OCCIDENTE NO ESTÁ EN PELIGRO…(II) Por Nelson Jorge Mosco Castellano

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La Argentina tuvo su propio Nostradamus. Nacido en Buenos Aires en 1898, Benjamín Solari Parravicini era un pintor y escultor con premios internacionales que decía que su mano era movida por una fuerza superior y escuchaba una voz con la que escribía sus premoniciones.

Hasta su muerte, a los 76 años, creó un total de 1000 dibujos proféticos sobre importantes acontecimientos que sucederían en la Argentina y en el mundo, que él llamaba psicografías. Existe una creencia de que muchas de sus predicciones se cumplieron como la bomba sobre Hiroshima, el atentado de las Torres Gemelas y la asunción del Papa Francisco.

Qué dicen las profecías del Hombre Gris de Parravicini y la del Dragón El «hombre gris» de Benjamín Solari Parravicini es una de las profecías más conocidas. En ella, señala que «sobre la momificada mandona, sobre las cenizas, el mandón se unirá a otra sin unirse, más serán unidos». La predicción continúa de manera inquietante: «Fuego, hambre, pestes, muerte, repite la campaña justiciera que se acerca al mundo, más aún el mundo no escucha, ni ve (contexto internacional). Viene la

tiniebla del dragón que pareció dormido (China). Viene el terror del oso que fingió amor y hermandad (Rusia, Vladimir Putin). Viene el demócrata humilde, que no lo fue nunca y viene con él la pobreza (John  Biden). Él sin albergue, y con ellos todas las explosiones de la disgregación». Finalmente, la profecía indica que «el hombre humilde en la Argentina se allega para gobernar. Él será de casta joven y

desconocida en el ambiente, más será santo de maneras, creencias y sabiduría. ¡El llegará luego de la tercera jornada!». La frase «luego de la tercera jornada» vincula la forma en que Javier Milei llegó a la presidencia, después de tres elecciones, incluyendo el balotaje de noviembre.Además, Parravicini realizó predicciones sobre eventos actuales y futuros. Predijo la invasión rusa a Ucrania y advirtió sobre un posible imperialismo chino en América Latina: China sería el principio del desborde invasor en la región hispanoparlante. El puerto en el sur de Argentina a cambio de yuanes, ASUMIDO COMO TERRITORIO EXCLUSIVO, que tomó el gobierno de los Fernández es un hecho; así como la influencia China en las dictaduras pauperizantes de nuestra región.

China se ha constituido en prestamista de última instancia para los gobiernos estatistas y dictatoriales de América Latina. Y además, en inversor inteligente ante la desesperación de esos mismos gobiernos porque la desconfianza que multiplican corre a otros inversores. La paciencia China, y por supuesto, su gigantesco poder, le aseguran gobiernos amigos permanentes, más allá de los intereses permanentes y

eternos de sus pueblos.

Los gobernantes chinos tienen muchísima paciencia. Además, como corresponde a una potencia imperialista, tiene estudiados hasta nuestros más mínimos recovecos. Comenta Dr. Ricardo Pascale que en 2019 fue invitado a dictar conferencias en China: ”Me impactó el lugar donde brindé una de las conferencias …el Centro de Estudios Chino-URUGUAYO de la Universidad de Jiaotong de Beijing… para mi sorpresa, era un centro de estudios que se dedicaba exclusivamente a Uruguay” “Había entorno a setenta asistentes, de los cuales cuarenta trabajaban en el Centro de Estudios Chino-Uruguayo. Los treinta restantes pertenecían a otros centros de estudios de países como Brasil y Argentina. Pero lo más importante es que un país de mil cuatrocientos millones de habitantes tiene un Centro de Estudios para un país que tiene la población de un barrio de Beijing”.

EL CAPITALISMO DE ESTADO CHINO

Con Xi, el capitalismo leninista de China está exportando su deflación a gran escala. China produce el 31 por ciento de los bienes manufacturados mundiales: representa el 13 por ciento del consumo total.El resto de nosotros debemos absorber el reciente exceso de capacidad de China. Si el país quiere alcanzar el objetivo de crecimiento del 5% fijado por el Partido Comunista durante la próxima década con el actual modelo de hiperinversión, sólo podrá lograrlo devorando aún más el núcleo industrial de Europa, Estados Unidos y la India. Esto es muy improbable.

Xi Jinping está produciendo una sobreinversión galáctica en todo, desde tecnologías limpias, semiconductores y acero (todos bienes comercializables que llegan a los mercados globales) para compensar la deflación de la burbuja inmobiliaria y evitar que el desempleo juvenil aumente aún más por encima del umbral de peligro político de veinte puntos. Esto es intolerable para el mundo. Y, en última instancia, es aún más destructivo para la propia China La Conferencia Central de Trabajo Económico celebrada en Pekín el mes pasado habló de promover «vigorosamente» una mayor industrialización, subrayando: “establecer lo nuevo antes de abolir lo viejo». El semanario chino Economic Observer dice que significa atenerse al “modelo de crecimiento tradicional que depende excesivamente de la inversión en infraestructura”. En términos crudos, construir más fábricas e imponer el exceso de oferta al mundo. El profesor Pettis dice que la inversión ya representa entre el 42 y el 44 por ciento del PBI. Ningún país importante en la historia económica moderna se ha acercado a estos niveles. Otros tigres asiáticos alcanzaron su punto máximo en los 30 grados antes de caer a medida que maduraban.

