La falacia como arma política en el Uruguay de hoy. Por Pluma Blanca

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La falacia retórica es por definición, un defecto en la manera de pensar que dificulta la comunicación entre un emisor y un receptor. En buen romance, los humanos adquirimos costumbres equivocadas al hablar, lo que dificulta tener conversaciones significativas. Si así fuera la hipótesis, se impone saber cuáles son esas falacias, tomar conciencia y cambiar la manera de comunicarnos. Ello permitiría, eso esperamos, tener la capacidad de enfrentar los retos que el futuro parece imponernos a todos como especie.

¿Realmente queremos ser libres?

Aclaro que no soy filósofo, soy un aprendiz o eso pretendo. La pregunta busca ser un disparador para el lector, un motivo de introspección para el amigo que me dedique estos minutos. En lo personal tengo la tendencia a buscar la causa raíz de los problemas y suscribo esa idea tan extendida que solucionando la causa raíz, muchos problemas que solo son en realidad síntomas del problema causal, desaparecerán. La situación que me ha preocupado estos últimos años es la tendencia que percibo hacia la radicalización de ideas y la profundización de los enconos. La desaparición de la tolerancia y la escasez de comprensión en la comunicación humana. Creo que esto existe en todos los ámbitos de actividad, incluyendo el interpersonal más íntimo y abarcando incluso las relaciones entre países y bloques de Estados y entre megaempresas y gobiernos e instituciones supranacionales.

Esta dificultad en la comunicación, creemos, limita la capacidad de saber cómo ser libres, cómo ejercer la libertad de una manera plena y gozosa. Somos gregarios y vivimos en y de las redes de confianza que tejemos en el día a día. Socavar la comunicación afecta la convivencia y nos envilece.

El tema es amplio y profundo, pero enfocando y puntualizando solo un aspecto, el de la comunicación interpersonal y recapitulando, entendemos que «Las falacias retóricas, o falacias de argumento, no permiten el intercambio abierto y bidireccional de ideas de las que dependen las conversaciones significativas.»[i] Las falacias retóricas distraen al interlocutor con diversas apelaciones en lugar de usar un razonamiento sólido. Se las divide en tres categorías:

  1. Las falacias emocionales apelan injustamente a las emociones del público.
  2. Las falacias éticas atacan injustificadamente la autoridad o el carácter propio del emisor.
  3. Las falacias lógicas dependen de una lógica defectuosa.[ii]

Cuando dos interlocutores se comunican y uno o ambos buscan enriquecerse con el saber del otro, hasta alcanzar un estadio más elevado y productivo de consenso,  sería el caso de una conversación significativa. Cuando, al contrario, cada uno ya está convencido de su verdad y solo desea distraer, cansar, engañar o aun convencer al otro de su error, se produce una conversación de sordos. Lograr acuerdos significativos en estas circunstancias se vuelve simplemente imposible. Asistimos a diario, a enormes despliegues de este tipo de modelos comunicacionales defectuosos en los programas de televisión, la radio y hasta en el parlamento nacional o en los actos partidarios multitudinarios.

Estas dinámicas se dan también, aunque la intención sea buena, en otros ámbitos como puede ser un aula. Como bien lo saben los profesores de personas jóvenes,  un docente debe cuidarse de usar argumentos que estén en línea con las realidades que entienden sus alumnos; lo que, por otra parte, es un principio básico de la pedagogía o de la ciencia y arte de trasmitir conocimientos y generar aprendizajes significativos. Las falacias en estos casos vienen a menudo, aunque no exclusivamente del lado del alumno, también, que cae en ellas, muchas veces, por mera imitación del ambiente escolar. Conocimiento cotidiano y académico no son lo mismo y allí el arte del docente es fundamental.

Otro ejemplo de comunicación fallida se da frecuentemente al hablar en entornos culturales muy diferentes, como puede ocurrirle a un conferencista uruguayo que quiera dar una disertación en el mundo árabe, sin entender la semiótica de esas culturas[iii]. En este caso se puede caer en ser falaz sin advertirlo siquiera. Aunque la intención sea buena, el mensaje debe estar dentro del campo de experiencia del receptor y si no lo está, habrá que adaptarlo, porque no se puede comprender lo que está fuera de nuestro campo de experiencia. Se generaría también aquí una conversación de sordos. Hace unos años un diplomático egipcio me dijo, ante mi insistencia en la necesidad de respetar la declaración universal de derechos humanos, que esa era una convención occidental, hecha para occidentales y de la cual ellos, los árabes, no habían sido partícipes, ni conocían en lo absoluto. Caí en dar por sentado que era universal aquel texto, porque así rezaba su título. Esto ocurrió hace 30 años y fue un choque con la realidad.[iv]Fue aquella una conversación muy significativa, al menos para mí.

