LA VIEJA TRENZA… Por Nelson Jorge Mosco Castellano

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El Doctor Sergio Abreu en su libro: «La vieja trenza, la alianza porteño – lusitana en la Cuenca del Plata (1800- 1875)», realiza un análisis de geopolítica regional en clave histórica, y además, crea una importante herramienta para entender la actual encrucijada de la inserción internacional del país.

Descolla en el siglo XIX la predominancia de dos actores fundamentales para el Uruguay: el peso de los intereses de Buenos Aires, y los de Río de Janeiro. Pero lejos de concebirlos en permanente oposición, la historia de nuestra región arroja luz sobre las múltiples ocasiones en las que, los dos centros de poder defendieron sus intereses comunes contra los de los otros dos actores de menor peso: el Paraguay, y el estratégico territorio que terminó conformando al Uruguay.

Sabido es que la necesidad de expansión del Imperio lusitano hacia el sur respondió a una añeja voluntad conquistadora. Pero también, a un imperativo económico y geopolítico estrechamente vinculado a la salida al mar de su región productiva del suroeste. Por otro lado, la voluntad bonaerense de limitar el desarrollo del puerto de Montevideo tenía intereses económicos porteños concretos. Pero también, era necesaria para asegurar cierta unidad política centralista siempre puesta en tela de juicio por las ideas federales de José Artigas que tan hondamente habían prendido en las provincias del litoral argentino.

En carta a su lugarteniente Pancho Ramírez, caudillo de Entre Ríos, Artigas señalaba: «Es preciso desbaratar esa maldita combinación de portugueses y porteños. Estos no piensan más que en nuestra destrucción y por ella no perdonan medio, aunque sea el más inicuo». Artigas enfrentaba por esos años la invasión del ejército imperial lusitano apoyada por el Directorio porteño, que terminaría con su derrota y exilio en 1820. Y expresa lo siguiente en otra carta:

“Señor D. Martín Güemes. Mi estimado paisano: El orden de los sucesos tiene más que calificado mí carácter y mi decisión pues el sistema está cimentado en hechos incontrastables: No es extraño parta de este principio para dirigir a Ud. mis insinuaciones cuando a la distancia se desfiguran los sentimientos y la malicia no ha dormido siquiera para hacer vituperables los míos; pero el tiempo es el mejor testigo y él admirará ciertamente la conducta del Jefe de los Orientales. Yo me tomo esta licencia ansioso de uniformar nuestro sistema y hacer cada día más vigorosos los esfuerzos de América. Ella ciertamente marcha a su ruina dirigida por el impulso de Buenos Aires; sería molesto en hacer esta narración fastidiosa que forma la cadena de nuestras desgracias y de que todos los sensatos se hallan convencidos. Su preponderancia sobre los pueblos le hace mirarlos con desprecio y su engrandecimiento le sería más pesaroso que su total exterminio. Las consecuencias de este principio son palpables en los resultados, y abatido el espíritu público nada es tan posible como nuestro anonadamiento. Por fortuna los pueblos se hallan hoy penetrados de sus deberes y su entusiasmo los hace superiores a los peligros… Estoy informado de su carácter y decisión y ello me empeña a dirigir a Ud. mis esfuerzos por este deber: Contener al enemigo después de la desgracia de Sipe-Sipe debe ser nuestro principal objeto. Por acá no hacemos menos esfuerzos por contener las miras de Portugal. Este gobierno rodeado de intrigantes duplica sus tentativas pero halla en nuestros pechos la barrera impenetrable. La fría indiferencia de Buenos Aires y sus agentes en aquella corte me confirma de su debilidad. Nada tenemos que esperar sino de nosotros mismos. Gracias al cielo que protege la justicia: nuestro estado es brillante y los sucesos dirán si se hace respetar de todos sus enemigos. Por ahora todo nuestro afán es contener al extranjero, pero si el año 16 sopla favorable ya desembarazados de estos peligros podremos ocurrir a los del interior que nos son igualmente desventajosos. Entonces de un solo golpe será fácil reunir los intereses y sentimientos de todos los pueblos, y salvarlos con su propia energía. Entre tanto es preciso tomar todas las medidas análogas a este fin. Yo por mi parte ofrezco todos mis esfuerzos cuando tengo el honor de dirigirme a Ud. y dedicarle mis más cordiales afectos. […] José Artigas, Purificación, 5 de febrero de 1816”.

