¿HAY JERARQUIAS PARALELAS?

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A los hombres en general, escribo en español tradicional, por lo que el término comprende a la especie humana, se nos dificulta reconocer muchas veces la legitimidad de la autoridad.

Esto refiere a cualquier ámbito de la vida, ya que desde niños nos cuesta obedecer a nuestros mayores, así como en el transcurso de la vida vamos poniendo peros o aceptando a regañadientes las imposiciones de nuestros jefes o referentes mientras cumplimos las directivas.

Pero es un dato de la realidad, que siempre estamos sometidos a alguna autoridad, ya sea la de nuestros padres, maestros, profesores, jefes laborales, autoridades nacionales, inspectores, policía, solo para nombrar algunos ejemplos.

La sociedad debe funcionar de esa manera para asegurar el cumplimiento de normas, reglas de conducta, la convivencia en nuestro hogar, o el propio Estado.

Convivimos desde hace décadas con el accionar de sindicatos que cuestionan, reclaman, exigen, sobre demandas y asuntos de la más variada índole, también la salarial o las del ambiente laboral, que deberían ser éstas últimas, las principales para su razón de ser.

También pretenden ejercer un poder desmedido, que comprende el cogobernar, esa palabra que tanto se usa. A muchos puede resultar simpática la idea de cogobernar empresas, pero la experiencia indica que el hacerlo encierra más perjuicios que bondades y ha llevado a agónicas quiebras a muchas empresas con cuantiosas pérdidas que pagamos entre todos. Zapatero a tus zapatos reza el antiguo adagio y es cierto. Para gestionar empresas hay que saber bastante y no alcanza casi nunca la experiencia sin técnica.

El poder que ejercen las fuerzas sindicales es enorme en nuestro país.

Este ejercicio incluye personas que no concurren a sus puestos de trabajo hace años, en algunos casos bien conocidos, pero que sin embargo cobran sus haberes como cualquiera, también están las famosas licencias sindicales para dedicar jornadas a múltiples actividades, hablar en radio y televisión, ir a marchas, hacer campañas netamente políticas, etc.

Decretan paros o huelgas sin ningún pudor, por calendario, sin razón aparente más que eslóganes vacíos, ocupan lugares de trabajo, pintan, ponen cartelería en el exterior e interior de cualquier tipo de establecimientos, desconocen normas y a las propias autoridades de empresas del estado o privadas.

Convivimos con el mito, que la “gente lucha y tiene derecho”, cosa que se ha arraigado de tal forma, que a veces no razonamos y esta frase nos paraliza y hasta dejamos de aplicar un poco de sentido común.

La famosa LUC intentó poner ciertos resguardos al accionar sindical, advirtiendo que el derecho de huelga debe ir acompañado del derecho a trabajar, para que aquellos trabajadores que quieran seguir con la actividad tengan esa garantía.

Cosa que por lo pronto no se ha respetado a cabalidad, ya que en estos días somos testigos de las ocupaciones de centros de estudio a ojos de todo el mundo.

Reglamentar el derecho de huelga sigue siendo una materia pendiente. Más que nada aplicar acciones decididas que combatan el miedo al llamado “carnerismo” que se ha metido falsamente en la cabeza del trabajador honrado.

También el sindicalismo vernáculo genera otros conflictos, lácteos y tantos más, que se desencadenan o promueven sobre razones espurias, perjudicando colateralmente a tanta gente, industrias y los propios trabajadores, con la incalculable pérdida de dinero de los bolsillos que menos tienen.

Sin desconocer los posibles abusos, diferencias o malas acciones que empresarios puedan tener, la mayoría sabemos o tenemos la sensación de que estamos frente a conflictos creados con el fin de mantener activa una especie de gimnasia sindical, la distorsión artificial de la vida social al hacernos convivir con el conflicto permanente.