Las conversaciones entre sordos ocurren en la política con demasiada frecuencia y no solo por estos lares uruguayos. Lo vemos en Argentina, por ejemplo,  como en otras latitudes no tan cercanas, como en nuestra querida España, con la que tantos lazos culturales y familiares tenemos. Hay una polarización creciente, una tendencia a crear y alimentar grietas que amenazan partir continentes sociopolíticos. Y las falacias son una herramienta muy presente en esta incomunicación surgente.

En línea con lo dicho, el solo pensar que estamos comenzando tempranamente la lucha electoral con miras a 2025 en Uruguay,  agota el poco deseo que pueda quedarme de escuchar ponencias, pues adivino que solo escucharé una serie de clichés repetidos hasta el agotamiento. Y cuando presto oído allí aparecen los cánticos sin sustrato, vacíos y repetidos hasta el hastío, destilando odio sin propuestas ni soluciones, las falacias retóricas de siempre. También hay mensajes significativos, pero hay que saber cernirlos de la cizaña falaz, pues crecieron juntos.

Para frenar o mitigar este fenómeno propongo descubrir en nosotros mismos estas tendencias y luchar por erradicarlas primero en casa. No hacer foco en defectos ajenos, sino por el contrario, hacer un esfuerzo adicional por escuchar al otro, ponernos en el lugar de nuestro interlocutor, interrogar para entender motivos, abrir la mente a posibilidades nuevas de comprender un hecho o una opinión. Es que solo el que está bien centrado y enfocado en este problema puede plantearse la posibilidad de mejorar la comunicación en desarrollo. Lograrlo es absolutamente necesario para hacer de cualquier instancia de diálogo algo positivo. Por otro lado, el éxito en encarnar este rol de comunicador eficiente depende siempre de fijar un propósito definido, decidido de antemano y muy firmemente estar así inspirado. Hay que desarrollar la tolerancia como una habilidad inherente. Es una decisión personal, como la de ser feliz y todas las trascendentes.

Bajando a un plano más concreto, en ocasión de la discusión de la reforma previsional última, por ejemplo, se observó que la oposición solo votó dos artículos en su integralidad, de los más de 127 artículos del primer bloque del proyecto sometido a votación en la cámara baja, el miércoles 26 de abril pasado. O sea que hubo un rechazo casi completo, al menos eso fue lo que ocurrió en la cámara de representantes hasta donde asistí. Y eso se da pese a que el poder ejecutivo hizo reiterados llamados y dio oportunidades de participación en todas las etapas de elaboración de este proyecto de ley que lleva tres años elaborándose.  

Eso significa que la oposición no quiso participar del proceso, pese a ser una temática difícil que afecta a todos por igual, ahora y en el futuro.

Brevemente dicho, el dinero no alcanzará para seguir pagando las jubilaciones como hasta ahora, ya que los aportantes son cada vez menos y están cambiando la forma de trabajar, aumentando el trabajo virtual y bajando las cargas horarias. Por otro lado, se alargan las expectativas de vida de los futuros jubilados y se amplían las prestaciones sociales con conceptos que se hacen cada vez más normales, como la renta básica, por ejemplo, a medida que el trabajo humano es sustituido por la tecnología.

En resumen, cada vez más gasto y menos recaudación. La cuestión que se plantea es de donde obtener las fuentes de financiamiento necesarias para hacer que el sistema siga dando los buenos frutos que ha dado, en su larga historia de más de cien años. Sin entrar al fondo de la discusión, que excedería largamente el alcance de esta columna, la actitud del frente amplio fue de no apoyar la reforma. Teníamos un problema difícil y la principal fuerza política del país se negó a colaborar, adoptando una posición de: o se hace lo que yo digo o pateo el tablero y me retiro.

Es claro que hay un problema de comunicación que afecta el resultado. Si no cambiamos la manera de comunicarnos, el efecto será desgracia para todos. Hay demasiados antecedentes. Hasta Mujica reconoció, en su momento, como única solución la necesidad de aumentar el trabajo para subsidiar a los jubilados.[v] Solo una cuenta propia de ahorro que asegurara un seis por ciento anual en dólares sería menos de lo que recauda el bps con 4000 empleados. Soluciones hay, se necesitan mejores discusiones, más estudio y creatividad.

