LA DIVERSIDAD PERDIDA ENTRE EL RELATO Y LA SUBORDINACIÓN. Por Marcelo Martín Olivera

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Uruguay es conocido por su compromiso con los derechos humanos y la inclusión desde siempre. Desde la primera marcha del orgullo, allá por junio de 1992, es testigo de un movimiento que ha ganado fuerza con el paso de los años. Originalmente, este movimiento abogaba por el respeto a los homosexuales, y con la llegada del siglo XXI, se lograron avances significativos en la legislación nacional.

Lamentablemente, de este movimiento no queda nada, empezando por detalles no menores como la fecha y el nombre. En junio de 1992, era «Marcha del orgullo» y conmemoraba los incidentes de Stonewall en EEUU; hoy se le llama «Marcha por la diversidad» y se realiza el último viernes de cada septiembre. Desde la organización se explica que este cambio obedece a la necesidad de que personas con problemas de salud puedan participar en la Marcha ya que en invierno lógicamente no les resulta sencillo. La explicación es válida, pero se desmorona al recordar la Marcha del 2020, en plena pandemia, con los caceroleos pidiendo cuarentena obligatoria y en plena veda electoral, la movilización se hizo sin ningún tapujo.

Además de esto, el movimiento se ha vuelto cada día más fiel a una ideología partidaria. Basta con ver las consignas desde el 2020 a la fecha, «Estado ausente», «Impunidad», «Saqueo» que se hacen eco de los relatos de la izquierda vernácula en torno al gobierno actual.

Dicho esto, considero que el respeto a las personas se debe a su condición de seres humanos, independientemente de con quién comparten su vida o su intimidad. Etiquetar a las personas por su orientación sexual, raza, o cualquier otra característica es una forma de discriminación que va en contra de los principios de igualdad y tolerancia que se reclaman. Igual de contraproducente es endosar a una corriente ideológica el reconocimiento de ciertos derechos para los homosexuales; es válido reconocer el trabajo, pero no hay que rendir pleitesía a partido político alguno. Quizás este sea el origen de la subordinación del movimiento ante la izquierda vernácula.

Muchos homosexuales no participamos de la marcha debido a la politización de la misma. Si bien esta manifestación ha tenido un papel importante en la promoción de la igualdad de derechos, su alevosa conexión con relatos partidarios compromete su verdadero propósito. Este año, por ejemplo, parte del slogan pide el fin de la impunidad. Justamente el gobierno actual busca liberar los archivos de la dictadura, un paso crucial hacia el fin de la misma. Sin embargo, esto entra en conflicto con los intereses de algunos grupos que monopolizan la Marcha y por eso deciden colocarlo en su slogan del año.

Señoras y señores, pónganse de acuerdo. Reclaman el fin de la impunidad, pero el final de toda la impunidad no les gusta así que exigen otro final que les convenga. ¿Hasta qué punto los relatos de la izquierda, que financia la Marcha, pretenden meterse en el verdadero propósito de la misma?

Paradójicamente dentro del movimiento «de la diversidad» existe la peligrosa tendencia a no tolerar opiniones divergentes. Como homosexual, he experimentado esta intolerancia personalmente cuando he decidido no participar en ciertos espacios del ambiente gay o de las Marchas. La verdadera inclusión debe permitir la diversidad de pensamiento y la libertad de elección sin juzgar ni excluir a aquellos que no comparten todas las opiniones o experiencias.

En este contexto es fundamental abordar el relato del «saqueo de derechos» que es la otra parte de la consigna central de este año. Este relato pasa por alto el hecho de que, en algunos casos, se han implementado medidas como la paridad obligatoria y la asignación de puestos de trabajo público mediante cupos. Se utiliza el «respeto a las minorías» como justificación para estas acciones, pero esto es un claro intento de socavar el principio fundamental de igualdad que debería prevalecer en nuestra sociedad.

Ante esto es importante reflexionar sobre la dirección que está tomando el movimiento y cuáles son sus objetivos a largo plazo. ¿Cuál es el propósito detrás de estas políticas de cuotas? ¿Qué más se busca lograr además de la igualdad de derechos que ya se ha alcanzado en muchos aspectos? Estas son preguntas legítimas que merecen ser discutidas.

Si bien se han logrado avances significativos en la legislación, es crucial preguntarse si seguir pidiendo más es necesario o si deberíamos enfocarnos en otras áreas importantes. Por ejemplo, por más «Leyes trans» que existan muchas personas trans de Uruguay tienen como salida laboral la prostitución ya que no pueden acceder a la educación para tener otra perspectiva de vida. La violencia doméstica en las parejas homosexuales o la concientización sobre temas de salud sexual, transmisión de ITS, o tratar la discriminación que muchos homosexuales sufren al día de hoy por ser portadores de ITS.

Evidentemente, esas son áreas de enfoque más efectivas que la politización, pero esas áreas no dan dividendos y exigen conversaciones profundas. Sabemos bien que en la actualidad el movimiento de la Diversidad aspira a los dividendos con conversaciones banales, esa es su zona de confort y al parecer no están preparados académicamente para dar lugar a esos enfoques, ni les interesa hacerlo.

A eso hay que sumarle la sexualización de la marcha y esa “necesidad” de exhibir la intimidad con total desparpajo. Esta sumatoria de factores solo perpetúa estereotipos negativos de los homosexuales y se consigue más resistencia que inclusión.

Valoro los progresos, ya que todos compartimos el objetivo de una sociedad más justa e inclusiva. Por eso mismo debemos valorar la diversidad de ideas, por encima de la intimidad, para construir un movimiento que abrace esa diversidad en lugar de hacerla funcional a un partido político. No todos nos vendemos al bajo precio de la necesidad, eso es algo que pocos entienden.

4 COMENTARIOS

  1. Así mismo, yo no le veo con menos derechos que un hetero. Es por todo lo que decís que ya no me siento con la necesidad de marchar. Que lindo sería solo recordar la fecha y marchas como celebración y no por política partidaria

  2. La primer Concentración de 1992 fue organizada por Homosexuales Unidos. Al año siguiente, fue la primer marcha y por ello celebramos sus 30 años el 28J de este año.
    Hay varios encares de lucha a favor de la diversidad sexual. Dos de éstas promueven el capitalismo y defienden la pertenencia a la ONU, OEA, etc. y obviamente son proghetto y por eso usan la bandera del arcoiris como estandarte.
    Hay otra forma que es anticapitalista; y se corresponde con la ideología de la 1er. Marcha del Orgullo y las subsiguientes desde 1993 hasta 2004…es decir durante 12 años.
    Estas coordinaciones que la organizan y convocan son de grupos de izquierda, siendo parte del FA algunos y otres por fuera. Desde hace años hay gente de izquierda en nuestro país que no vota al FA, por la sencilla razón de defender la AUTONOMÍA del movimiento.
    Éste nació autónomo y así debería seguir.
    Esa dependencia del FA, mas que nada del Colectivo Ovejas Negras y otres grupos que le siguen y forman la Comisión de esta marcha de setiembre, es un atentado a esa autonomía.
    La pregunta clave es: desde dónde se financia esa marcha actualmente?

    En cuanto a cosas que han cambiado desde el gobierno del Partido Nacional, hay que preguntarle a las personas trans que -desde siempre- son las más perjudicadas.
    Las lesbianas, los varones gays, la gente bisexual +, tal vez no sepamos cosas que sí sufren otres integrantes de la diversidad sexual. Cuando es importante hay que ir a las bases.

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