Ha de reconocerse que los tiempos actuales son distintos. Sin embargo, este notable trabajo histórico permite calibrar hasta qué punto son equivocadas las dos perspectivas que quieren situarnos en una lógica de dependencia, ya de Buenos Aires, ya de Brasilia: la maquinación ideológica latinoamericanista utópica de la patria grande, por un lado, la peregrina idea de viajar en el «estribo de Brasil» por el otro. Es que la defensa de nuestro interés nacional exige entender que porteños y lusitanos han tenido, desde siempre, intereses propios que sostener, y que casi nunca han coincidido con los del Uruguay, ni en particular, con los de su puerto de Montevideo. Si, como se sabe, la geografía es la madre de la Historia, es evidente que nada ha cambiado en los lugares relativos que ocupan hoy los actores de la cuenca del Plata.

Enfrentado a esta trenza de intereses que perjudicaba a la Banda Oriental, los acuerdos comerciales (y militares) de Artigas con Inglaterra y Estados Unidos también cobran nuevo interés. Ciertamente, ya tuvieron una concreta expresión nacionalista en el siglo XX, con aquella conocida frase de Herrera de que conviene al Uruguay tener amigos «lejanos y poderosos». Pero hoy, cuando Buenos Aires perjudica el movimiento portuario en Montevideo y nos quiere «de rodillas» (y también al tráfico marítimo con bandera del Paraguay), y cuando los puertos del sur del Brasil se ven beneficiados por esa decisión porteña ya que cuentan con un acuerdo bilateral con Argentina, la mayor apertura hacia potencias exteriores a la región tiene que ser revalorizada.

Aun así, no podemos abandonar el Acuerdo regional que nos constriñe, y a la vez amplía nuestra capacidad negociadora: “patear contra el clavo puede dar tétanos”.

NUESTRO INGRESO AL SIGLO XXI

En un mundo errante de liderazgos, absolutamente turbulento, seguramente la mejor política exterior que podemos desarrollar es “amigo de todos, aliado de ninguno”. De Tucídides hasta Kissinger, el concepto de alianzas tiene que ver con las obligaciones militares. Con los demás somos socios, hermanos, amigos, colaboradores, nos integramos, pero aliados hemos tenido muy pocos, e históricamente han sido siempre los mismos cuando las papas queman.

Hay tres confusiones más importantes que en este momento caracterizan la política y la economía mundial. Ucrania está siendo carne de cañón de una invasión rusa obviamente ilegal, que va contra los fundamentos más importantes de la Carta de las Naciones Unidas, pero que expone que los americanos y europeos no fueron capaces diplomáticamente, en desarrollar una praxis diplomática como para que Rusia se sintiera protegida en sus fronteras. El conflicto entre Rusia y Ucrania, consolida la posición de EEUU en Europa. La OTAN es los EEUU coordinando esa alianza militar con los Estados Europeos.

La segunda gran disrupción del sistema geopolítico mundial es el conflicto hegemónico entre China y EEUU. China demoró 40 años en fortalecerse y transformarse en una potencia de primer rango, ganando poder político, económico, tecnológico, financiero, y así comenzar a querer cambiar las reglas, imponer sus puntos de vistas y sus preferencias. Durante un período largo había aprovechado la apertura del mercado norteamericano y las reglas de juego internacionales, con subsidios e incentivos, con una serie de políticas industriales colusivas no permitidas. Hicieron lo que Japón en la década del 50 y el 60, pero China del 90 al 2010 lo hizo con esteroides. Transformaron su país y le dieron un poderío económico, militar, comercial muy importante.

Ahora, cuando miramos el mapa mundial, nos tenemos que preguntar si la globalización se para. Quizás el problema más grave para el crecimiento chino, es que los norteamericanos que crearon el sistema de la globalización ahora se vuelven su oponente; se vuelven nacionalistas. Promueven políticas industriales propias, comienzan a dar incentivos, ventajas en créditos fiscales en gran escala. Han hecho tres programas que juntos suman varias veces el PBI de varios países latinoamericanos que implican montos gigantescos de subsidios a ciertas industrias importantes de la Defensa, o de la tecnología avanzada. Ramas en las cuales los chinos compitieron y avanzaron con mano de obra esclava y subsidios, a la que ahora los americanos les quieren poner un límite, compitiendo con ellos. Quieren volver a dominar en esas áreas, demostrando que aún son más fuerte y más sólidos que su creación competidora.

