Sobre la justicia como parte de una cultura humana

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Por: Anonimous.

La justicia junto a la misericordia son pilares de la cultura occidental que supo construir democracia y humanidad para una vida en paz y prosperidad en un duro proceso de más de cuatro mil años. Largo fue el camino desde el código de Hammurabi, sexto Rey de Babilonia, allá por el 1750 antes de Cristo. La mundialización cultural a la que asistimos ha cambiado los códigos que nos juzgan hoy en Uruguay, sin embargo, las cámaras uruguayas aprobaron de manera unánime la iniciativa y debemos pensar que fue para mejor. A pesar de pensarlo así, la realidad golpea y muestra signos de injusticia que a esta altura son preocupantes. Acaso estamos desandando el tiempo en términos de civismo, acaso nos volvemos más bárbaros a medida que pasa el tiempo de la mano de una posmodernidad enajenante y globalizadora. Como sea el futuro está en nuestras manos y somos sus artífices.

El mundo parece en este día un incendio de verano californiano, se oyen rumores de conflicto desde los puntos más distantes del planeta. Los analistas definen la toma de Kabul como la segunda gran hecatombe geopolítica del siglo XXI, después del ataque a las Torres Gemelas en setiembre de 2001. En Chile, el país más próspero de América Latina, una Constituyente de sesgo marxista amenaza con dar por tierra a treinta años de progreso económico y social en el país andino. En Perú, un gobierno marxista también, anuncia la expulsión del empresariado extranjero, entre otras medidas desestabilizadoras. Desde Caracas a Buenos Aires se afianza un Eje socialista que busca acrecentar su poder con el apoyo de connotados carteles y los gobiernos de Rusia, Irán y China. La amenaza se cierne sobre un Brasil que, pese a su tradición positivista, no logra coordinar el poder central con el de los estados y se cierne la amenaza de un retorno de un Lula excarcelado. Son geopolíticamente hablando, los mismos vientos que soplan en Kabul, hay una nueva puja por la distribución del poder mundial en marcha y por los recursos, por el dominio del dinero y del comercio mundial. Nuestra América ha visto pasar estos vientos con su estela de pobreza por más de 500 años ya. Es hora de reconocer la tormenta y de prepararnos para enfrentarla. Necesitamos instituciones fuertes y la Justicia la primera. Pero estamos lejos. El vendaval nos agarró con las chapas todavía agujereadas por la última granizada. Se nos van a inundar los cuartos. Algunos ya salieron a buscar chalanas. 

En estas latitudes la última tormenta es más lejana, hace unos 50 años en la guerra antisubversiva. En aquellos momentos las placas continentales americana y asiática chocaron y produjeron tsunamis y terremotos que se dieron en llamar Guerra Fría, porque fue una guerra no declarada. En contraposición a la primera y a la segunda guerra, la amenaza nuclear medió esta vez para que el conflicto fuera sordo pero no por ello menos trágico.

Hoy nos estamos asomando a una nueva era de conflictos y si juzgamos por lo que pasó en el siglo anterior, su influencia se sentirá en nuestras vidas por un buen tiempo. En los 70, los gobiernos de la región no fueron capaces de dominar la escalada revolucionaria que, al influjo de Moscú, impulsó Fidel Castro desde la asociación latinoamericana de solidaridad, OLAS. En aquellos años Mujica Cordano, Raúl Sendic, Lucía Topolansky, planeaban y ejecutaban robos y secuestros, asesinatos y fugas con sus compañeros del MLN Tupamaros. Algunos de ellos alcanzaron a cumplir doce años de prisión antes de ser amnistiados en 1985. Sus muertos siguen muertos, no pudieron ser amnistiados, pero el pueblo uruguayo tiene un valor que es el perdón y ese valor es parte de uno mayor: La Justicia a la uruguaya, la grandeza del que comprende que la culpa es un poco de todos y evita la soberbia y la cobardía de exculparse. 

Los delincuentes fueron amnistiados y el Gobierno encabezado por Don Julio María Sanguinetti completó la tarea al renunciar a la pretensión punitiva del Estado sobre quienes hubieran cometido delitos en la tarea de contención de aquella guerrilla. Estábamos en la mejor tradición de humanidad a la uruguaya una vez más. El Pueblo ratificó esa ley dos veces, en 1989 y en 2009.

En el primer gobierno del frente amplio, sin embargo, el sistema cultural empezó a cambiar. Se comenzó a enviar a policías, civiles y militares a prisión por un tratado internacional ratificado, en 2006, también por el parlamento con mayoría absoluta del Frente Amplio. La justicia se quitó la venda para elegir mejor a quién condenar y a quién no, se creó una figura nueva de un fiscal dependiente del Poder Ejecutivo y se creó una fiscalía especializada en crímenes de Lesa Humanidad. Estas maniobras estuvieron amparadas en la legitimidad que dan los votos por un lado y en un principio de derecho según el cual la ley nueva sustituye a la más antigua en todo aquello en que estén en colisión, la conocida derogación tácita. 

El fondo del asunto es lo que no convence, se está cambiando el rumbo, se perdonó a un bando y se condenó a cadena perpetua al otro. La injusticia es el fondo de la cuestión. Además, nos estamos alejando de nuestra tradición de perdón, especialmente a los servidores públicos que no tuvieron iniciativa y cuyos delitos son consecuencia del exceso en cumplir un mandato del Estado. Todo eso en un contexto de hace 50 años incomprensible desde el presente.

Hace unos días corre la noticia de una nueva iniciativa de los Senadores de Cabildo Abierto al prepararun proyecto de ley que permita dar prisión domiciliaria a los delincuentes condenados mayores de 65 años, cuando sus delitos no estén enmarcados en ciertos criterios de peligrosidad para la sociedad. Se buscan los apoyos políticos necesarios. Mujica ha adelantado su apoyo a la iniciativa lo que es coherente con su posición ya expresada en 2011 y 2014, cuando era presidente. Lo cierto es que en la madrugada del 17 de agosto pasado falleció en prisión el Capitán de Fragata Juan Carlos Larcebeau de 74 años. El referido oficial de la marina uruguaya estuvo preso desde el 17 de diciembre de 2007 y ha estado más tiempo preso que ninguno de los guerrilleros amnistiados. Hay algo que está desbalanceado en el sistema y en la sociedad. Estamos perdiendo magnanimidad y humanismo y ganando en odio y sed de venganza. Estamos desandando el camino de la razón sobre la brutalidad. Los actuales legisladores parecen carecer de la grandeza que ha sido característica del pueblo uruguayo desde sus primeros pasos. 

El gobierno en su conjunto tiene la palabra, todos, coalición y frente. En sus manos queda legislar para que la justicia, en su más profundo sentido, siga siendo un valor constitutivo del ser nacional y así poder contarnos entre las naciones civilizadas.

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