DEMOCRACIA, CASTA, O MONARQUÍA… Por Nelson Jorge Mosco Castellano

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En el 508 a. C., el líder ateniense Clístenes introdujo un régimen político que, con el paso del tiempo, se denominó democracia. Sin embargo, es muy diferente a la democracia que hoy conocemos como tal, ya que era directa y no representativa. Durante casi doscientos años, la ciudad de Atenas tuvo gobierno democrático, uno de los más desarrollados de todos los tiempos; un modelo gestado sin diseño previo ni referentes, cuya resplandeciente imagen se elaboró en contraposición a la negativa de la tiranía.

En esta forma de gobierno, que pretende ser el gobierno del pueblo, LOS LLAMADOS CIUDADANOS PODÍAN PARTICIPAR DE LAS DECISIONES POLÍTICAS, además de elegir a sus autoridades. Ese prístino derecho a participar de las decisiones políticas, defender ante los demás individuos sus prioridades, se ha ido perdiendo.

El sistema actual, donde los intereses corporativos se desbordaron, hace imposible atenderlos a todos. Prima la representación política que elije las prioridades. Sólo nos quedó el veredicto de las urnas. La complejidad de decidir de los candidatos devino en ciencia de la política, encuestas, focus groups, asesores de imagen que diagnostican los temas de interés, cuáles ocultan por políticamente incorrectos. Se postergan soluciones imprescindibles, socializan deudas a costa de otros, ofertan imposibles de acuerdo al público objetivo. Se someten a los intereses de las corporaciones más fuertes, difuminan el equilibrio entre derechos y responsabilidades. Nació la corrupción de Estado.

En las negociaciones políticas inficionadas de populismo electoral, perviven bestialismos de los presupuestos públicos anteriores, cargos innecesarios, privilegios, nepotismo, y prebendas. La oposición (que debiera tener responsabilidad de gobierno) transforma en intocable “conquistas” ideológicas de su gobierno, defendiendo su terreno corrupto ganado. Los coaligados para gobernar condicionan el voto como pírrica prenda de cambio. La gobernanza se transformó en una competencia de redistribuidores de recursos ajenos; repartija que no duele, porque paga otro.

La tecnología revolucionó inexorablemente el presupuesto restringiendo recursos por evaden fronteras, hace innecesarios trabajos formales, aportes al fisco, y aplicar regulaciones. Un mundo imprevisto de individuos-empresas virtuales, que no alcanzan las manos porosas del redistribuidor político. Lo único permanente es el cambio. La tarea de gobernar se ha convertido en un galimatías de reclamos infinitos y recursos cada vez más finitos, que estresa al viejo sistema de repartijas. Y exige mucho esfuerzo para hacer desaparecer de la vista electoral falencias, pobreza, agachadas, rengueos, salvatajes, acciones corruptas. El venenoso elixir socialista para sostenerse en el poder.

Nuestra idílica democracia liberal es otra utopía. Liberales como Alberdi fueron reenterrados. Y con ellos, las Bases de la primera Constitución argentina, que exigía la sumisión de la veleidosa probidad humana al respeto de la vida, propiedad, y libertad de los individuos. Hoy es un revival del socialismo fracasado del siglo XIX remasterizado en el siglo XXI, que usa los resortes del poder para avanzar sobre aquellos derechos fundamentales, mistificando el proceso electoral en democracia.

LA DESTRUCCION ARGENTINA

En un reciente artículo Alejandro Boreztein escribió:” Antes que nada, vale la pena detenernos en las nuevas estadísticas publicadas esta semana por el INDEC. Según informó el organismo, si ganás más de 280.000 pesos por mes, o sea 373 dólares, estás en el 10% más rico de la Argentina. A este dato oficial hay que sumarle otro igualmente impactante: el promedio de ingresos per cápita de la población es de 87.310 pesos, o sea 116 dólares. Vaya esto para todos esos indignados que se la pasan diciendo que un nuevo gobierno de Cristina, Massa y Alberto nos llevaría definitivamente a Venezuela. Tranquilos muchachos, según el INDEC, ya llegamos.

