PAN Y CIRCO COMO CATARSIS INDUCIDA AL OPRIMIDO. Por Joise Morillo

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En un sketch de la televisión venezolana, de protagonismo integrado por una pareja de cómicos; el supuesto marido, ante la crítica de otro derivada del guion de la comedia acerca de la conducta de la actriz que se mostraba bohemia, díscola, extraviada, y con un discurso de poesía cósmica; este decía: “ella no está loca, ella es planetaria”. 

Lo de planetaria era la parodia acerca de un comportamiento contemplativo el cual se relaciona con el amor platónico. En otras palabras, lo de planetario se debería tomar como platónico, que el actor supuestamente ha tergiversado. O sea, queda tácita una errada mnemotecnia como parte de la trama cómica.  

Así, pero como una triste “verdad” se percibe la vida en gran parte del mundo. La diferencia es el discurso; el cotidiano, en este caso es la contemplación de hambre y miseria, construida por la actividad de un sector poderoso que maneja la ignorancia, la credulidad, la ingenuidad de otro para hacerlos dependientes de su voluntad. 

No es la contemplación producida por el deseo de conocer lo estelar e hipotetizar una cosmogonía como la del filósofo Tales de Mileto (Mileto, c. 624 a. 546 a. C. Grecia jónica), que cae en un hoyo distraído mirando al cielo, sino la precipitación a lo profundo de un pozo sin fondo construido por entes malvados, diabólicos, criminales con la idea de mejorar al mundo pasando hambre en nombre de un proyecto utópico más no inefable. Sea, la homogeneidad mental. En otros términos, es la fábrica de un mundo de hombres nuevos, un mundo de esclavos, un mundo de seres enajenados que sufren su miseria basada en una realidad y no una verdad. 

Tal realidad es la percepción de algo que los presiona, que los mortifica, lo cual tiene entendido que es producido por un factor denunciado por efecto mediático, con la propaganda y el discurso de este sector organizado y poderoso mencionado anteriormente en -supuesta- función de alertar, de vindicar.  Mientras, la razón es otra, es victimizar. Este manejo de información tiene otro fin, ocultar la verdad, es un método que emerge, además del ansia de poder del malo nietzscheano, emerge de la propaganda gramsciana y el sofisma económico de Marx.  

Es un método que asesina la individualidad con cuchillo de papel, y priva al individuo de la libertad de decidir un futuro promisor, convirtiéndolo en esclavo de su propia miseria, en conformista. Sin darse cuenta, ni tener la más mínima del origen de su caos vivencial. 

A estos esclavistas, Javier Milei los llama, además de asesinos,” enfermos del alma”.  

El fin primordial de este proceso es hacerse del poder prometiendo a este sector escaso de conocimiento político, incauto y crédulo, un reparto de riquezas que ni estos ni aquellos han producido, sino otro con iniciativa de progreso y valiente que arriesga lo que tiene en un proyecto productivo a expensa de triunfar o fracasar. Esta promesa es la demagogia absoluta pues habiéndose del poder tal esperanza pasa a ser la impronta de ese limbo contemplativo de miseria que explico al principio. 

A todo este teatro de miserabilidad y miserizacion que muy bien describe metafóricamente la narrativa de Víctor Hugo (Besanzón, Francia 1802-1885), los perversos de progresismo -actualmente- le sazonan con la sátira X de Juvenal poeta romano (Aquino, 60d.C-128 d.C.): “panem et circenses” – pan y espectáculos del circo- mantienen al pueblo tranquilo. Lo malo o peor es que en el circo, quienes repartían el pan eran parte del público espectador que observaba la lucha infructuosa de gente de su pueblo para evitar ser devorado por fieras. Este espíritu servil en contra de sí mismo, se puede observar en los llamados consejos comunales y CDR de Cuba y los UBCH de Venezuela. Son organizaciones populares de barrios de esos países para espiar y denunciar a quienes critiquen la conducta cruel del gobierno que los oprime. 

El condimento de este sadismo es que: mientras el pueblo pasa hambre, el gobierno promueve actos faranduleros para los cuales se traen cantantes internacionales y se les paga contratos millonarios dizque para que el pueblo se divierta. Empero el fin es otro: es, desviar la imagen de miseria que su gobierno produce. 

Ahora bien, mi pregunta es: ¿qué pasa con el mundo, será cierto que el hombre nace bueno por inmanencia y la sociedad lo corrompe o este no es ni bueno ni malo naturalmente, sino que se comporta de acuerdo con su conveniencia? O ¿es cierto que sencillamente, el espíritu que ha nacido de este mecanismo cruel productor de miseria es la traición? 

Los políticos actuales S. XXI no se diferencian con respecto a su proselitismo de los romanos del S. I d.C., quienes según lo que critica Juvenal, diseñaron un plan desde 140 a. C. para ganarse el voto de la plebe; basado, en el clientelismo. En otras palabras, regalan comida barata y entretenimiento para lograr una alienación del pueblo que lo despoja de su espíritu crítico y, este a la vez, se siente satisfecho por esa falsa generosidad de los gobernantes. Es el mismo cuento de la gallina desplumada viva de Josef Stalin la cual por un puñado de granos se rinde a sus pies. Es una reacción que en psicología no académica se determina como efecto postraumático, donde la víctima de un secuestro o retención en contra de su voluntad -como lo ha hecho el gobierno de Cuba y lo practica el de Corea del norte que mantiene preso su pueblo en su país y los trata como esclavos- donde desarrolla una relación de complicidad y un fuerte vínculo afectivo con su secuestrador, esclavista, represor o retenedor, es el síndrome de Estocolmo. La filósofa Simone de Beauvoir (Francia 1908-1986) decía:  

“el opresor no sería tan fuerte sino tuviese cómplices entre los propios oprimidos” 

Joise MORILLO 

[email protected] 

Venezuela-USA  

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