La educación en estos días, como consecuencia de la discusión de la Rendición de Cuentas en el Parlamento Nacional y la discusión sobre la reforma educativa, pone en el primer plano el accionar del sindicalismo, el que pretende actuar e influir en las decisiones a tomar mediante un sistema que llamaremos de Jerarquías Paralelas.

El mismo consiste en instalar en la opinión pública un debate en el que se supone que esos miembros tienen injerencia, voz, opinión y derecho a que sus posiciones y propuestas sean tomadas como parte de las decisiones de gobierno.

Entendemos, que se desnaturaliza el rol y función que los sindicatos o gremios tienen, al querer asumir acciones ajenas a su responsabilidad y eso no puede ser negociable.

La izquierda perdió el gobierno, pero pretende gobernar desde la barricada, a la fuerza y tiene todo un sistema que apoya esta autoridad paralela.

Reclaman ser tenidos en cuenta en esas instancias, desconociendo lo que se llama “principio de autoridad”, el que es jaqueado y bombardeado permanentemente y peor aún, atacando al propio sistema democrático, el que, de acuerdo con nuestro orden institucional, cada cinco años elige a sus autoridades mediante el voto obligatorio de la ciudadanía como legítimos representantes de su autoridad soberana. El soberano dice no y el sindicalismo dice sí. ¿Quién Gobierna?

En un artículo anterior ya hicimos mención, que, en el caso de la Universidad, la ley orgánica de 1958 instaló el famoso cogobierno, el que creemos actúa como una especie de “caballo de Troya” dentro del propio sistema. Es una herencia del Cordobazo argentino y no ha dado buenos resultados aquí ni allá.

Un cogobierno del que participa tanta gente, que hace que la burocracia y la politización sea un campo fértil donde los grupos más organizados actúan casi a discreción, con décadas de militancia y agitación.

Es la semilla de la militancia zurda a la que sucumben los incautos estudiantes dando por hecho el anti sistema. Aprenden militancia como valor de vida, antes que la formación ciudadana que debería dárseles.

El campo universitario ha sido siempre un área de conquista de la izquierda como objetivo a nivel mundial, no solo en Uruguay.

Porqué allí se forman las élites pensantes, los profesionales de todas las disciplinas, los que seguramente serán los dirigentes en todos los quehaceres.

Piense lector, porque la mayoría de las movilizaciones, marchas, protestas, tienen como punto de partida la propia Universidad.

Desde allí han salido todos los dirigentes revolucionarios, de todos los movimientos alrededor del mundo, allí se forman, desde allí se expanden, desde allí influyen.

No sería lógico que uno vaya a una academia de conducir y termine determinando como y que cosa debe hacer el instructor.

Bueno, en la Universidad los estudiantes participan del gobierno, cuando se supone que su rol es ir a aprender, lo que no parece algo saludable ni lógico.

Se toma el co gobierno como algo natural y conveniente, lo defiende la mayoría del sistema, porque oponerse es algo que se calificaría como políticamente incorrecto, dejando que así funcionen tantos mitos en el Uruguay.

Pero en esta especie de mundo del revés, también se comprueba en tantas empresas, en que las directivas que se dan, o disposiciones que se pretenden aplicar, son cuestionadas, discutidas, tratadas por los gremios, que, la mayoría de las veces deben ser modificadas o retrasadas en su puesta en ejecución.

Esa práctica laboral le resta eficiencia y rendimiento al trabajo nacional y nos hace poco competitivos si nos comparamos por ejemplo con los colombianos o peruanos, españoles o suecos. El obrero uruguayo rinde poco, es la queja del empresario extranjero acostumbrados a entornos más productivos.

Es conocido, las empresas que han abandonado el país al no poder dirigir sus propias operaciones ante la prepotencia e injerencia sindical en su pretensión de dirigir a la par.

¿Porque acontece esto? Porque funciona ese sistema de jerarquías paralelas que pretende, esa perversa incidencia o cambio en las decisiones de las autoridades legítimas, violando en forma ostentosa sus roles de supuesta “defensa de los intereses de los trabajadores”.