En tren de ver la mitad del vaso lleno, podemos decir que por solo 280.000 pesos mensuales te codeás con los millonarios. Motivo más que suficiente para votar a Massa y reelegir a este gobierno. Dicho esto, vamos a lo importante. Todavía falta casi un mes para las elecciones y la sensación general es que todos tenemos los quinotos al plato. Es un hartazgo un poco injusto porque mirando las opciones electorales hay que reconocer que tenemos una amplia oferta de estadistas premium. Sin embargo, no los bancamos más. Se ve que nosotros, los cómodos contribuyentes que solo votamos, laburamos y pagamos impuestos, andamos con la mecha corta. A favor de nuestro fastidio podemos decir que, si bien nuestros principales candidatos presidenciales son de una estatura y una capacidad deslumbrante, cuando están en público no logran demostrarlo. Esto se pudo apreciar claramente en el debate entre los candidatos a vicepresidente que Bonelli y Alfano moderaron en TN. En un momento dado, Agustín Rossi cometió un error que un jugador profesional como él no debería cometer. De puro canchero kirchnerista que es, quiso salir jugando como si fuera Otamendi y regaló la pelota en el medio del área diciendo: “uso mi minuto para pedir un aplauso por la presencia en este estudio de los jueces Arslanian y Gil Lavedra, integrantes de la Cámara Federal que enjuició a las Juntas y marcó un camino en la defensa de los DDHH y bla, bla, bla…”. Un grosero descuido que cualquier delantero hubiera aprovechado para convertir. Bastaba con que alguno de los otros cuatro candidatos supiera algo de historia política para que pidiera un aplauso para el propio Rossi por ser el candidato de aquellos que en 1983 aceptaron la autoamnistía de los militares, sabotearon la Conadep organizada por Alfonsín, le dieron la espalda y ningunearon el Juicio a las Juntas, indultaron a los militares condenados, cambiaron el prólogo del Nunca Más escrito originalmente por Ernesto Sábato y terminaron inventando un relato, tergiversando la historia y comprando disfraces de progresistas en la feria de Parque Rivadavia. El vice de Massa se las dejó picando. Era cuestión de tocarla solo frente al arco, salir gritando el gol, revoleando la camiseta o haciendo el corazoncito a cámara y rematando la faena gritándole a Rossi en la cara: “¿y vos me venís a decir que se viene la derecha?… andá y sacá del medio.

Párrafo al margen para la izquierda argentina y para Myriam Bregman: la tienen servida. Alcanzaría con explicarle a los argentinos que estamos eligiendo entre una señora como Bullrich que en el pasado fue peronista, un chanta como Massa que en el presente se hace pasar por peronista y un loco como Milei que en el futuro inexorablemente terminará siendo peronista. De onda amigos troskos, si no ganan esta vez no ganan nunca más. Valoren que esta columna es la única que en todas las campañas electorales les da bola. Espero que cuando hagan la revolución, tomen el poder y empiecen a fusilar gente en Plaza de Mayo, recuerden el gesto de este humilde servidor.

Es sabido que parte de lo que algunos políticos recaudan para las campañas se les mezcla en el bolsillo con la que ahorran para cambiar el auto. Para colmo, parece ser que los divorcios últimamente están costando un poco caros. Según el gran Carlos Pagni, un intendente del conurbano le habría pagado 20 palos verdes a la jermu para separarse. Si consideramos que solo se permite comprar 200 dólares por mes, quiere decir que este muchacho ya venía ahorrando desde antes de que desembarcara Pedro de Mendoza. Si deducimos todos estos gastos, posiblemente lo que queda para pagar asesorías sea insuficiente. Ni hablar si encima tienen que dividir la mosca entre varios asesores. Según reveló Jorge Lanata, a Massa lo están asesorando cuatro especialistas internacionales: el catalán Gutiérrez Rubí y los norteamericanos Dan Restrepo, Robert Gibbs y Jessica Reis. Como si fuera poco, a estos cuatro muñecos habría que sumarle un quinto porque, según informó la periodista Luciana Geuna, también trajeron un brasileño: Edinho Silva. A mí me da más volante del Corinthians que otra cosa, pero según dicen el tipo es un capo que tomó el control de la campaña y le dijo a Massa: “Sergio, si querés evitar la debacle electoral tenés que ponerle platita en el bolsillo a la gente”.Parece mentira que traigan gente de afuera y gasten dólares para que le digan lo que cualquier vago de acá le diría por unos pocos pesos. Encima al de acá le podés tirar unos cheques a 30, 60 y 90 días. Con la inflación que el mismo Massa genera, le termina saliendo regalado. Seguramente Edinho también le habrá dicho que trate de despegarse de este gobierno, o sea de su propio gobierno. De ahí que Massa tiró una de las mejores frases de la semana “la mitad de los actuales ministros no estarían en mi gobierno. Lindo compañero de gabinete resultó este muchacho. En fin, al mismo tiempo que Milei prueba la motosierra cortándole el pelo a Ramiro Marra, Massa quema las naves (y toda la guita del Estado) para tratar de dejar a Bullrich afuera del ballotage. No sé a usted amigo lector, pero a mí me tienen los quinotos llenos.