Retomando el tema, el uso de la falacia retórica pasa por atacar a la persona en lugar del argumento, o en apelar a un recurso que implique emotividad para distraer, o en lugar de enfocarse en lo que se quiere solucionar decir que dos más dos son cinco, o sea un error de lógica, para hacerlo más sencillo al ejemplo. En estas tres categorías se puede incluir a muchas de las argumentaciones escuchadas en sala el martes y miércoles pasados durante la discusión en diputados de la reforma previsional.

Otro tanto se vio y escuchó durante el proceso de aprobación de la LUC, donde se hicieron declaraciones falaces y se perdió energía y tiempo, muy valiosos, diciendo cosas que iban a pasar y que no pasaron. Meras falacias agitando el miedo como bandera. No es esa la enseña a levantar si se quiere ser propositivos y eficaces y llegar a buenos y mejores resultados. Es necesario hacer flamear la tolerancia y la comprensión. Se necesita honestidad y humildad, amplitud de criterios y conciencia que la solución la crearemos entre todos y no precisamente haciendo un Frankenstein, sino algo mejor a lo que llevamos a la mesa, algo creativo que contemple las aspiraciones de todas o casi todas las partes afectadas. Eso es democracia.

También ocurrió algo parecido con el manejo de la pandemia, se dijo de todo para desprestigiar lo que al final fue una de las mejores conducciones de la salud pública en todo el orbe. Salud ministro Daniel Salinas y presidente Luis Lacalle Pou y su equipo, bien hecho, muchas gracias. Pero en el camino las falacias y las banderas del miedo flamearon sin cesar.

Eso es lo que está pasando en la política global y en Uruguay también. Aparecen problemas muy graves que nos afectan a todos y requieren unidad y respondemos cerrando las puertas al diálogo, apelando al miedo, con discursos intencionalmente distorsionados. Eso pasa por ejemplo con el cambio climático, el medio ambiente, con las enfermedades epidémicas, con la agenda de derechos impulsada por la ONU, con el uso de los recursos del planeta, desde el petróleo al agua potable, pasando por el litio y el coltán, sin pretender agotar la lista que es muy extensa. Eso también ocurre con la contaminación de los océanos y de la tierra firme, con la producción de alimentos industrializados, etc.

Hay una tensión entre los que parecen querer usar estas situaciones para conservar o aumentar su poder y los que sinceramente desean resolver los problemas de la mejor forma posible para todos. Los lobos parecen vestirse de corderos.

No somo ingenuos y sabemos que el juego de intereses es colosal. Lo que estamos diciendo es que el ser individual que cada uno es, está siendo desafiado y estamos proponiendo una cavilación interior y una adopción de posición ética favorable a la comprensión y no al enfrentamiento, a la tolerancia y no a la discordia, al escuchar al otro en lugar de imponer mis argumentos preconcebidos. Los embajadores plenipotenciarios no llevan mensajes, sino que elaboran soluciones, para eso se los dota de poder de decisión extraordinario y para eso deben estar capacitados.

Creemos que allí, en ser un pacificador, reside la esperanza de encontrar soluciones. Dolorosas, sí, tal vez, pero en armonía y paz , sin destruir lo que tanto ha costado construir, especialmente la civilización occidental. Reconozcamos que hemos sido capaces de crear instrumentos de paz y progreso colosales en los últimos 80 años. Lo mejor que la humanidad ha conocido en su milenaria historia documentada. La iniciativa privada, el libre comercio y el mercado desregulado, constituyen un motor formidable para erradicar hambre y pobreza. Hay que mejorarlo sin matarlo, sin permitir que los dictadores se adueñen de nuestras voluntades agitando miedos y nos sumerjan en un nuevo oscurantismo.

Hemos podido observar desde una posición de privilegio los uruguayos, cómo nuestro gobierno supo conducir el barco sin estridencias y sin generar mayores desacuerdos, por aguas turbulentas estos tres años.

Se diría que en realidad lo que proponemos ya lo ha llevado adelante el poder ejecutivo uruguayo desde el primero de marzo de 2020. Saludamos a sus integrantes y al pueblo todo, que acepta su carga en aras de un bien mayor, en el que estamos incluidos nosotros y nuestros hijos y nietos. Nos parece justo y necesario reconocer lo que se ha hecho bien y ha marcado un rumbo cierto. No habrá sido perfecto, tal vez no estamos plenamente conformes, pero es por ese camino que se llega a buen puerto.  Es solo cuestión de tiempo y buena voluntad, cosa que los uruguayos tenemos en el ADN. Gracias, en fin, a todos los que ya cedieron algo a favor de una solución consensuada y mejor para todos. Todavía hay mucho por hacer. Y, sobre todo, a cuidarse de no ser falaces, a esforzarse por escuchar los argumentos del otro y usarlo como insumo de nuestras ideas.

