VIOLENCIA EN DURAZNO: LA MARCHA QUE MARCA PUNTO DE QUIEBRE. Por Marcelo Martín Olivera

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Durante la noche de Navidad en Durazno, muchas familias se reunían en un ambiente de celebración y armonía. Luego de disfrutar de la cena de navidad muchos disfrutábamos de la conversación posterior a la velada familiar. Otros más jóvenes se preparaban para disfrutar de un baile con sus amigos, sin imaginar que se iban a enfrentar a a la realidad producto de la inseguridad en nuestra sociedad. Un tiroteo deja como saldo una joven duraznense gravemente herida y a los pocos días la respuesta de la sociedad fue una marcha multitudinaria por la ciudad.

Este trágico incidente, no es un hecho aislado, sino más bien un reflejo de un problema de seguridad más amplio que ha venido creciendo en nuestras calles. Como ciudadano de Durazno, testigo de cómo el tejido social de nuestra sociedad se ve amenazado, me siento compelido a abordar esta crítica situación. A través de esta columna, busco no solo trato de dar voz a la frustración que muchos sentimos, sino también llamar a las autoridades para que busquen soluciones realistas que nos permitan disfrutar de lugares comunes para todos

Enfrentamos un desafío que requiere una respuesta colectiva, donde cada uno de nosotros, junto a las autoridades, debe jugar un papel crucial en la búsqueda de un Durazno más seguro y pacífico.

La sumatoria de tiroteos entre bandas, ajustes de cuentas y demás acontecimientos no son más que la punta del iceberg de un problema que ha estado gestándose durante años, alimentado por políticas ineficaces y un enfoque reactivo en lugar de preventivo hacia la delincuencia. Es tiempo de reconocer que las soluciones temporales y las medidas superficiales no son suficientes para enfrentar una problemática tan compleja y arraigada.

Este desafío nos llama a reflexionar críticamente sobre el rol del sistema político y de seguridad en la gestación de este clima de inseguridad. Las promesas incumplidas y las estrategias mal orientadas de gobiernos anteriores deben ser un aprendizaje, no un eterno retorno de errores. Es esencial que las autoridades actuales reconozcan y aborden estas falencias, pero también es vital que nosotros, como ciudadanía, participemos activamente en este proceso. El diálogo abierto y la cooperación entre vecinos son herramientas fundamentales para prevenir la delincuencia.

En este contexto no podemos pasar por alto la importancia de una policía apoyada y respetada, que opere dentro del marco legal y ético. La experiencia del Ministerio del Interior bajo la gestión de Jorge Larrañaga nos enseñó la relevancia del respaldo político y social a nuestras fuerzas de seguridad.

Todo esto deja a las claras la necesidad de diseñar y aplicar un plan estratégico nacional para blindar a Durazno, y a Uruguay en general, contra el crimen organizado trasnacional. Además es imperiosa la necesidad de diferenciar entre los delitos comunes y aquellos perpetrados por organizaciones criminales, sin importar su tamaño. Esta distinción no es solo una cuestión de categorización legal, sino que es fundamental para la asignación efectiva de recursos y la formulación de estrategias específicas. El crimen organizado requiere un enfoque distinto, más sofisticado y coordinado en todos los niveles, mientras que los delitos comunes pueden abordarse con estrategias más localizadas y centradas en la comunidad.

Se hace urgente la revitalización y el fortalecimiento de una policía proactiva, que mantenga un contacto estrecho y constante con la comunidad, es esencial. Una fuerza policial que comprenda las realidades y desafíos específicos de los diferentes barrios puede actuar de manera más efectiva y preventiva. Esta aproximación no solo mejora la eficacia en la lucha contra el crimen, sino que también fomenta una relación de confianza y colaboración entre la policía y los ciudadanos, un aspecto fundamental para construir una sociedad más segura y cohesiva. En este sentido, la participación activa de la comunidad es tanto un recurso como una responsabilidad en la creación de un entorno más seguro para todos.

Lo sucedido en Navidad debe ser el punto de arranque en la búsqueda de soluciones, y no un punto de obtención de réditos políticos electorales. De la misma forma debe suceder con las políticas en seguridad, deben basarse en un consenso entre los partidos políticos, entre los que aspiran a llegar a cargos ejecutivos y legislativos del gobierno. Con urgencia deben dejar de mirar las próximas elecciones y ponerse a trabajar todos juntos, dándole el apoyo que necesita la policía, devolviendo la seguridad a nuestras calles.

En última instancia, depende de nosotros, los electores, exigir la aplicación de este encuentro y hacerlo sentir en las urnas.

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