La nueva política K, Inflación y devaluación.

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Redacción Contexto

El oficialismo en Argentina logró acortar la diferencia con Juntos por el Cambio (JxC) en las legislativas del domingo 14, sobre todo en la provincia de Buenos Aires, la realidad es que en el país en su conjunto la mejora no fue tan relevante.

En las Paso, JxC obtuvo, en todo el país, el 40,02% de los votos y el Frente de Todos 31,03%, 8,99 puntos porcentuales a favor de la principal oposición.

En las legislativas, JxC obtuvo el 41,89% del total de votos del país y el Frente de Todos el 33,03%, una diferencia de 8,86 puntos; es decir que el oficialismo, a pesar del desparramo populista con fuerte expansión monetaria que hizo para revertir o achicar el resultado de las Paso, solo consiguió disminuir la diferencia en 0,13 puntos porcentuales.

Estadísticamente, JxC ganó a pesar que el presidente pretenda mostrar el resultado inverso. Pero eso no es lo relevante. Finalmente es parte del paupérrimo nivel de debate político en Argentina.

Lo relevante es que a pesar de la eterna cuarentena a la que fue sometida la población, con el desastre económico que generó, el engaño con la fiesta clandestina en Olivos, la inflación, la pobreza, la indigencia, la inseguridad, y el listado puede seguir, el peronismo mantuvo su piso. Un núcleo duro que le pertenece más al kirchnerismo que al peronismo.

También se puede hacer otra lectura del resultado de las elecciones del domingo pasado: el 67% del electorado le dio la espalda al oficialismo.

En lo que hace a la provincia de Buenos Aires específicamente, el Frente de Todos logró achicar la diferencia, pero llegaron solo al 38,53% de los votos en su bastión electoral.

El tema es que, ahora, este gobierno políticamente debilitado necesita arreglar con el FMI para que no se les desborde el mercado de cambios.

Las reservas líquidas del BCRA ya están en negativo en US$ 1.200 millones, y un default con el FMI posiblemente aceleraría la corrida cambiaria.

El tema es que tiene que lograr un acuerdo sin bajar las banderas de “soberanía nacional” independencia y demás partes del credo populista, algo que no luce tan sencillo.

Uno de los puntos a acordar con el FMI consiste en reducir la tasa de inflación, sin embargo, como vengo insistiendo, la inflación es un problema político para el gobierno, pero también un instrumento de política económica, porque busca bajar el gasto público, no por vía de una reforma del estado, sino que lo hace licuando el gasto, en particular las jubilaciones y pensiones, los planes sociales y el sueldo de los empleados públicos, por citar algunos rubros, los cuales están aumentando por debajo de la tasa de inflación.

Justamente, la inflación de octubre dio nuevamente 3,5% a pesar del congelamiento de las tarifas de los servicios públicos, del retraso del tipo de cambio y los precios congelados.

La inflación interanual se ubica en torno al 52% y viene creciendo desde principios de este año. A medida que se fue flexibilizando la cuarentena se aceleró la inflación porque no solo aumentó la expansión monetaria, sino que también cayó la demanda por moneda.

Si uno observa la evolución del déficit fiscal en el período enero-octubre, que se acelera a partir de julio, cuando se acercaban las Paso y el gobierno tenía que tratar de ganar las elecciones de medio término para poder tener la mayoría necesaria en el Congreso para impulsar su proyecto hegemónico. No lo logró en las Paso ni en las legislativas, a pesar de aumentar el gasto para financiar el populismo.

La emisión monetaria ha pasado a ser una de las principales fuentes de financiamiento del tesoro. El año pasado lo fue, y en octubre de este año el principal ingreso del tesoro provino de la emisión monetaria que hizo el BCRA para financiar el déficit.

Entre los adelantos transitorios y las transferencias de utilidades, la emisión monetaria para cubrir al tesoro superó a los ingresos por IVA, Ganancias y otros impuestos.

Por otro lado, el acuerdo con el FMI no resolvería el problema de falta de dólares que tiene el gobierno para pagar los vencimientos del año que viene. Aun logrando un acuerdo con el FMI que sea del paladar del populismo K, difícilmente el FMI desembolse fondos frescos para que el gobierno argentino haga frente a los vencimientos de deuda del año que viene. Sin acceso al mercado voluntario de deuda, con un riesgo país superando los 1700 puntos básicos, el default parece cantado.

En síntesis, ahora se abre la lucha por el poder dentro del oficialismo; al mismo tiempo, el presidente quiere forzar a la oposición a compartir un plan económico mediante el diálogo, cuando lo que tiene que hacer es mandar el proyecto de acuerdo con el FMI al Congreso para que este, de acuerdo a lo que manda la Constitución, trate el tema de la deuda externa. La política económica la tiene que definir el gobierno.

De todas maneras, un eventual acuerdo con el FMI evitaría caer en un default con dicha institución sin resolver el resto de la deuda.

Es probable que antes de fin de año el BCRA opte por acelerar el aumento del tipo de cambio oficial. Esta decisión estaría basada en la necesidad de inventar utilidades del Banco Central (cada vez que el BCRA devalúa el peso considera que tiene una ganancia porque las letras intransferibles que le entregó el tesoro están nominadas en dólares) que luego le transfiere al tesoro para financiar el déficit fiscal.

Del total de emisión monetaria de este año para financiar al tesoro, el 84% proviene de transferencia de utilidades y el resto son Adelantos Transitorios que están limitados por ley.

En definitiva, la inflación y la devaluación del peso siguen siendo instrumentos de política económica de un gobierno que dice defender a los pobres.

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