“¿Qué pasa en Chile?”

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Los últimos años de Chile han trascendido los medios internacionales ya no desde la visión de un “país modelo” por su crecimiento económico o por su siempre criticado y alabado modelo educativo. Desde el 2019, Chile es noticia por movilizaciones sociales, un Estado y un sistema político que con retardo sale a responder a las urgencias ciudadanas y una constante polarización de la política, evidenciada en la elección constituyente y en las últimas semanas a través de los resultados electorales de las primarias presidenciales.

Los resultados de los comicios son conocidos, de siete postulantes a la primera magistratura, lograron pasar a segunda vuelta el candidato de la derecha radical, José Antonio Kast, y el abanderado del pacto de izquierda Apruebo Dignidad, Gabriel Boric. Dado que en ambas candidaturas la votación alcanzada estuvo por debajo del 30%, al obtener 27,9% y 25,8% respectivamente, se configura un escenario competitivo e incierto para ambas.

Eric Hobsbawm decía en 1994 que «las condiciones óptimas para el triunfo de esta ultraderecha extrema eran un estado caduco cuyos mecanismos de gobierno no funcionan correctamente; una masa de ciudadanos desencantados y descontentos que no supieran en quién confiar; unos movimientos socialistas fuertes que amenazasen – o así lo pareciera – con la revolución social, pero que no estaban en situación de realizarla (…) En esas condiciones, las viejas elites dirigentes, privadas de otros recursos, se sentían tentadas a recurrir a los radicales extremistas…»

Pues bien, siguiendo lo establecido por el historiador británico, parece más vigente que nunca sus palabras en la realidad chilena.

La molestia y, por consiguiente, protesta social, ha tomado cada vez más fuerza y adhesión entre quienes no se sienten representados en lo más mínimo ni por el Estado ni por la clase política, generando como resultado diferentes frentes de conflictividad, que han desembocado en la amplia impopularidad y rechazo hacia el presidente chileno, quien ya representaba a una derecha democrática. Es decir, se genera una situación de ciudadanos que no “saben en quien confiar”.

A esa realidad que se manifestó con fuerza en las movilizaciones del año 2019, y en el resultado de la constituyente del año 20, donde un gran porcentaje de la población se volcó a votar a candidatos sin historia política en la “Concertación” (conjunción de partidos que gobernó Chile desde el fin del pinochetismo hasta el 2009, la primera presidencia de Piñera) y tantos otros representantes de movimientos sociales de tintes izquierdistas. Es decir, la existencia de una idea colectiva y manifiesta “movimientos sociales que pueden amenazar con una revolución social”, que puede reflejar en el escenario político el candidato de Apruebo Dignidad, quien resultó segundo en los comicios de mediados de noviembre.

Es así, por tanto, que el “huevo de la serpiente” de la extrema derecha germina en una sociedad que carga aún la “pinochetización” de los valores y las costumbres basadas en una cierta libertad en orden.

El académico Otto Granados en una columna en “El País” responde de forma acertada a la pregunta ¿Qué pasó? (respecto a los resultados electorales de las presidenciales en Chile), y dice que “en las elecciones transcurridas desde 1999 y hasta 2021, ya no había miedo a la dictadura ni una motivación tan concreta y decisiva para el país como fue la recuperación democrática. Surgió ahora una oposición de extrema derecha que interpretó correctamente esta nueva sociología electoral y elaboró un programa sencillo, fácilmente comunicable, sin demasiadas ideas, basado sobre todo en la ley y el orden, y construido a la medida del estado anímico de un votante inconforme y temeroso en un país que dejó de ser joven y cuya edad promedio es de alrededor de los 36 años”.  

            En definitiva, la idea de “Orden”, de “Ley” dentro de un marco de “Libertad”, fue quien ganó las elecciones, que puede sintetizarse en las propias palabras de Kast, “Vamos a recuperar la paz, el orden, el progreso y nuestra libertad. A partir de hoy, cada mujer que no puede volver a su casa por la delincuencia y el acoso tiene esperanza de vivir en paz. Cada persona que ha vivido el horror en la Araucanía [conflicto mapuche] tiene la esperanza de vivir en paz”.

            Volviendo a Hobsbawm y su “caída del liberalismo”, la democracia cobija a sus monstruos, es por tanto necesario reflexionar sobre los acontecimientos pasados para buscar respuestas sobre nuestro presente.

Bibliografía consultada:

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