Mientras tanto, y sin que ya nadie le preste atención, el “presidente” anduvo por Cuba y Nueva York dando discursos. Noble coartada para traer los últimos bagayos. Entramos en la primavera y, antes de que termine, Alberto habrá dado las hurras. Allá se irá, con la humildad de los grandes y la satisfacción del deber cumplido: haber terminado con el kirchnerismo. Solo nos resta ver la última postal del Topo: el portón verde de la Quinta de Olivos cerrándose a sus espaldas para siempre, la calle Villate vacía, el sol quemando el asfalto, dos valijas en la vereda y la guitarra. Esperando el taxi”.

Alejandro Fantino otro periodista argentino se refirió a la utopía democrática en: “Monarquía celeste y blanca”. Dice que: monarquía le calza mejor a la corporación política que “casta” … Si bien los argentinos, al igual que la mayoría de los países de América, vivimos en democracias presidenciales, a veces el sistema se deforma y se desvía de su verdadera naturaleza. Y evalúa las similitudes entre los políticos argentinos y la casta de los Brahmán, mientras que el pueblo se asemejaría a los Shudras. Si quieren ir todavía más lejos, conecten al laburante “salido del sistema” que lo vota a Milei con los dalits y por ahí entenderemos mejor lo que pasó en las elecciones primarias en Argentina. Los políticos argentinos se refieren a los votantes potenciales como “pueblo”, “gente”, etc. todas palabras que marcan una separación entre “ellos y nosotros acá arriba”. Se escuchan frases como “hay que salir a caminar el territorio” (definición que encubre que la tierra les es propia), salen de sus castillos y cabalgan por los campos donde viven los siervos de la gleba. Salen de vez en cuando, sobre todo en tiempos de elecciones, como lo hacían los señores feudales en las cruzadas para reclutar soldados que marcharan por la “religión del partido”. Los monarcas de mi Patria se hacen retratar como Luis XIV de Francia…en Argentina presidentes, gobernadores e intendentes pueblan rutas y calles con sus fotos e imágenes. Su narcisismo y desconexión con la realidad son evidentes. El nepotismo también domina la política argentina y, si uno tira de la piola, aparecen mordiendo tíos, primos, hermanos, amigos, mientras que los que estudian y se preparan la miran desde afuera por haber nacido con apellido distinto al del monarca. Ya sean parte de una casta o de una monarquía (en algún punto da lo mismo), lo cierto es que los que miran desde afuera se están empezando a cansar, y cuando una sociedad se asquea y se harta, se producen cambios que quiebran hasta los cimientos”.

Argentina fue perdiendo el respeto al elector, transformando gobernar y votar en una farsa absolutamente indigna de Clístenes. Y viceversa. Sus elecciones de medio término alteran el cambio de gobierno. Aquel que le toque ordenar este síndrome socialista corrupto, tiene que hacer magia: eliminar la inflación, crear condiciones laborales para siete millones de “asistidos”, incorporar desempleados, formalizar el 50% que está en negro, sustituir “planes” (dádivas del monarca-candidato que gobierna), realizar un “ordenamiento” (ajuste drástico) del gasto y el empleo público, sin que las Provincias sucumban. Todo eso en apenas UN AÑO.  En ese tiempo va a ser juzgado y condenado por fracasar.

Nadie en su sano juicio cree que algo pueda cambiar. Los desolados argentinos ni sueñan con la bala de plata; 11.000.000 de personas no fueron a votar en las primarias. No creen en aquella democracia. El síndrome de socialismo mental y la corrupción amparada por la impunidad han desbarrancado a un país riquísimo, que hoy exhibe, sin que su gobierno se sonroje, 18.632.582 personas pobres y 4.321.272 indigentes, seres humanos que no alcanzan a una comida diaria.

¿Puede acaso llamarse democracia a la vieja tradición peronista: al amigo todo al enemigo ni justicia? ¿No es socialismo mental de la peor calaña la redistribución de lo que queda de una producción expoliada con impuestos, detracciones, dólar encepado, impúdica persecución fiscal al opositor, empresarios prebendarios especuladores del drama de su gente? ¿Hay división de poderes con un parlamento, no se reúne salvo para encubrir el pleito penal de su vicepresidente (ta)? ¿…y una Justicia injusta, demasiado vituperada, deteriorada y en gran medida corrompida?  

Y POR CASA…

En nuestro país han desaparecido los partidos políticos como ámbito de discusión prospectiva. Se los ha tragado el parlamento convertido en casta, monarquía, inficionado por el síndrome del socialismo mental que exonera de IVA a los tampones; y frena cualquier cambio aprobado por las mayorías electas. Los temas son absolutamente ajenos a las preocupaciones reales de los uruguayos. La coalición de gobierno carece de un ámbito para dirimir prioridades, y expone impúdicamente sus pecados corporativos, sin percatarse de los que no pueden esperar más.

