EL MATRIMONIO Y LAS MUJERES SEGÚN CICERÓN. Por Joise Morillo

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Alcestes de Tesalia, calificada –antigua Grecia- como el patrón oro de todas las mujeres; en su rol como reina, esposa y madre, concebía:
“Para las esposas (madres), no existía nada más importante que la buena o mala voluntad de sus maridos; que el sol no salía sino para sus hijos, a los cuales estaban ligadas por ese amor furioso que las tigras sienten por sus cachorros; que veían pasar los años, enteramente ocupados por los innumerables deberes que conlleva organizar un hogar, lo mismo que ocupaban sus mentes los temores y orgullos y goces de sus posesiones; y que, finalmente, las tendían para el eterno descanso, sin saber más de por qué habían vivido y sufrido más que los animales de las colinas.”
Cicerón (3 –1- 106 a. C. /7 -12- 43 a. C.) político, filósofo, escritor y orador romano. Retórico y estilistas de la prosa en latín de la República romana.   Se divorció de su mujer, Terencia, después de muchos años de un matrimonio cada vez más dado al enfrentamiento y la discusión, para casarse con su rica y joven pupila Publilia.

Afirmaba del matrimonio y las mujeres lo siguiente:
“Uno de cada cien matrimonios es feliz, amigo mío. Esto es una de esas cosas que todos saben y que nadie dice. No hay que asombrarse, por tanto, de que el matrimonio feliz sea ampliamente celebrado, porque lo excepcional es lo que se convierte en noticia. Mas es parte de la locura de nuestro género humano que siempre nos sintamos tentados a elevar la excepción a la categoría de norma. Nos atrae la excepción, pues todo hombre se cree excepcional y destinado a lo excepcional, y nuestros jóvenes, varones y mujeres, se lanzan al matrimonio convencidos de que de noventa y nueve de cada cien son felices y uno infeliz, o de que a ellos les está destinada la felicidad excepcional.”
Para el pensador, lo explicado anteriormente, era derivado de la naturaleza de las mujeres y la naturaleza de la pasión que impulsa a unirse a hombres y mujeres.
Y se pregunta: ¿qué probabilidad tiene el matrimonio de ser más feliz que los tormentos combinados de Sísifo y Tántalo? (ver mitología griega).
Para él, mediante el matrimonio, ponemos en manos de las mujeres el gobierno de nuestro hogar, gobierno cuyo ámbito ellas prontamente extienden en la medida en que son capaces al conjunto de nuestros bienes. Crían a nuestros hijos y, por consiguiente, se garantizan ser voz y parte en la disposición de los asuntos de los niños cuando ya
han alcanzado ellos la madurez. En todas estas cuestiones persiguen fines totalmente opuestos a los que un hombre se propone. La mujer no desea más que el calor del hogar y el amparo de un techo. Viven en el temor de la catástrofe y ninguna seguridad es bastante segura para ellas; a sus ojos, el porvenir es no sólo inseguro sino catastrófico.
Para luchar por adelantado contra esos males desconocidos, no hay engaño al que no recurran, no hay rapacidad de la que no se sirvan, y no hay ningún placer ni ilustración que no combatan. Si la civilización hubiera estado en manos de las mujeres, seguiríamos viviendo en las cuevas de los montes, y la inventiva del hombre habría cesado con la conquista del fuego. Todo lo que le piden a una caverna, más allá del abrigo, es que sea un grado más ostentoso que la de la mujer del vecino; todo lo que piden para la felicidad de sus hijos es que estén seguros en una cueva semejante a la suya.
Por otro lado, la conversación de las mujeres dentro de la relación marital —y no se habla de esa crucifixión que representa su conversación en las reuniones sociales—, detrás de todos sus disfraces de artificio e incoherencia, trata únicamente de estos dos asuntos:
conservación y ostentación.
Cicerón compara la conversación de las mujeres con la conversación de los esclavos, lo cual concibe lógico que sea así porque la situación de las mujeres en el mundo –antiguo y contemporáneo- tiene mucho en común con la de los esclavos. Para él es lamentable, pero dice no contarse entre los que se quieren dedicar a cambiarla. El pensador contempla que la conversación de los esclavos y de las mujeres está dirigida por la astucia. Reseña que el engaño y la violencia son los únicos recursos que tienen los desposeídos. Y los esclavos sólo pueden recurrir a la violencia mediante una estrecha cohesión de sus compañeros de infortunio. El esclavo contra la represión de sus amos se ve obligado a perseguir sus fines mediante el engaño.
En la mujer, según Cicerón, el recurso de cohesión para la violencia está limitado porque son incapaces de lograr u consenso prudente; desconfían unas de otras, y con mucha razón. Y en consecuencia, también ellas recurren a la astucia.
El esclavo, introduce los objetivos que tiene en la cabeza desde todas las direcciones y sirviéndose de toda suerte de indirectas; no hay trampa que no emplee para lograr una concesión; no hay adulación, no hay alarde de lógica que no use; no hay presión sobre nuestro temor o nuestra avaricia a que no recurra; y todo ello para evitar el trabajo, para eliminar a un inferior (ganar indulgencia), para agrandar su vivienda, para obtener un atuendo nuevo. Así mismo, es la conversación de las mujeres; pero ¡cuánto más diversas sean sus pretensiones, cuánto más amplios sean sus recursos para el ataque, y cuánto más profundamente arraigada su pasión, mejor será para lograr sus fines! O sea, montan un verdadero teatro de astucia con tal de obtener sus deseos.
Las más de las veces, un esclavo desea meramente comodidades, más detrás de los deseos de una mujer hay fuerzas que son para ella la esencia de la vida misma. Su astucia con el manejo de supuestas verdades, y la conservación de la propiedad – que son irrelevantes- están tan hondamente arraigadas en las pretensiones de una mujer que tienen para ella el carácter de verdad evidente y de inderogable sabiduría. En consecuencia, cualquier opinión que se oponga a la suya sólo podrá merecerle desprecio. La razón es cosa innecesaria y sin importancia para criatura tan bien dotada; está sorda, por adelantado.
Un hombre puede haber salvado al Estado, dirigido los negocios de un mundo, adquirido fama inmortal por su sabiduría; más para su mujer es un necio chiflado.

Joise Morillo
[email protected]

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