LA TEMPORADA EN DISPUTA, INCENDIOS Y CANTINFLAS

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Nuestro país se he ido transformando en los últimos años en un campo de polémica donde todo se cuestiona y por ende detona la discusión.

Así hemos pasado por la pandemia y si era mejor el tapaboca, la cuarentena obligatoria, la renta universal, el caceroleo, las marchas, una vacuna china, rusa, europea, si la LUC si, si la LUC no, las firmas, la reforma educativa, la de la seguridad social y así llegamos al verano.

Pero el calor, que agobia, produce incendios, enciende también algunas mentes que encuentran algunos asuntos, para llevar el fuego fuera de los montes y pajonales que hoy arden fácilmente.

Bastó que una autoridad del Ministerio de Turismo hiciera un balance positivo de lo visto en los primeros días del año, para que se desatara la primer gran discusión que el Uruguay de cara al 2023 se planteara como un asunto trascendente, casi de vida o muerte.

Sin entrar en detalles de cifras, que obviamente avalan lo que se dice, pero tampoco para aburrir al lector, voy más específicamente a lo conceptual.

Todos sabemos la importancia del turismo en general, por los cientos de puestos de trabajo que genera, directa e indirectamente, la fuente de divisas que es para el país y lo que genera en cuanto a que el propio Uruguay sea cada vez más conocido y apreciado.

Como bien se ha expresado por las autoridades, las personas cuando quieren vacacionar, viajar para conocer o disfrutar, elegimos lugares agradables, que nos aseguren confort, seguridad y certeza de encontrar lo que buscamos.

A nadie se le ocurre ir a aquellos lugares conflictivos, aburridos, grises, que irían en contra de lo que generalmente buscamos que es placer y disfrute.

Por lo tanto los operadores turísticos, autoridades responsables de gobierno, están casi obligadas a alentar y promover las bondades, bellezas y puntos fuertes que un país tenga para promover estas actividades y asegurar la permanencia y crecimiento de éstas.

Una inteligente política es, cuando un país puede ofrecer diferentes opciones, que contemplen las distintas clases sociales y poderes adquisitivos de esos turistas.

Así vemos que llegan visitantes de un poder adquisitivo muy alto, que gastan cifras millonarias, en alquileres u otros bienes, clases medias que ocupan un radio más amplio en cuanto a su lugar de paseo o estadía y también aquellos menos pudientes, pero que también buscan un lugar de descanso y disfrute.

Allí podemos percibir, como sucede en la temporada actual, que diferentes destinos que contemplan estas realidades se han visto colmados trabajando a tope.

No nos olvidemos, de todos los compatriotas, que han hecho opción por salir del país buscando otros destinos, lo que nos indica las posibilidades que se presentan a tantas personas que eligen esa alternativa.

Frente a este panorama, apareció el inefable Fernando Pereira, actual presidente de la coalición de izquierda, para poner el grito en el cielo por esa supuesta euforia desmedida del gobierno, de alardear sobre los números de la temporada.

Como don Pereira siempre anda con una bala en la recámara, pronto para disparar, encontró rápidamente eco en los medios, los que tomaron su crítica a los dichos de alguna autoridad del Ministerio de Turismo, para prender fuego en la pradera calurosa y seca del verano, en su intento de criticar y contradecir.

Como consecuencia, radios, canales de televisión, semanarios y diarios comenzaron a zarandear si los dichos de unos y otros eran justos o no.

Pero no solo quedó ahí, ya que las redes sociales también se sumaron a la polémica, mostrando rápidamente la crispación que producen determinados comentarios, así como quien los emite.

Confieso que he participado en alguna discusión, cuando en los primeros días de enero, dos señoras me discutían que Montevideo estaba lleno de gente, que se veía un nutrido movimiento, que yo era casi un enajenado que no salía de mi casa.

Ahí está una muestra del cierto fanatismo y ceguera que produce el querer cambiar la realidad porque no coincide, o no le hace bien a lo que pienso y defiendo.

No llama la atención, Pereira terminadas sus vacaciones, como buen turista y en los lugares más exclusivos del este del país, apareció con sus corrosivos comentarios que pegan en todos los asuntos del quehacer nacional.

Con una postura crítica, por demás negativa y que alimenta la crispación y encono, en muchas personas que aguardan una señal de sus referentes políticos o ideológicos, para subirse a ese tren que estas figuras se encargan de mover.

Eso no es bueno para el país, menos para esta actividad, que viene como de las más castigadas por las restricciones que la pandemia impuso.

Es solo un anticipo y anuncio más de lo que nos espera en el 2023 por parte de la oposición, serán duros, lanzarán munición gruesa porque el objetivo es reconquistar el poder perdido en las últimas elecciones, por lo que todo vale.

Esperamos que el gobierno esté a la altura de estos acontecimientos y deje de intentar un coqueteo inconducente, que por más simpatía que pretenda demostrar, no producirá ningún resultado para sus intereses.

Como te digo una cosa, te digo la otra, famosa frase de Mujica, que tomo prestada, para hablar de algo que parece sacado de una película cómica.

Mayoritariamente creo que casi todos conocemos a Cantinflas, ese personaje tan entrañable, que nos ha deleitado con sus ocurrencias y dislates, aunque siempre con un mensaje indirecto que pretendía dar a pesar de sus ocurrencias.

No tengo más remedio que comparar la propuesta del ministro Heber, que en un acto verdaderamente “Cantinflesco”, nos comunica que van a contratar a exdelincuentes para tener más llegada y así poder actuar contra los actuales e interferir en la ola de violencia vigente.

Lo más adecuado, para un tema de este tenor, sería que operara lo más reservado posible y no ser anunciado como se hizo y sin mayores fundamentos.

El patrullero 777 era un personaje actuado por Cantinflas, que encontraba soluciones divertidas y desopilantes para actuar como agente de la policía.

Cantinflas, a pesar de lo ridículo de una situación, encontraba una solución al problema, que dejaba un mensaje a quien miraba su película.

Lo del ministro Heber, nos deja perplejos, sin reacción, ya que cuesta mucho entender que esto sea serio y cierto, cuando además nos enteramos de que es un programa financiado por el BID.

Solo se comprende, si son de esas soluciones que contiene la Agenda 2030, hacia la cual marchamos y que tiene como consigna “no tendrás nada, pero serás feliz”.

El calor reinante anticipa que el riesgo de incendios está latente, que debemos cuidarnos de aquellos que andan con una antorcha prendida criticando todo lo que está a su paso, porque solo ayudan a que haya más fuego, no aportan nada y para colmo de males, Cantinflas arremete con un patrullero 777, modelo 2023…

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