EL QUE PIERDE, TERMINA GANANDO. Por Sebastián Castro

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No es fácil analizar el último debate rumbo al ballottage de Javier Milei y Sergio Massa.

Los franceses, inventores de está segunda vuelta, dicen que la primera es con el corazón… la segunda vuelta, con la razón.

Tendrán entonces los Argentinos que dejar el corazón ideológico de lado, y pensar como bien lo argumentó Massa, si quieren una Argentina peronista, con todos sus errores y horrores, o un paracaidista un tanto loco pero en cuanto a sus deseos, bastante cuerdo, y usar para esto la razón. “Sos vos o yo, acá no es ni Cristina ni Macri”, había dicho Sergio Massa. Como si elegir por él fuera la solución a una crisis que en los últimos 4 años el peronismo no pudo resolver.

El ganador del debate, sin errar demasiado en mis especulaciones, fue Massa por un escaso margen. Pero al fin, podríamos decir que ganó al arrastrar a Milei al terreno del miedo y los argumentos extremos sobre temas intrascendentes o faltos de rigor político.

En esta victoria pírrica, Massa ganó un debate que no le garantiza de ninguna manera una victoria. En todo caso, reafirma a un grupo duro de votantes y condiciona al voto en blanco a muchos indecisos. Los recursos de Massa fueron como en todas sus apariciones y exposiciones las mentiras o medias verdades. Milei por el contrario, pecó de ingenuo al creer que se podía ganar un debate siendo coherente con su pensamiento libertario.

Tener que justificar su admiración a Margaret Thatcher fue una de las tantas chicanas que usó Massa y Milei tuvo que esquivar. Los Argentinos recuerdan más a Thatcher ordenando destruir al Belgrano y matando a 300 argentinos que sí ayudó o no a derribar el muro de Berlín. Esto último a nadie le importa.

Por el contrario, al preguntarle a Milei si cree en la autodeterminación de los habitantes de las Malvinas, Milei parecía confundido al tratar de salir de esa chicana y le falto decir que las islas se llaman falklands y no Malvinas y ahí se terminaba el debate.

Massa también apeló a la imágen del inmigrante que viene a la Argentina y logra con esfuerzo que su hijos (él) fueran a la universidad pública (aunque Milei en su mejor momento del debate le recordó que Massa había ido a una universidad privada).

Pocas ideas y mucho pase de cuentas. Así concluyó un debate que si bien tuvo un ganador por escaso márgen, dió la sensación de no haber servido para nada.

Massa obtuvo una victoria que podría no traducirse en votos. La imagen del político profesional vs el recién llegado. La imagen del sincero y transparente vs el inquisidor y mentiroso. Y por último, la imagen del fracaso de un gobierno que multiplicó los pobres vs la imágen de un cambio. Si, es cierto… un cambio con muchas dudas, pero un cambio al fin. Hoy se hizo pública la inflación con un récord del 140% anual en lo general, pero con productos de la canasta básica que rondan el 300% y aún así conserva intactas las posibilidades de ganar. Porque lo que el argentino promedio no logra entender es que siempre se puede estar peor y que el camino a una Venezuela, no sólo en lo económico, también en lo institucional, ya se ha puesto en marcha.

Con este panorama incierto, la campaña del miedo ha funcionado bastante bien. Y es por eso que Javier Milei ha buscado más la contención de sus propuestas y frases más polémicas en vez de ir por un ataque directo al candidato oficialista. Si logra aguantar el cero en su arco, terminará ganando sin dudas estas elecciones. Pero si en la búsqueda de un electorado indeciso, mueve la ventana de Overton hacia la derecha y retoma algunas de sus propuestas radicales, posiblemente tenga la elección perdida.

Por estos días ya no se escucha dolarizar, venta de órganos, desaparecidos, eliminación de ministerios (y destitución de funcionarios) y posiblemente la palabra “casta” ya que para lograr una victoria tuvo que unirse a Juntos por el Cambio, la Agrupación liderada por Mauricio Macri que fue en su momento parte del problema y no la solución al llamarlos irónicamente “Juntos por el Cargo.

El debate tuvo más allá de las percepciones individuales, un claro vencedor. Pero cuidado… en política a veces el que pierde termina ganando.

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