Nuestro Compromiso con Usted

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Por: César López.

Podemos establecer como regla general que para la ciudadanía toda, el carácter y el temple de un gobierno y de los líderes políticos que lo conforman se mide fundamentalmente en la capacidad (o incapacidad) que tengan para cumplir y ejecutar las promesas efectuadas durante la campaña electoral. La “promesa” debe corresponderse con un plan de gobierno, o al menos debería serlo si hablamos de política en serio. Lo único que molesta más que un político que no cumple, es un político que promete a sabiendas que no va a poder cumplir.

“El cambio sustancial y profundo, el de las conductas y sobre todo el de los grandes objetivos, el de las metas nacionales, ése está en las manos de la voluntad popular” esta cita corresponde a la introducción del programa de gobierno de la fórmula nacionalista compuesta por Wilson Ferreira Aldunate y Carlos Julio Pereyra, Nuestro Compromiso con Usted. Un compromiso con la ciudadanía, un compromiso con el cambio, un compromiso con el país. El destino no le permitió a Wilson ni al Partido Nacional cumplir su compromiso en ese entonces.

Hoy, medio siglo después, estamos frente a un gobierno encabezado por el Partido Nacional que cumple y que respeta su compromiso para con la ciudadanía. Y la prueba que respalda esta afirmación tiene número, nombre, fecha y apodo. La Ley N° 19.889, Ley de Urgente Consideración promulgada el 9 de julio de 2020, la “LUC” es la prueba fehaciente de un gobierno que en sus primeros meses de trabajo y crisis sanitaria mediante, plasmó en una Ley los compromisos contraídos con la ciudadanía durante la campaña electoral. El gobierno cumple al elaborar una ley que contiene todas las razones por las cuales el votante decidió depositar su confianza. Mismas razones por las cuales muchos otros decidieron no acompañar con el voto. Una ley suficientemente discutida, desde sus borradores presentados meses antes del ingreso del proyecto al parlamento, hasta su discusión en ambas cámaras y en el debate público. Una ley honesta, que cumple con el mandato ciudadano. Una ley popular, justa y necesaria.

Quienes apoyamos a este gobierno nacional creemos en las virtudes de la LUC y encontramos en ella la materialización de los esfuerzos realizados en favor de los cambios que necesita la república. Es una ley que ya demuestra en la realidad de los hechos algunos buenos resultados, como el descenso sostenido de los delitos en el país. Quienes no apoyan a este gobierno nacional encuentran en la LUC ese enemigo común que los une (o reúne) para ir en contra de algo en lo que no están muy de acuerdo o con algo con lo que no están nada de acuerdo, porque no es sencillo entender a la oposición. En el proceso de aprobación de la LUC, las y los legisladores opositores votaron afirmativamente alrededor del 50% de los artículos de la ley. Luego se forman dos movimientos en contra de esta ley, uno que reclamaba anular la ley totalmente y otro enfocado en 135 artículos, que finalmente fue el crisol unificador de la movilización militante. 

Movilización militante que es digna de ser destacada, porque para todos aquellos apasionados por la política existe una condición que depende enteramente de la propia voluntad, la condición de militante. Nada nos impide ser militantes de las causas que creemos justas, nada excepto nosotros mismos.

A fin de cuentas no queda claro contra cuánto o contra qué de la LUC están los líderes opositores ¿contra toda la ley? ¿contra la mitad? ¿contra los 135 artículos? tal vez lo tienen claro y simplemente no lo han podido transmitir. 

¿Están en contra de una ley o del gobierno?

Tal vez, y solo tal vez, la dificultad que tienen los líderes de la oposición para transmitir su  disconformidad contra la LUC parta de que ya nos acostumbramos al ejercicio y entrenamiento constante de una crítica displicente y despreciativa que vienen realizando desde su fuerza política desde hace mucho tiempo a esta parte. Por eso llega un punto en que esa crítica causa fatiga. Una crítica de intelectuales lúcidos, que no ven más allá de sus narices (o del muro de Berlín).

Si la LUC es algo que divide a los políticos, el referéndum es un ejercicio sano y muy necesario. En una de las mejores democracias del mundo el uso de un instrumento de gobierno directo por parte de la ciudadanía debe ser celebrado y utilizado con la responsabilidad que el mandato constitucional merece. La decisión será tomada por el soberano, por lo cual el debate debe estar a la altura.

Al pueblo todo, al gobierno lo que merezca.

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