurídicas, como también el crecimiento del comercio digital; una “disconformidad con el nivel actual del gasto tributario” que representa aproximadamente seis puntos porcentuales del Producto Interno Bruto (PIB); así como también una “necesidad creciente” de contar con más fondos que permitan financiar una “adecuada provisión” de los servicios públicos. No detectaron que los sufrientes paganinis padecen doble tributación en cada servicio público que deben contratar a un privado por inoperancia, ineficiencia, o inutilidad. Hicieron un correcto diagnóstico sobre el avance de la libertad de comercio mediante la tecnología, pero no se enfocan en aliviar la carga del expolio que lleva a cerrar a pequeños comerciantes o emprendedores individuales de servicios, o a pasar directamente a la informalidad para sobrevivir. En su opuesto, quieren rellenar el agujero del exorbitante gasto público deficitario en 2020 en 2.507 millones de dólares, castigándonos con más impuestos. Estos traidores de los uruguayos que laburan, proponen que cierren más actividades por imposibilidad de sostenerse, que dejen más trabajadores desempleados, que haya más dependientes de la limosna pública, pobreza e indigencia, para sostener con la “adecuada provisión a los servicios públicos”, o sea a los políticos y a sus particulares intereses. La transformación “más relevante” tiene que ver con la introducción del IVA Personalizado, que cada persona pague según su capacidad contributiva, determinada por LOS POLÍTICOS. Avanzar hacia un IVA Digital, para gravar todas las operaciones digitales y los consumos por prestaciones de servicios que no estén en Uruguay. Estos “chichos de la vida” no advierten que todo impuesto lo termina pagando el consumidor, por transitiva. Su genialidad implica aumentar la carga sobre quienes pudieron a bienes y servicios gracias a que “papá Estado” liberó de aranceles por hasta 200 dólares. Obviamente, de estas genialidades no se salva el expolio ampliado al Sector Agropecuario, incluyendo a todas las transacciones comerciales, para “superar bolsones de evasión, eliminando perforaciones e ineficiencias del actual sistema”. La larga mano del recaudador llegará a cualquier resquicio de saqueo a quienes se les había suspendido el sistema de IVA para que, en todo caso, sobrevivieran. Tampoco escapan a este atentado contra la industria nacional, para los que proponen un exquisito “umbral mínimo de imposición” que implica que paguen sobre lo que presuntamente pudieran producir. El señor Fisco no pierde, si el negocio va mal, hay que pagarle igual. En lugar de “…proletarios del mundo, uníos”, estos bárbaros proponen “ uníos a los proletarios del mundo”.

Este proyecto de los eventuales “economistas” frentistas, traidores a los intereses de los uruguayos, presagia, que el pato de la boda, si fueran electos, lo pagarán los trabajadores, los emprendedores, y los marginados. No habrá crecimiento económico, no habrá más empleo, no habrá baja de la inflación (otro impuesto ilegal) sólo un sistema recaudador, hasta que el cuerpo que trabaja para los políticos aguante. Uno de los relatos marxistas, es que los especuladores pueden generar acumulación de capital, por maniobras de engaño o abuso. Pero, la mayoría de esas maniobras especulativas, es producto de la intervención del Estado, con servicios deficientes, generando inflación, gravando exageradamente a la producción; lo que genera paraísos fiscales, evasión o comercio trasnacional. Lo que no reconocen, es que ese funcionamiento natural del crecimiento económico, la producción, el ahorro, el emprendimiento, y el comercio en el mercado, han multiplicado la “torta” exponencialmente y hoy, allí donde el mercado funciona con libertad, todos viven mejor, al punto que son los destinos deseados de quienes pagan sacrifican hasta la vida por llegar allí.

En cambio, los países marxistas, de marxismo de buenos modales, totalitarios remedos del odiado recaudador, piden ayuda desesperadamente, nadando en un mar de recursos naturales. Sus gobernantes, aliados con “expertos” burócratas internacionales del endeudamiento, insatisfechos siempre de confiscar recursos, son expertos en TRAICIONAR A SU PUEBLO.

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