DE PROVINCIA A NACIÓN Por Hilario Castro Trezza

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Fuimos primero Banda Oriental, para luego durante el proceso emancipador constituirnos en Provincia Oriental, la denominación proviene de la circunstancia de que nuestro territorio está ubicado al oriente del Río Uruguay. Durante el período artiguista, primero de hecho y a partir del decreto de Director Supremo Posadas en 1814 de derecho, fuimos Provincia Oriental.

Artigas, pese a sus diferencias con Buenos Aires nunca propuso una separación nacional. Carlos María Ramírez afirma: “Artigas jamás propuso la independencia absoluta de la Banda Oriental, jamás se consideró completamente desligado de la comunidad argentina… No es por consiguiente Artigas, a nuestro juicio, en sentido estricto y riguroso el fundador de la nacionalidad oriental” y Eduardo Acevedo consigna: “Una cosa no hizo Artigas, estimular entre sus compatriotas la idea de segregarse de las Provincias Unidas para organizar una república independiente, quería una patria amplia y poderosa, compuesta de todos los pueblos del Río de la Plata”.

Fracasado política y militarmente Artigas y sometida la Provincia por el dominio portugués, las elites políticas y militares orientales apoyan la creación de la Provincia Cisplatina, con un grado importante de autonomía, la cual subsiste entre 1821 y 1825 dentro del Reino de Portugal primero y del Imperio de Brasil después.

Pero la idea de volver a ser una Provincia Argentina no fue desechada y tomó impulso a partir del 19 abril de 1825 con el liderazgo de Lavalleja, se luchó exitosamente por la independencia del Brasil y la reincorporación a las Provincias Unidas, volvíamos a ser argentinos orientales, ello se plasmó solemnemente por la Sala de Representantes en Florida el 25 de agosto de 1825 en tres armónicas y complementarias leyes fundamentales redactadas por el bonaerense Carlos Anaya y el ex cisplatino Luis Eduardo Pérez, por ello siempre hemos sostenido que dicha fecha es la más importante por el carácter de independencia provincial con reunificación nacional, aunque una historiografía falsa y hoy obsoleta le quiso adjudicar un carácter de independencia nacional que jamás tuvo.

Pero ni Gran Bretaña ni Brasil se resignaban a que el Río de la Plata fuera un río interior y que Argentina contara con una Provincia estratégica, con su influencia y poderío y ante la debilidad de las Provincias Unidas, crearon un Estado Oriental independiente en la Convención Preliminar de Paz, firmada en Río de Janeiro y redactada en portugués, un 27 de agosto de 1828 y ratificada el 4 de octubre de 1828.

El Estado Oriental del Uruguay nace a la vida independiente un 18 de julio de 1830 cuando se jura nuestra primera Constitución que previamente había sido revisada y aprobada por las altas partes signatarias de la Convención Preliminar de Paz. Nos tuvimos que conformar con una situación no querida, por ello uno de los estadistas más esclarecidos del siglo XIX Bernardo Berro expresaba: “Toda independencia se apoya en una nacionalidad ¿Cuál es nuestra nacionalidad? Nuestra nacionalidad fue una dádiva, no nació por sí misma, por obra nuestra. Fue una declaración no un hecho y ¿Se puede dar una nacionalidad? La declaración no la puede crear”. “No se comprendió que improvisando un Estado independiente, sin poder propio y sin elementos para constituir una verdadera nacionalidad… se dejaba un cebo permanente a la ambición imperial y se creaba una causa perpetua de celos, desconfianzas y temores y por consiguiente de inquietud y desavenencias”. “Nuestra condición es una independencia declarada no consolidada”.

Fuimos desgarrados, disgregados, seccionados, segregados de la Nación, de la Patria, por ello como también lo advierte Berro este Estado improvisado con una Constitución inconveniente e impracticable: “…ha hecho lo que la Constitución prohíbe y no se ha practicado lo que ella manda, es decir se ha creído encontrar en su violación un bien y un deber, y en su observancia un mal y una culpa”.

Este desorden moral surcó la vida política del país desde 1830 hasta bien entrado el siglo XX. Fue durante los gobiernos del Cnel Lorenzo Latorre y del Gral Máximo Santos cuando se forja el Estado y se consolida la nacionalidad sobre la base de una profusa mitología. No es casual que en 1878 Blanes concluya su obra pictórica “El Juramento de los Treinta y Tres” y en 1884 el “Artigas en la puerta de la ciudadela”, que en 1879 se inaugure en Florida el monumento a la independencia nacional donde Juan Zorrilla de San Martín recita “La leyenda patria”, en 1887 se escriba el pericón nacional y en 1883 se apruebe la erección del monumento a Artigas en la Plaza Independencia que recién se concretará en 1923.

Concomitantemente en lo historiográfico se publican las obras sobre Artigas de Carlos María Ramírez en 1884 y de Clemente Fregeiro en 1886 que es quien bautiza la “redota” como Éxodo del Pueblo Oriental, con claro parangón bíblico.

Consolidada la Nación con una fuerte presencia estatal, con su religión patriótica y su educación popular vareliana, la República Oriental del Uruguay adquiere con José Batlle y Ordóñez una singularidad irrefutable en el concierto hispanoamericano. Pero es conveniente conocer los orígenes para entender las fortalezas pero también las debilidades que padecemos como país.

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