A finales del próximo año, China habrá construido suficiente capacidad solar y de baterías para cuadruplicar toda la demanda mundial de estos productos en 2022. Ya tiene suficientes plantas de vehículos eléctricos para satisfacer tres veces la demanda mundial. Este excedente de oferta está golpeando los mercados extranjeros con fuerza de maremoto y a precios feroces. Las exportaciones de automóviles aumentaron un 84 por ciento de enero a noviembre.A Xi Jinping le gusta la inteligencia artificial, la electrónica avanzada, la aeroespacial y la tecnología digital (cuando está bajo control total del Partido), pero está inundando el mundo con productos viejos. Las exportaciones de acero de China alcanzaron casi 90 millones de toneladas el año pasado, igual a la producción combinada del Reino Unido, Alemania, Francia, Italia y España. El superávit comercial se está acercando a los extremos observados en 2015, cuando la industria siderúrgica británica estuvo al borde del colapso. El superávit de cuenta corriente de China es oficialmente del 2,2 por ciento del PBI. Brad Setser, del Consejo de Relaciones Exteriores, dice que es el doble una vez que se analizan los datos aduaneros. Además, las reservas de divisas de China superan los 3 billones de dólares declarados. Están más cerca de los 6

billones de dólares. Se están colocando grandes sumas en el extranjero a través de los bancos estatales. Esto devalúa el yuan y le da a China una ventaja adicional en el comercio global.

Independientemente de que China esté esquivando activamente la vigilancia del Tesoro estadounidense por manipulación monetaria o no, su economía es ahora tan grande que su superávit anual de bienes de 900.000 millones de dólares está desestabilizando el comercio mundial.

Las exportaciones de China en los últimos meses han sido débiles en términos de dólares, pero fuertes en términos de volumen. Las empresas están escapando de la crisis interna recortando precios para ganar participación global. El país está exportando su deflación a gran escala.

El Banco Central Europeo dice que los precios de exportación chinos han caído un 6 por ciento durante el último año en yuanes, un 12 por ciento en dólares y un 18 por ciento en euros. Un grave shock comercial para Europa. Estados Unidos ha sido más rápido en defenderse, pero no es suficiente.

China se encuentra ahora en un círculo vicioso de retroalimentación tóxica que ella misma ha creado. Las últimas encuestas muestran que las empresas chinas están recortando aún más los precios a medida que caen los nuevos pedidos. El régimen está aplicando el estímulo suficiente para mantener la economía a flote, pero no lo suficiente como para romper un mal equilibrio. Corre el riesgo de caer en una trampa de deuda-deflación donde los costos de los intereses aumentan más rápido

que la producción en términos monetarios, elevando mecánicamente el ratio de deuda a través del efecto denominador. Los gobiernos locales chinos ya enfrentan 850 mil millones de dólares en costos anuales del servicio de la deuda.

China está apostando a una recuperación global para salir del estancamiento. Mientras moviliza al departamento de propaganda y se apoya en periodistas, blogueros financieros y académicos para hablar sobre la economía que se viene. La patología surge de la estructura del capitalismo de Estado leninista y del papel de las gigantescas empresas estatales. Xi Jinping no está dispuesto a dejar morir a estos gigantes porque son una herramienta de patrocinio y control del Partido.

UNA ECONOMÍA EN GUERRA

Si China se apega a la estrategia actual, la aritmética del exceso de inversión elevará el ratio de deuda de China del 300% del PBI al 450- 500% en una década, precipitando una crisis. Antes de que eso suceda habrá una guerra comercial global, que también precipitará una crisis.

El mundo se protegerá, ya sea formando un frente anti mercantilista o dividiéndose en bloques. Ya sea por intención, por error de juicio o por inercia, el régimen de Xi Jinping parece haber elegido una guerra comercial.

El 15 de marzo de 2023, Xi Jingping dio a conocer la “Iniciativa de civilización global”, que sostiene que los países deben “abstenerse de imponer sus propios valores o modelos a los demás y de avivar la confrontación ideológica”. Explica Pascale que: “Ello se antepone a la visión occidental que privilegia la sintonía con sus propios valores y la expansión de los mismos. El multilateralismo, tal como lo conocimos, parece no adaptarse a los nuevos tiempos. Y es muy probable que esta aproximación global transnacional que impulsa China tenga más apoyo fuera de Occidente”.

La globalización comercial, económica y financiera ha construido una interdependencia crítica multipolar. Como señala también Pascale: “En mi opinión, la globalización no va a desaparecer, pero sin duda está cambiando”.

Occidente no está en peligro. Occidente está en decadencia. Y Asia que crece, ha copiado mal la receta. Esta en ciernes otra guerra económica.

¿Podrá la globalización y la amenaza final de Asia evitarla o cambiarla?

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