La olla de los relatos. Por Marcelo Martín Olivera

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Un día sí, y otro también vemos a nuestra izquierda vernácula empecinada en diseñar relatos que duran lo mismo que un lirio. A eso nos habíamos acostumbrado y ya es parte del paisaje político nacional, lo que no nos esperábamos era que tendrían el valor de jugar con las necesidades de la gente.

Lamentablemente la pandemia nos pegó fuerte  y al igual que muchos países aún estamos lidiando con los efectos, principalmente con los económicos y sociales. Producto del COVID muchos uruguayos al día de hoy acuden a ollas populares para alimentarse o alimentar a sus familias.

Esto es un hecho doloroso del que todos nos debemos hacer eco, justamente en estos momentos se ve la solidaridad de los uruguayos con sus compatriotas y demostramos ser un solo país colocando el hombro para apoyar al más necesitado. Esto me llena de orgullo y es algo que NO debemos perder.

Pero hay excepciones a la regla y cuando la peor la estábamos pasando unos pocos mezquinos usaban las Ollas Populares para hacer política barata, recolectar firmas e intentar instalar relatos maliciosos ¿Pruebas? ¡Claro que tengo! Las redes sociales nos permiten acceder a un archivo casi inagotable de imágenes que valen más que cualquier columna o semanario del mundo. Y no me voy a remitir el ejemplo icónico del móvil en una Olla de Montevideo con camisetas contra la LUC, hay más y despreciables ejemplos.

Con el hambre y la necesidad de la gente no se hace política, eso es una bajeza de nivel que sin importar ideología partidaria debemos repudiar. Pero pasado el Referéndum del 27 de marzo y por intermedio de la Coordinadora Popular y Solidaria (CPS) la izquierda tenía un aliado ideal para mantener un relato. Aliado y relato que aguanto como todo lo de la izquierda: hasta que le pidieron números.

La misma CPS se opuso a dar la información solicitada desde el MIDES por intermedio de una asamblea, esto fue catalogado como una «decisión política» de parte de la misma Coordinadora. Eso quiere decir que se negaban a dar información pero querían seguir recibiendo insumos como si nada, pero por otro lado el 60% de las iniciativas, que no pertenecen a la Coordinadora Popular y Solidaria, presentaron los datos “sin ningún tipo de inconveniente” según el Ministerio.

¿Eran una Coordinadora de Ollas Populares o de Ollas sin fondo? Por lo visto era lo segundo ya que una vez entregados los datos se constató que varias ollas no funcionaban como tales.

La olla de los relatos queda al descubierto dejándonos ver la mezquindad en su máxima expresión. Sabemos bien que son capaces de caer bajo, pero esto es desbloquear un nuevo límite. Es lamentable darse cuenta que algunos crearon una red de militancia activa a cambio de un plato de comida, ahora que salen a luz los abusos, falsean al grito viendo que se les termina la pachanga.

Ante este panorama la mención especial la merece el Ejército, ahora es el encargado de repartir la comida, ellos son los que siempre están presentes cuando las papas queman y en lo personal confío muchísimo en ellos. No tienen intereses políticos mezquinos y cumplen con su tarea sin importar el desprecio que muchos les tengan, que ex presidentes los cataloguen de «carne con ojos» o los relatos que se intenten instalar.

Demuestran total apego a su lema: son «la fuerza de todos».

1 COMENTARIO

  1. Excelente!!
    Cómo diría Julio Ríos mi capacidad de asombro no tiene límites y el FA me hizo dar cuenta de ello… lamentable accionar de quienes se llenan la boca diciendo que «lo primero es la gente».
    Viva el ejército nacional!!!
    Gracias por otra brillante columna…cómo de costumbre!!!

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