Muchas veces, una complicidad implícita de las autoridades pretende calmar las demandas cediendo a las mismas, lo que generalmente se traduce en la ganancia de espacios y poder para los gremios, que pretenden sentarse en la mesa de la toma de decisiones.

El Ministerio de trabajo durante quince años fue el ámbito para que los sindicatos cogobernaran con los empresarios sus propios proyectos.

Ver a profesores junto a alumnos en acciones de ocupar centros educativos, violando impune y torpemente las normas y leyes, nos pone frente a un espectáculo lamentable, en una rara mescolanza de roles y responsabilidades.

Se habla de recortes y de falta de recursos para esta rama de actividad desde hace décadas, acompañado de un coro de legisladores, operadores políticos, medios, etc. que se suman al reclamo.

El utópico sueño de los soviets y la autogestión comunista se enciende en estas mentes “revolucionarias”, a las que se les ha hecho creer, que puedan gobernar, torcer decisiones y ser sentados en las mesas de tomas de decisiones de cualquier ámbito.

La pirámide de la toma de decisiones en las organizaciones es un punto medular, para el sano funcionamiento de estas.

Por más que se achaten por imperio de la tecnología, las organizaciones siguen siendo piramidales. Por más que los obreros de la base sean capaces, hay siempre gestores y decisores de niveles técnicos y de estrategia comercial o competitiva con roles administrativos.

Esto acontece hasta en la organización más simple como puede ser la familia, donde los padres deciden sobre los gastos, inversiones, educación, recreación, etc. y no los hijos pequeños sobre el rumbo que se debe tomar.

Algo tan claro y de sentido común, parece tener que ser sometido a una desvergonzada inversión o puesta de patas arriba en el resto de la sociedad, en todo tipo de organizaciones, donde se promueve y alienta una notoria inversión de roles.

Para edulcorar o dar legitimidad a estas acciones, se las presenta ante la opinión pública, como la “necesaria participación de los involucrados”, “se les consulte a los que saben” y tantas otras frases de tipo emocional para que el oyente compre. Puro márketing de lo políticamente correcto.

Nada de esto es real, agitadores y cuadros debidamente adoctrinados, estarán prontos para desde adentro influir, cambiar, presionar y pretender ser una jerarquía paralela que opera a favor de intereses políticos definidos, los de la izquierda.

Existen hoy en día, los sistemas de gestión de calidad, donde los trabajadores participan genuinamente en cambios, sugerencias y propuestas, llevadas a cabo en ámbitos apropiados, que permiten la intervención controlada y racional de los que llevan a cabo las tareas en coordinación con las directivas.

Se comprueba en cualquier conflicto, que minorías organizadas, adoctrinadas ideológicamente, son quienes dominan a las mayorías desorganizadas, que, a pesar de ser más en número, como no cuentan con ninguna organización, quedan a merced de la voluntad de aquellos, inertes, sin reacción.

Así hoy somos testigos, como miles de estudiantes pierden su continuidad en clases, muchachos del interior que ven como esa pérdida en periodos de exámenes, no solo retrasan sus estudios, también generan pérdidas económicas por la prolongación de sus estadías.

Esto es un déficit histórico de las dirigencias de los partidos tradicionales, quienes han dejado todo un terreno, espacio y lo peor, no han preparado ideológicamente a sus militantes para que estén en condiciones de debatir, rebatir y competir por ciertos espacios gremiales en manos ya monopólicas casi.

El que quiera incidir en el orden nacional y cambiar las realidades económicas y sociales, debe formar un partido político o integrarse a uno y someterse a elecciones democráticas, las que le permitirán desde el parlamento actuar, legislar y eventualmente gobernar.

Es hora de ponerse a trabajar para revertir esta realidad que estrangula tantas actividades nacionales, es necesario volver a respetar el orden institucional que producen las elecciones y sus legítimas autoridades, haciendo retroceder a los sindicatos para que ocupen el lugar correspondiente a sus roles.