El sistema penal judicial tiene un corsé inconstitucional impuesto por una fiscalía que desnuda prevaricato, eliminó el Código Penal, negocia con delincuentes y procesa por autopsias ideológicas. Los narcos tienen facilidades sorprendentes para escaparse de prisión por procedimentales sospechosamente ridículos.

Una parodia de democracia que convalida la retrógrada organización comunista condenada internacionalmente, que, por su ajenidad democrática, utiliza herramientas constitucionales para operar en contra del sistema, y de los uruguayos. El sindicalismo que férreamente controla el PCU, lejos de atender los avasallados derechos de los trabajadores por inflación, endeudamiento, desempleo, y subempleo que dejó su gobierno, exige redistribuir más, reducir el horario con el mismo salario, mientras los esclavos emprendedores que soportan el empleo reclaman el amparo de la casta o monarquía para sobrevivir.

De trabajar con independencia, libertad, y un salario digno, ni hablamos. Menos, discutir la introducción tecnológica que cambia el mundo y que exige orden en el gasto público. Cuando llega al privilegiado sector bancario el efecto del cambio, que reduce empleo y aportes, no le importa que socialicemos el desfalco, aumente la inflación, el endeudamiento, o que el gobierno tenga restricciones constitucionales. El sindicato defiende sus intereses corporativos en contra del plebiscito previsional que impone el PIT-CNT; traslada el costo de sostener privilegios sobre la producción y el trabajo ajeno, como buenos socialistas. Esta corporación sindical comunista, a veces desconoce plebiscitos o referéndum en contra del soberano, otras, actúa militante como integrante de una organización internacional disolvente de la institucionalidad; y en otras, opera dialécticamente para salvar sus intereses de “casta”.

Se acerca una contienda electoral “democrática” que poco interesa, salvo a los pre candidatos y a la oposición, para sostener o recuperar su reino.

Que ingenuidad supina creerse que los recursos son de los políticos. El socialismo ha inficionado las cabezas gubernamentales que se dicen liberales. Procrastinan una ordenación inevitable del gasto del sistema previsional al que incorporaron prestaciones a activos y pasivos sin aportes. Con toda lógica ideológica, los comunistas quieren un plebiscito para bloquear la reforma para 30 años. Persiguen la postración productiva, la exacción dolosa de recursos de quienes todavía nos sostienen trabajando, pagando impuestos, y padeciendo mil regulaciones.

Los desatinos y la falta de comprensión de los cambios de época los arreglan con redistribución inversa de la riqueza a los ricos jubilados. Con la misma lógica se intenta rescatar del inexorable destino la Caja Profesional. Otra cuenta que castiga al Fisco. Ese anónimo sujeto que algunos creen que no se funde, pero funde a los que lo bancan.

Desde otro reino se proyecta una ciclovía que costará a nos, súbditos, 4 millones de dólares: otro velón al socialismo de una administración municipal en rojo fosforescente.

Mientras tanto, 330.000 personas siguen hundidas en la pobreza, tal como las dejó el FA luego de 15 años de aplicar la receta del Pepe: el déficit fiscal más alto de los últimos 30 años.

El síndrome del socialismo mental nos condena. No preguntes cómo llegó Argentina a esta debacle económica, ética y moral. Mejor pregúntales a los políticos uruguayos porque seguimos el mismo recorrido al precipicio.

Una caminata por el barrio Lavalleja, parando a conversar en el Centro Morel con quien le dedicó 63 años a reintegrar a la sociedad niños indigentes, víctimas propiciatorias de las políticas populistas y “solidarias” con otros, quizás sea un buen antídoto. Allí aprenderían que el problema ya no es más la pobreza infantil, ni siquiera la indigencia, es el narco que los convierte en zombis. Susana, su directora, pide a las autoridades políticas, encarecidamente, que dejen de darles el subsidio que reciben desde la pandemia a personas que hemos marginado, porque sus hijos se han formado en ese ejemplo de limosna pública, pasto fértil, ocioso, de los narcos. En cambio, reclama, más oportunidades de trabajo, dignificar sus vidas.

Aunque sea por egoísmo, por dejar de vivir en una sociedad cada vez más violenta y fragmentada, esa visita conmueve el alma. Es un master que educa en las prioridades, y aleja del síndrome del socialismo mental, la casta, y la monarquía. Volviendo a Clístenes, primero las prioridades.

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