La izquierda y su meta verso (si, así, separado). Por Marcelo Martín Olivera

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La vieja lección de repetir una mentira hasta volverla verdad se encuentra más vigente que nunca y se potencia en la era de las pantallas táctiles. En 2002 asistimos a una de las peores crisis económicas en la historia de nuestro país y también a una de las mayores muestras de mezquindad cuando algunos actores del sistema político pedían default, elecciones anticipadas y demás disparates. Por encima de todo eso podemos recordar un viejo y doloroso relato: “los niños comen pasto”.

Este verso, integrante del repertorio Meta de nuestra izquierda vernácula comienza en la sección Comunidad del diario La República, más precisamente en la edición del 29 de julio de 2002, con una foto de página completa con el título “Niños del pasto”. En dicha nota nos dan el barrio y la escuela donde los niños llegaban a clases presentando síntomas de desnutrición. Pero la denuncia es mucho más grave cuando se nos pone en conocimiento, por testimonio de los padres, que muchos de esos niños comen pasto los fines de semana. Incluso se menciona con nombre y apellido a la presidente de una Comisión Fomento de ese entonces, pero lo cierto es que nunca los vio comer pasto, solo difundió un rumor que se volvió una bola de nieve.

En todo esto hay un dato importante, ese 29 de julio no era un día cualquiera. Era el primer día del feriado bancario decretado por el gobierno de ese momento para intentar

mitigar una corrida que amenazaba a dejar sin liquidez a los bancos. A eso tenemos que sumarle la búsqueda desesperada del gobierno de un préstamo que le permitiera tener liquidez para hacerle frente a la crisis económica y el por aquel entonces INDA abría comedores casi todas las semanas para ayudar a los uruguayos más carenciados.

En ese contexto económico se da el relato (creíble en ese momento) de “los niños comen pasto” y fue utilizado como ariete en la campaña que le dio la presidencia de Uruguay a la izquierda para luego ser reciclado 99 veces.  De haberse llegado a las 100 repeticiones hoy tendríamos una verdad pero la cordura se impuso en 2018 cuando un grupo de maestras reclamaron su derecho a réplica negado en su momento, desmintieron ese relato y le sugirieron al entonces Presidente que dejara de repetir una mentira.

Con el tiempo una versión de este relato se ubicaba en el departamento de Artigas, más precisamente en el barrio Las Láminas. Fue de una punta a otra del país sin comprobación alguna y esto nos demuestra lo peligroso que es hablar con liviandad de momentos tan delicados en nuestra historia y más cuando hay niños de por medio.

Ahora estamos acá, en el 2022 y aparece una versión pasada por microondas de este relato. En un medio de clara filiación de izquierda se le da difusión a que en el Noroeste de Montevideo son varios los casos de adolescentes que sufren desmayos a causa de la mala alimentación, pero a diferencia del 2002 no se nombra a las fuentes (salvo por nombres bastante genéricos) y no se dice claramente cuál o cuáles son las instituciones donde esto pasa.

Es curioso algo así, si se pudo obtener datos específicos a principios de este siglo, sin redes sociales ni tanto uso de internet ¿Cuál es el impedimento de lograr más datos en plena era de las pantallas táctiles y los videos virales?

Queda en una nebulosa que da lugar a muchas sospechas y que obviamente busca batir el río. Justamente de esto se encargaron algunos actores de la izquierda más duchos en el arte de batir pero no obtuvieron los amargos frutos esperados.

Todo se menciona entre gallos y medias noches para que los paladines de la justicia social hagan su parte del relato olvidando que en mayo del 2015 y con el título “Estudiar con hambre; docentes lanzan alerta” el diario El País denunciaba con pelos y señales situaciones de mala alimentación en el liceo de Parque del Plata. Todo esto reafirmado por los sindicatos docentes y advirtiendo que ese liceo era uno de muchos

Con las cartas sobre la mesa y el diario del lunes a la vista podemos comprobar que el grado de cinismo que manejan algunos actores políticos raya lo siniestro y muestra su inmoralidad a la hora de hablar con el simple desafío de plantear debates que buscan dividir en momentos de crisis.

Dolorosamente nada nuevo bajo el sol y es por eso que ante este escenario debemos zurcir el dañado tejido social que heredamos y sudar la camiseta hasta el último minuto, colocando el bienestar de los uruguayos por encima de todos los discursos que buscan dividir al país.

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