LOS RESENTIDOS, DE LIBRES A ESCLAVOS. Por Joise Morillo

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Hasta ahora, todos los despotismos marxistas han sido comandados por resentidos sociales. Según Hilda Molina (Morejón, 1943, Ciego de Ávila, Cuba) Neurocirujana, exdiputada disidente cubana, todos los resentidos del mundo sienten una empatía inusual por Fidel castro a quien; la doctora, califica de sociópata y narcisista dañino. 

Javier Milei (actual presidente de Argentina) afirma que los socialistas son resentidos enfermos del alma. 

El resentido tiene como característica principal una inconformidad corrompida que va más allá del miedo natural a morir y de un genuino instinto de conservación. El motivo de esta forma de comportamiento la constituye una estética dionisíaca contemplada en algo que se podría llamar voluntad de poder. O sea; este, maneja un proceso egoísta a la perfección para alcanzar su ansiado objetivo de libertad de decidir para sí y para otros. 

No obstante, está voluntad de poder exacerbada en diligencia morbosa y pasión, se transforma en capricho antes que, en tenacidad, de modo que, quien presenta esta conducta; como está ciego ante sus errores, pretende no permitir ser esclavo de un poder superior para convertirse en esclavo de sí mismo. 

El resentido en el subconsciente contiene dos elementos que anidan perversidad, son: complejo de inferioridad y megalomanía, ambos elementos, en la medida de su potencia se sazonan o complementan con narcisismo, hipocresía y envidia, de modo que por motivo de adquirir la primera oportunidad de poder -por muy limitado que sea- le aflora toda esa gama de máculas solapadas, representadas por un complejo de superioridad que desenmascara su vileza. 

En este punto el resentido se muestra pródigo, todo lo que está a su alcance lo despilfarra para crear una imagen mesiánica de poder con bondad. El problema de esta conducta radica en que no discrimina la propiedad ni el valor relativo de las cosas para desarrollar ese despilfarro. En pocas palabras, el único valor que reconoce es el valor de uso de las cosas mientras que el espiritual queda ausente ante la indignación del más común consciente. 

El resentido utiliza la falacia disfrazada con argumentos sofistas y eufemismos que ofenden con sarcasmo y descaro la inteligencia de un sector del mundo y convence con cantos de sirena a otro ingenuo y crédulo que ignora la capacidad de maldad que anida en él para obtener fama, gloria y poder. 

La mentira es el alma de su discurso, la misma lo convierte en esclavo de sí mismo porque temeroso a ser descubierto se blinda de adláteres y cancerberos que le protejan. Por lo cual, desconfiado, no hace ningún movimiento en paz y libertad. 

Si algo bueno tiene la literatura de Ágnes Héller; (filósofa marxista húngara 1919-2019) podría decirse, es una reflexión en su “Sociología de la cotidianidad” que señala lo siguiente:  

“El que no se desprende de sus prejuicios artísticos, científicos y políticos acaba hundiéndose incluso personalmente” 

Si embargo, Contrario a esto anterior -como bandera de las demagogias tal que marxista- afirma que una mentira a tiempo en el discurso político es más beneficiosa que una verdad. 

Opuesto a Héller, la idea platónica rechaza en su obra “La República o el Estado” a la mentira, incluso a la poesía por su metáfora enajenante y embustera y, para evitar el acobardamiento en los jóvenes. En este contexto habla en apoyo de una sola posibilidad de usar la mentira de carácter contingente, cito: 

“Acaso, como una medicina que sirve para alejar un mal, resulta útil contra los enemigos y cuando los que llamamos amigos se disponen a hacer algo malo movidos por la locura o la insensatez».  

O sea, la mentira es una herramienta usada cotidianamente por el resentido con poder. 

Hasta ahora, el resentido se ha percibido como un holgazán de oficio potencialmente megalómano que ha logrado el poder. Un parricida platónico que sumerge a su propio pueblo (padre) a un caos de existencia. Ergo, somete a su dependencia a la comunidad que le ha dado apoyo. Por ende, a una total miseria moral y espiritual. En otro ambiente, el resentido doméstico cae en lo absurdo kafkiano sometiendo su propia vida y la familia a la indigencia. 

El resentido sufre diferentes clases de discriminaciones entre ellas la étnica y la social siendo esta última –sin restarle fuerza a la primera- la más evidente. En su espíritu de inconformismo corrupto se respira un rechazo al mérito individual reflejado en envidia; cosa que, en un teatro de hipocresía, para hacerla pasar desapercibida, crea y promueve entre bastidores el rechazo a la obra de otros, creando disgregación con el fin de obtener un gregarismo a su favor donde él, sea el líder. Este axioma es la estética dionisíaca de la voluntad de poder del malo nietzscheano en “Así hablaba Zaratustra  

Empero, la obstinación del resentido, ávido de fama y gloria puede hacer de su vida una precipitación constante y consigo a sus seres cercanos y sanguíneos y, si no queridos, de su responsabilidad. En este caso la frustración por no obtener objetivos después de varios intentos en su proceso de desarrollo llega a los límites de lo absurdo y sin sentido arrastrando a sus séquitos y allegados al colmo de la miseria.  

Ejemplo de esto último, aunque parece reflejar el propio estatus del autor Honoré de Balzac lo narra con “En busca del absoluto” donde Baltazar Claüs su personaje principal quiere; mediante la alquimia, conseguir además de fortuna, fama y gloria. Con ello –resentido y obsesionado- arrastra a su familia a la miseria. Dicho de otro modo; a la indigencia. 

“Esto se explica si se tiene en cuenta que toda su vida Balzac aspiró a pertenecer y ser aceptado por la nobleza, mientras que al haber vivido entre la clase burguesa y la obrera conocía a la perfección todos sus vicios y defectos, por lo que los podía retratar en sus obras con un gran realismo; mientras que a la nobleza la ve idealmente, lo que en parte trastoca su deseo de crear una literatura realista.” (Fuente del último párrafo: Wikipedia). 

Joise Morillo 

[email protected] 

Venezuela -USA  

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