Por Pluma Blanca


[i] https://www.youtube.com/watch?v=t3LVIJSrM0s&ab_channel=FacultadTeolog%C3%ADaSanVicenteFerrerdeValencia

[ii] https://espanol.libretexts.org/Humanidades/Libro%3A_Pensamiento_cr%C3%ADtico_(Gurevich)/01%3A_Cap%C3%ADtulos/1.07%3A_Semana_7_-_Falacias_ret%C3%B3ricas#:~:text=Una%20falacia%20ret%C3%B3rica%20es%20un,y%20frecuentemente%20los%20cometemos%20accidentalmente.

[iii] https://www.anahuac.mx/mexico/files/investigacion/2013/may-jun/12.pdf

[iv] https://www.un.org/es/about-us/universal-declaration-of-human-rights

[v] https://mediospublicos.uy/si-hay-que-laburar-mas-habra-que-laburar-mas-dijo-mujica-sobre-reforma-jubilatoria/#:~:text=Radio%20Cultura-,Si%20hay%20que%20laburar%20m%C3%A1s%2C%20habr%C3%A1%20que%20laburar%20m%C3%A1s,dijo%20Mujica%20sobre%20reforma%20jubilatoria

5 COMENTARIOS

  1. El problema de quienes son dizque el alter ego de Marx, es que toman las insinuaciones de su introducción al MC como patrón político, con ello un determinante deseo obsesivo de permanecer en el poder. Para obtenerlo, asumen la falacia, la demagogia, el sofisma y el chovinismo para su discurso enajenante. 

    La libertad es un derecho inmanente con la vida, es en casos subjetiva en la medida del crecimiento del individuo, tanto físicos como psicológicos. Martí de Cuba y Jesús el nazareno contemplaban: «conocer os hará libres».
    Cuando la libertad es reprimida por factores ajenos a la voluntad, se debe luchar con diferentes medios hasta romper sus cadenas.
    La obsesión es una forma de privarse de libertad si en ella mora el desasosiego.
    Para esto último tenemos el soliloquio de Hamlet el principe de Dinamarca «ser o no ser» (W. SHAKESPEARE)

  2. Muchas Gracias por tu comentario Joise. Especialmente por esa descripción de las cuatro herramientas que usan los dictadores marxistas latinoamericanos, falacia sí, pero también la demagogia, el sofisma y el chovinismo. Mi propósito fue hacer énfasis en las falacias porque en esa discusión parlamentaria las escuché mucho, cosa que no debería ocurrir en esa alta cámara. Quise hacer un llamado a la concordia y una apelación a la construcción colectiva de las soluciones políticas, que es la única manera de darles permanencia. Sobre Hamlet, mi columna podría llamarse, ¨un llamado a la escucha activa¨. Las preguntas dirigidas a quienes somos son las más fáciles de evadir y las más difíciles de responder. Claro que me sumo a la aseveración de que el saber nos hace más libres, sobre todo el saber verdadero al que se refiere el Salvador en esa escritura, pero todo conocimiento nos ayuda a ejercer mejor la libertad inherente . Gracias por tu aporte y por tu tiempo dedicado a mi columna. Resultó enriquecedor.

  3. En la Guerra así como en su prolongación u otra forma de enfrentamiento,que es la Política ,nada bueno ni veraz ni muy ético se debe y puede esperar del contrario ni aun de eventuales aliados.
    El interés de cada uno prima y las reglas no son las del relacionamiento humano normal .
    Vale decir o interpretar lo que a cada uno le ayudo a ganar.
    Asi es y fue siempre.
    También en el campo comercial o deportivo.
    Maquiavelo ya se lo advertía al Príncipe
    Entonces ,no hay falacias ni falsedades ni mentiras .
    Son opiniones y afirmaciones para intentar ganar .
    Porque el que gana cuenta la Historia y tiene la razón.
    Hay que saber y recordar el juego y sus reglas ,antes de ponerse y querer jugar
    Los inventores y muy usadores del marketing lo saben ,porque si no ganan … pierden y hacen perder

  4. Estimado Gustavo, muy cierto lo que dices, pero como un incorregible optimista no puedo dejar de apostar a hacer un aporte y un alegato a favor de un debate más trasparente y honesto a pesar de que la política sea meramente una lucha por la victoria, como dices.

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