Educación y libertad

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Por Anonimous

Hoy parece que el Uruguay desea que sus jóvenes sean ignorantes. Sé que no es así, pero lo parece. Da la impresión a cualquier observador atento, que la educación estuviera en manos de un gremio de docentes todopoderoso empeñado en hacer las cosas a su maneraa pesar de los currículos y de los alumnos. Se ha perdido de vista al estudiante. Esto en un mundo que mejora constantemente en su forma de capacitar a los jóvenes para el futuro.Con bastante frecuencia llegan a nosotros noticias de como los estudiantes han mejorado sus rendimientos en Singapur, Nueva Zelanda o Japón.Y vamos cayendo en las tablas básicas de lectoescritura, matemáticas y ciencias. En algunas tablas estamos primeros empezando por los últimos. Efectivamente hace poco tiempo atrás se dio a conocer un ensayo del Profesor Uruguayo Pablo Romero García, donde este da cuenta que seis de cada diez jóvenes Uruguayos no completan sexto año de secundaria. Su estudio, que fue premiado, se pregunta sobre el sentido de educar. Esa pregunta es válida y cabe en éste breve análisis: ¿Para qué educamos? La respuesta podría ser para alcanzar una sociedad más equitativa por ejemplo. Otra respuesta posible sería seguramente que la educación debe para preparar a la juventud para el mundo en el que vivirán y trabajarán. En Uruguay estamos cada vez más lejos de lograr esos dos objetivos que parecen básicos de todo plan educativo en el ámbito del país. Hay excepciones esperanzadoras y por eso este Editorial.Fuimos una meca educativa en América Latina hace cuarenta años. Los estudiantes de la región venían a educarse en nuestro Universidad Pública. En 2006 el gobierno se tomó un año para hacer un gran debate nacional sobre educación. Quince años después el barco está encallado, no se mueve. El currículo si existe se desvanece entre la falta dedocentes capacitados en la materia y sus faltas a clase. Las asambleas docentes en horas de clase son un tema endémico para el rendimiento del alumno. La Educación ha dejado de ser laica, los docentes eligen sus temas de acuerdo a sus preferencias ideológicas y saltean o pasan como en un vuelo de pájaros a las bolillas de los pensadores que no se adapten a su discurso. Esto ocurre en la Facultad de Humanidades por citar un ejemplo paradigmático, que es un reducto ideologizado donde la libre circulación de las ideas y el conocimiento tiene flecha roja.Hoy un joven liberal y republicano aprende rápido a callar frente a la hegemonía del discurso normalizado por la lucha de clases. Hemos iniciado un nuevo gobierno declarando cambios estructurales que tienden a mejorar la gestión al centralizarla donde se debe, a nivel de los directores, descentralizándola en los ámbitos donde la creatividad y la libertad deben predominar. La universidad ha quedado afuera de esta discusión. El Cordobazo nos domina cuando ya no existe ni en el País donde nació, al menos de esta manera. No estamos desarrollando el espíritu crítico del estudiante universitario sino dotándolo de una parte de la biblioteca. Eso no es espíritu crítico ni amor al conocimiento y a la libertad del hombre, es al contrario, una expresión de pensamiento único como verdad. La verdad es que estamos desarrollando en nuestra juventud un espíritu de rebaño y en los más despiertos no otra cosa que miedo. No les estamos enseñando a ser objetivos o a controlar el subjetivismo inherente, sino a ser prepotentes o a callar. El método científico brilla por su ausencia y el alumno sabe bien cuál es el discurso que debe reflejar si desea aprobar la materia sin hacerse famoso. No tengo el deseo de hacer un discurso político sino de llamar la atención hacia nuestros jóvenes estudiantes. Es un grito desesperado, un llamado a la razón de la que fuimos gallardos cultores hace algunas décadas tan solo. Los estamos dejando rezagados frente al mundo. Por favor que prevalezca el profesionalismo docente en la educación y en la pública, más que ninguna. El futuro requerirá de personas motivadas que se sigan capacitando toda la vida. Deberán escoger entre infinidad de opciones y no habrá seguridades. Muchas veces la frustración será su amiga y deberán ser muy perseverantes para seguir adelante. Pero no les enseñamos perseverancia. La enseñanza de valores está vedada. La cáscara de un laicismo complaciente y la esencia de un marxismo militante, no arrojan luz sino sombras, sobre la gestión educativa.

Ser libres ha sido el valor fundacional de nuestro Pueblo. La libertad es un acto de responsabilidad e implica respetar la libertad del otro. Esta libertad no la estamos enseñando en el sistema. La libertad es debate, pero un debate constructivo y no uno que deba conducir a que yo tengo razón y el otro está equivocado. Enseñemos a crear soluciones nuevas y creativas que contemplen a todos. Seamos abiertos para construir conocimiento nuevo y útil. Pero que sean soluciones que resuelvan el problema causal y no los síntomas muchas veces falsos e inventados que no resisten el menor falseo. No estamos enseñando a controlar los desbordes egoístas, antes los exacerbamos con una agenda interminable de exigencias que nunca cesa. Donde queda el aprender la cuota de sacrificio necesaria o la perseverancia frente a los avatares inevitables que les esperan en el recodo de su camino. Es posible que los jóvenes estén aprendiendo a odiar a todo y todos, estamos enseñando intolerancia y desfachatez. Es hora de volver al esfuerzo y al premio, al respeto y la virtud.

Es hora de que nos detengamos y nos bajemos de este vagón que va directo al fondo del río. El sentido común debe prevalecer, el bien general y la protección del más débil,que, de suyo, es el estudiante. No se trata de hacer de nuestras Escuelas Liceos y Universidades, centros de ideología sino centros de civismo republicano, centros de saber universal, porque después de todo la república democrática ha sido una buena cuna donde crecer libres y responsables. La mejor que ha encontrado la humanidad en cinco mil años.

Cuando La Escuela no enseña valores, cuando la maestra y la profesora enseñan verdades a medias y sin ética, es en el hogar donde podemos salvar la sociedad y eso requiere sacrificios de padres y referentes que redundaran, a no dudarlo, en hijos autorealizados en unos años más. Y habrá valido la pena. Como siempre depende solo de nosotros lo que vamos a hacer y el resultado que tendremos entre las manos. Se trata de Libertad y responsabilidad. Todo esfuerzo valdrá la pena si está centrado en los jóvenes e inspirado en el bien de ellos y por su futuro como personas. Educación en libertad y responsabilidad es la respuesta y no habrá gremio ni corporativismo que impida a los padres de hoy lograr nuestro anhelo. Ese que una vez fue el resultado natural del Sistema Educativo.

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