Los EEUU crearon la globalización, son los padres de la globalización después de la Segunda Guerra Mundial. La globalización dio la posibilidad de que 85 % del transporte mundial de mercaderías vaya por barcos. EEUU es la potencia naval más importante del mundo con 11 portaaviones, contra 17 en total en el mundo, capaz de mantener el tráfico comercial en cualquier parte del mundo. El secreto de la globalización fue que había países que tenían costos laborales mucho más bajos, por lo tanto, se podían crear cadenas de aprovisionamiento, cadenas de suministro donde alguien daba la tecnología, el diseño de idea, y otro daba la mano de obra, y se favorecían todos por el bajo costo de la mano de obra. Eso fue lo que le dio a Japón, a Corea después, y lo que le ha dado en los últimos años a China el poder tener este gran boom económico. Han combinado su capacidad de proveer mano de obra barata, orden social, disciplina social, control político; un paquete que le ha permitido acumular capital y progresar.

Los EEUU proveyeron a la globalización, además, la estructura de abrir su mercado, las finanzas internacionales, y el rol del dólar como moneda operativa, sin la cual no hubiera habido globalización.

LA VUELTA ATRÁS

Ahora los EEUU decidieron cortarla con el presidente Trump, y lo confirmaron con Biden. El discurso pronunciado en Washington a finales de abril por Jake Sullivan, asesor de seguridad nacional del presidente estadounidense, es fundamental para el futuro de EEUU, las relaciones entre EEUU y China, y el sistema geocomercial. Sullivan expresó renovadamente el compromiso de la administración de aplicar una «política exterior para la clase media». Muestra hasta qué punto el espectro de un corazón estadounidense vaciado, influye en la forma en que esta Casa Blanca piensa sobre la relación entre el comercio, la economía y la seguridad nacional.

Explica por qué los EEUU tienen que abandonar todo el proyecto de globalización anterior, desarrollar políticas industriales, proteger a su sector industrial, incentivar las tecnologías, y fundamentalmente, construir una economía mercantilista. Retornar a lo que habían sido las economías antes de la Segunda Guerra Mundial. Estamos viviendo los albores de aquel mundo que nació después de 1945, que está cambiando, volviendo a parecerse al mundo del Siglo XIX, donde no había instituciones multilaterales. No existía la OMC, no existía el GATT, no existía el FMI, no existía el Banco Mundial. Desarmar el mundo uno que creímos ingenuamente surgiría luego de la caída del Muro de Berlín.

En aquel mundo se produjo el gran boom de los países de la cuenca del Plata en el Siglo XIX. Fueron los Acuerdos de Amistad, Navegación y Comercio y tenían un capítulo de migraciones. Fijaban las reglas básicamente en dos cláusulas: trato nacional y nación más favorecida, que estaban incluidas en todos esos tratados. Y el mundo funcionó así. Argentina y Uruguay lo aprovecharon y se transformaron en países desarrollados, no porque hacían esos tratados, sino porque podían ofrecer alimentos, un territorio para hacer inversiones, un territorio para recibir inmigrantes, que era interesante para los países que querían esos productos.

TIEMPO BISAGRA

Estamos en un tiempo bisagra, en el cual los chinos han creado un mundo que no es a imagen y semejanza de los norteamericanos, pero que es muy poderoso. Los norteamericanos están reculando de la globalización claramente. Acaban de firmar tres o cuatro acuerdos bilaterales que son acuerdos tipo del Siglo XIX, adaptados a las circunstancias actuales, pero que podrían llamarse de navegación, comercio y amistad, como los de aquella época, si bien incluyen temas actuales como temas laborales, el medio ambiente, controles fiscales y de corrupción, temas más contemporáneos. Son acuerdos país a país, que están sustituyendo los grandes acuerdos grupales como los de la década del 90 al 2000, que no están de moda, que ni el Congreso Americano ni los europeos quieren firmar.

Estamos en los umbrales de una nueva forma de organización económica mundial, donde hay menos globalización que antes en algunos sectores, y donde la forma de acordar y renegociar con otros países se modifica. Los uruguayos tenemos un enorme desafío y una gran oportunidad: identificar cómo negociar, montar una estrategia política exterior en un mundo diferente en que los Acuerdos y las formas de ponerse de acuerdo son también diferentes. La vieja trenza podrá ser un ancla, pero en esta nueva oportunidad, nada tenemos que esperar sino de nosotros mismos.

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