Levantando la mirada. Por Antonio Jung

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En el mundo pasan cosas de mucha relevancia, pero acá en la «aldea» casi ni nos enteramos, y si nos enteramos les damos poca importancia y parece que nadie piensa en las consecuencias que pueden llegar a tener esas cosas que pasan.

En estos días ha habido novedades importantes, y más que sorpresivas, en la invasión de Rusia a Ucrania. Los ucranianos no solo resistieron tenaz y heroicamente durante meses la invasión – y con bastante éxito ya que, por ejemplo, frustraron el objetivo de Rusia de tomar la capital Kiev hasta hacerlos desistir definitivamente de ese propósito – sino que ahora hasta se atrevieron a lanzar contrataques. Y hete aquí que, oh sorpresa, están resultando sumamente exitosos. Al punto que en pocos días han recuperado varios miles de km2 de territorio ocupado por los rusos y han hecho que Rusia se retirara de enclaves estratégicos como Izium, Balaklia y el próximo en la lista parece ser Kúpiansk. Los reportes no desmentidos hablan de miles de soldados rusos en retirada incluso abandonando equipos, tanques y armamento.

¿Cómo puede ser esto posible dado el tremendo desbalance de poderío bélico entre Rusia y Ucrania? La explicación parece ser una sola: la Moral. Mientras los ucranianos desde el día 1 se mostraron dispuestos a luchar y dar su vida por su libertad y su independencia a los soldados rusos los llevaron engañados a lo que les dijeron que sería casi un desfile militar y que en Ucrania los recibirían con aplausos y los brazos abiertos. Se encontraron con una realidad muy distinta y hoy el gran problema, el peor enemigo, de las fuerzas rusas es el descontento y el desánimo de sus tropas.

Casi como lógica y esperable consecuencia de estos reveses, crecen en Rusia internamente las voces que cuestionan a Putin. ¿Hasta dónde llegará ese descontento? Y sobre todo ¿hasta dónde llegará Putin si se siente acorralado? No hay duda que lo que sea que pase afectará al mundo entero.

Si de novedades hablamos sin duda la noticia que ha acaparado la atención mundial ha sido el fallecimiento de la Reina Isabel II, monarca del Reino Unido y la Commonwealth. Pero que haya sido «la noticia» de estos últimos días no necesariamente significa que todos entiendan las implicancias que esto puede tener. La Reina Isabel era una figura simbólica que – por sus propios méritos como personalidad, carácter y habilidad política – funcionaba como el «pegamento» que mantenía unido su reino y la comunidad de naciones amigas. Sabido es las «ganas» que tiene Escocia hace rato de independizarse. Si hasta ahora no lo hizo ha sido sin dudas porque ese símbolo común que era la Reina lo evitó. Algo parecido puede decirse de la fidelidad al Reino Unido de algunas de las naciones que integran el Commonwealth.

Una vez que pase la conmoción y el dolor por la pérdida de la «madre o abuela de todos» como la llamaban, ¿podrá el Rey Carlos III cumplir el rol de «pegamento» con la misma eficacia que su madre? Parece muy difícil que así sea. Y si así no fuera podríamos asistir en un futuro próximo a cambios dramáticos que también tendrán su impacto en el mundo entero.

¿Y por acá? Por acá en la aldea mientras tanto estamos enfrascados en ásperas discusiones sobre si la cajilla de los cigarrillos debería seguir siendo solo dura o si puede ser también blanda y el «terrible» efecto que eso podría causar en la salud pública o haciendo escándalo porque un jerarca de gobierno perdió los estribos por un minuto ante el acoso de una reportera de un medio claramente politizado y empeñado en hacer oposición cerril al gobierno.

Parafraseando a un gran periodista, Jorge Traverso, «¡así está el mundo amigos!»

Antonio Jung
Setiembre 2022

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