Mientras esto no se haga, para lo que se necesita ejercer la autoridad legítima respetando y aplicando leyes y normas, no se podrá volver a que funcionen las instituciones sin la injerencia e intervención de jerarquías paralelas.

Daniel García

8 COMENTARIOS

  1. La izquierda nunca se fue…ellos son menos pero más organizados…mientras estén los orientales que se mantengan al margen y que digan yo en política no me meto y no me importa…. el cáncer latente estará ahí para atacar la Nación !!!!
    Saludos D.G…gracias por tu nota semanal.

    • Muchas gracias Claudia por el comentario, el que se aprecia y comparte. Es un debe que tienen las fuerzas democráticas y republicanas. Ardua labor tenemos por delante o sea, revertir y hacer que la gente participe, discuta y pelee por sus convicciones. Un gran saludo!

  2. Concuerdo, (seguramente al igual que la gran mayoría de los lectores) en el «diagnóstico» de la «maldita enfermedad»(eje de esta nota), la cual, lamentablemente suele ser «terminal». De igual manera entiendo la imperiosa necesidad de encontrar el «antídoto». Vivimos esperanzados en que esto, alguna vez tenga un cambio radical. En lo personal, la esperanza se reduce a la mínima expresión. Lo he «vivido» (sufrido patoterismo) por décadas, tando desde mi posición de empleado como de pequeño empresario), con gobiernos de todo signo y color.
    En el ámbito de empresas privadas hemos visto desde pérdida de mercados hasta el cierre de muchas de ellas debido a sus «aspiraciones» desmedidas; no dudo muchas veces «pergeñadas» desde el exterior, como bien pueden ser los acuerdos en «los Foros de San Pablo»… Detallar los antidemocráticos métodos utilizados, (diría hasta delictivos) resultaría voluminoso. Lamentablemente no le encuentro salida, ni con la LUC vigente, y menos con la sumatoria del gobierno de oposición ➕ el poder sindical.
    Un gusto leer sus artículos…
    Lamento mi pesimismo.
    Hebert

    • Muchas gracias Hebert por los comentarios. Ponemos en alerta de lo que entendemos acontece, pero pedimos a las dirigencias de los partidos tradicionales que tomen acciones dirigidas a la reconquista de espacios perdidos. Si no hay acciones todo seguirá igual.
      Cordial saludo

  3. Daniel García. Es así. en nuestro país hace más de 15 años ,que se han olvidado de la palabra Deber. Estamos tolerando y sufriendo esta triste realidad ,desde la década de los 60.Ante la mansa mirada de la mayoria de los uruguayos ,hemos ido perdiendo espacio.La mirada HEMIPLEJICA domina toda la Enseñanza. Debemos reaccionar ante que lastenebrosas aguas ideologicas de esta Izquierda recalcitrante nos pasen por arriba .Cada vez más debemos hacer escuchar nuestras voces y hacer deslizar nuestra Pluma para que se convierta en un grito de Alerta y de Esperanza. SALUDOS.

    • Entiendo correcto hacer escuchar nuestras voces, pero me temo que no alcance, y lo que se trata de evitar…, esa palabrita que tanto a «ellos» les molesta y «utilizan» para llevar agua para su molino llamada represión, sea necesaria, evitando la difícil misión de no generar nuevos «mártires» para que no se victimicen aún más…

      • Muchas gracias Jaque Mate. La predica de lo políticamente correcto ha paralizado las respuestas necesarias para poner las cosas en su lugar. Las acciones que llevan a cabo desafiando la autoridad, es obvio que buscan lograr alguna victima para redoblar y justificar más su causa.
        Cordial saludo

    • Muchas gracias Maria Celia. El campo educativo ha sido abandonado históricamente a una izquierda activa. Sus objetivos los tratan de cumplir sin restricciones y con la decidía de quienes deberíamos ser más activos y dar la batalla cultural.
      Cordial saludo

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