CUESTIONES DELICADAS. Por Alfredo Oliú

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De las muchas cosas delicadas que manejamos en la vida, el uso debido de la palabra reviste singular importancia. Muchas veces se dice que las palabras son “buenas” o “malas” en función del contexto en que se expresan. La verdad es que yo no lo veo siempre así, al menos tengo mis dudas. Hay palabras que independientemente del contexto son “malas”, es el caso del insulto liso y llano que son esas palabras que se dirigen a una persona o grupo de personas con el afán de agraviar. Pero peor aún es cuando el insulto consiste en una vulgaridad. Yo recuerdo hace años cuando desde la vecina orilla se elogiaba a los cómicos uruguayos que no requerían del insulto para hacer reír. Sin duda eran otros tiempos. Hoy tenemos por ejemplo el incidente ocurrido en el Teatro de Verano, cuando un actor saliendo del libreto insultó a Laura Raffo y con ello a toda la colectividad blanca.  Definitivamente no se puede justificar por el contexto la expresión. Fue una mala palabra con la intención de agraviar y punto.

Admito que en este mundo “hipersensible” en el que estamos viviendo debemos tener cuidado de todo lo que decimos porque corremos el riesgo de ir contra lo “políticamente correcto”. Pero debemos también establecer algunos límites. No podemos justificar un insulto y menos sostener que como del otro lado vienen malas palabras ya es motivo y razón para responder en el mismo tono. No recuerdo que Laura Raffo haya utilizado malas palabras con el fin de agraviar a alguien pero, si hubiera sido asì, no justifica una devolución en los mismos o similares términos. En todo caso creo que estuvo bien en manifestar su desagrado y no seguir con el tema haciendo denuncias ante ningún organismo. A mi juicio, es la reacción correcta en estos casos. Está mal insultar y sobre todo en público o por personas públicas sea quien sea.

En otro orden de cosas y yendo a temas más relevantes pero delicados también, el pasado dos de marzo el Presidente de la República comparece ante la Asamblea General en cumplimiento de lo dispuesto por la Constitución en el artículo 168 numeral 5º. en cuanto expresa dentro de las competencias del Presidente: “Informar al Poder Legislativo al inaugurarse las sesiones ordinarias, sobre el estado de la República y las mejoras y reformas que considere dignas de su atención”  Hago esta precisión porque erróneamente en algunos medios se mencionó como “rendición de cuentas” y no es así. Al menos no lo es en el sentido que lo expresa nuestra Constitución. En un discurso de una hora aproximada de duración el Presidente refirió a las actuaciones llevadas a cabo en el pasado año y dentro de ellas mencionó los buenos efectos que había dado la Ley de Urgente Consideración. Hizo un repaso Ministerio por Ministerio. Y en cuanto a lo proyectado sin duda lo más destacable es la baja en los impuestos. Baja fundamentalmente de dos tipos: en forma directa o mediante deducciones. La materia impositiva es muy delicada y lo mejor siempre es consultar a los especialistas o sea: contador o economista. De manera que hago la advertencia: no soy ni uno ni otro por tanto no soy especialista. Opino como un humilde contribuyente. En tal sentido comparto la opinión generalizada que la rebaja anunciada es poca. Pero también comparto que es muy importante y explico por qué: frena una tendencia a la suba de impuestos. Tendencia que resulta muy difícil de controlar porque aprobado que sea un impuesto se le asigna siempre un determinado destino en el presupuesto nacional motivo por el cual recortarlo implica afectar alguna de las tareas que atiende el Estado. En este caso el Estado asume el recorte sin renunciar a ninguno de sus cometidos. Ello es muy importante y espero que sea la tendencia a futuro.

La oposición criticó el discurso presidencial, cosa que era de esperar, expresó que la baja en los impuestos era casi inexistente pero a la vez preguntó de donde se iban a sacar los ciento cincuenta millones de dólares que dicha baja implicaban. La respuesta surge de la propia exposición del Presidente: hay una reactivación de la economía que se refleja en la recaudación.

Y mientras todo esto ocurría, casi sigilosamente se cuela un aumento sustancial en la Contribución Inmobiliaria de Montevideo. Desde la Intendencia se señala que más que aumento es una redistribución de la carga tributaria buscando que quién más tiene más pague. Esto último es un principio muy lógico y republicano. Lo que llama la atención en este caso son los montos de los aumentos que en algunos casos llegan a un cuarenta por ciento…. ¡Cuarenta por ciento de aumento! Se me dirá: “se ve que pagaban poco” y francamente no lo sé. Pero semejante aumento en una Intendencia que pertenece hace treinta años al mismo Partido Político demuestra en el mejor de los casos incongruencias.  Sobre todo que la carga tributaria fue objeto de debate en las elecciones internas del Frente Amplio donde la hoy Intendente Carolina Cosse manifestó: “Mi foco no va a estar en aumentar la carga tributaria de los sectores màs pudientes” “Voy a necesitar inversión privada para afectar el déficit y esa inversión sale de esos sectores”. Claro está que los dichos citados fueron expresados en el marco de la elección interna para la candidatura a la Presidencia de la República, quizás referido a la Intendencia la Ingeniera Cosse no piensa lo mismo. Pero volviendo a los aumentos, ese cuarenta por ciento se aplica a las propiedades cuyo valor es elevado por la dimensión y ubicación de la propiedad. Todos imaginan “Carrasco”, “Punta Carretas”. Seguramente sí. Pero barrios como Pocitos, Malvìn por ejemplo que tienen todo tipo de construcciones no se salvan. Así por ejemplo tenemos que un apartamento de dos dormitorios en Pocitos sin garaje sufre un aumento del veintiséis por ciento. Pero hay más aún, el Edil Javier Barrios Bove explicó ante las cámaras con suma claridad las injusticias tributarias que genera este aumento. Y entre otros cito un ejemplo por demás elocuente: un apartamento en Dieciocho de julio y Tacuarembó paga un aumento de casi el cuarenta por ciento. Y agregó un dato relevante: esta modificación trae aparejado un aumento sustancial en la recaudación de la Intendencia por concepto de Contribución Inmobiliaria. Creo que allí se desdibuja la imagen justiciera dando paso a la voracidad fiscal que se hace muy difícil revertir luego.

En fin, sin duda hay cosas muy delicadas en la vida pero la palabra y los impuestos tienen un lugar privilegiado en la escala.

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