De cafishos a alfajores, te defendemos si sos compañera. Por Marcelo Martín Olivera

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Lo hicieron de nuevo, encontrar otro rincón del chiquero con suficiente barro para dar rienda suelta a su desprecio por todo aquello que no dependa de un sindicato o del Estado. Si, estoy hablando de los ataques sucedidos la semana pasada por una foto de una emprendedora del interior que encontró en la fabricación de alfajores un medio para llevar un plato de comida a sus hijos ¿Su pecado? Una foto con el Presidente de la República,

¿En qué cabeza cabe caer tan bajo? En la cabeza de un grupo de fanáticos llenos de resentimiento que no hacen otra cosa que pegarle a todo lo que se mueva, no importa que sea o no miembro del gobierno, si está en la vereda de enfrente es un enemigo. Son personas con un pensamiento sectario, fanáticos que van por la vida con un bidón de nafta y una caja de fósforos buscando donde hacer una fogata.

Pero ante este panorama fueron varios los actores políticos y personajes públicos de todas las líneas de pensamiento posibles, que se solidarizaron con la emprendedora.

Ahora bien, “las sororas” se llamaron al ya habitual e inescrupuloso silencio. Al igual que lo hice hace un tiempo en una columna, Perdón hermana, le creo al compañero, aclaró que no estoy en contra del feminismo, sino que estoy en contra de este cachivache politiquero en el que convirtieron el “feminismo de cuarta ola”. Quizás para entender la degradación que vive el movimiento debemos hacer un repaso breve por las olas del mismo.

Podemos identificar el surgimiento de la primera ola a mediados del siglo XVIII con la polémica sobre la naturaleza de la mujer y la jerarquía por sexos con pensadoras que cuestionaron hechos como la educación y los derechos de la mujer. Podemos tomar como referencia de este tiempo a Mary Wollstonecraft y su obra Vindicación de los derechos de la mujer de 1792.

Con respecto a la segunda ola podemos ubicarla a mediados del siglo XIX hasta los años cincuenta del siglo XX. El debate en este caso se refiere al voto femenino, la crítica al matrimonio y la posibilidad de acceder a la educación superior. Sobre el primer tópico podemos dirigirnos a la película británica Las Sufragistas (2015)  bajo la dirección de Sarah Gavron y guión de Abi Morgan.

La tercera ola llega con los años sesenta del siglo XX, algunos sostienen que sigue hasta nuestros días y otros que finalizó en los años ochenta. Sea cual sea la cuestión sus reivindicaciones van de la mano con la aparición de métodos anticonceptivos, la liberación se da con la salida de la mujer del hogar y su conquista de “espacios masculinos” destacándose en diversas áreas de la sociedad como por ejemplo en el mundo de la política. Podemos citar para este periodo a la activista feminista Betty Naomi Goldstein, conocida como Betty Friedan y su libro La mística de la feminidad.

Con respecto a la cuarta ola podemos ver que el activismo es híbrido (presencial y virtual) y se enfoca en la violencia hacia la mujer (que existe y debe combatirse), el discurso anti estereotipos, la interrupción legal del embarazo y el concepto de sororidad o solidaridad entre mujeres.

Si prestamos atención a estos cuatro estados del movimiento feminista vemos que el mismo va acompasado con las necsidades históricas de las mujeres y que pocas personas pueden estar en desacuerdo con sus reivindicaciones, no por autoritarias sino por ser justas y necesarias para la evolución de la sociedad.

El feminismo bien entendido es bueno y es por eso quería detenerme en el último punto de las reivindicaciones de la cuarta ola, la sororidad. Si vamos al caso de la emprendedora atacada vemos que esto no aplica, las organizaciones pseudo feministas vernáculas se llamaron a silencio, igual que lo hicieron cuando un ex Presidente le dijo a una candidata a la IMM que usaba “tacos cafishos”. Quizás no saben que la palabra “cafisho” en el lunfardo rioplatense hace referencia a los proxenetas, básicamente el señor le dijo a la candidata que usaba zapatos de prostituta. No las vi a “las sororas” organizando una marcha o movidas similares con su habitual indignación, tampoco las veo ahora solidarizándose con una emprendedora del interior que fue atacada por sacarse una foto con la máxima autoridad del país.

¿Qué tan flechado viene el discurso? ¿Vendieron una causa justa al bajo precio de sus necesidades? La respuesta es obvia, callan y otorgan.

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