LIBERTAD Y ANARQUÍA. Por Hilario Castro Trezza

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El contundente triunfo electoral del economista Javier Milei en la segunda vuelta de las elecciones presidenciales argentinas, nos motiva a reflexionar con los lectores sobre una cuestión sustancial como lo es la libertad y la anarquía.

El futuro Presidente de la Nación Argentina, quien asumirá el próximo 10 de diciembre, justamente cuando se cumplen setenta y cinco años de la Declaración Universal de los Derechos Humanos, proclamada por la Asamblea General de las Naciones Unidas, se define como liberal libertario y aunque ha moderado su discurso, hasta convertirlo en minarquista, entre su triunfo en las PASO y su victoria en el balotaje, no cabe duda que su postura ideológica está inspirada en el anarco capitalismo del economista norteamericano Murray Rothbard (1926-1995).

Dicho economista, cuyas contribuciones al liberalismo no son desdeñables, es un producto extremista y marginal de la escuela austríaca de economía. Los liberales, entre los que me incluyo con el adjetivo de solidario, estamos muy lejos del anarco capitalismo o libertarismo. Ambos abrevamos en el liberalismo clásico escoces y en la escuela austríaca de economía, pero nos bifurcamos en cuanto a la necesidad de la existencia del Estado.

Cuando le preguntaron a Friedrich Hayek (1899-1992) sobre la extinción del Estado, esté respondió que nunca ha existido una sociedad extensa sin Estado no obstante, no podía predecir el futuro.

Los liberales, que no abdicamos de la solidaridad social focalizada, recelamos del Estado y lo queremos limitado y eficiente, por ello nos distanciamos tanto del socialismo como del libertarismo. El máximo representante del liberalismo en nuestro país fue el Dr Ramón Díaz y por cierto no fue nunca libertario, a este respecto expresaba el destacado economista compatriota: “Liberalismo es la filosofía de los liberales, es decir de aquellos que se adhieren a la idea de colocar la libertad en un lugar de preferencia, entre las condiciones de vida. Libertad en el sentido que usamos el vocablo en este volumen, no significa el derecho a hacer lo que cada uno venga en gana, tal vez esa sea la convicción de algunos anarquistas, pero no es definitivamente la de los liberales. Ella implicaría el rechazo de la ley, que nos dice que está prohibido matar o robar, o difamar, so pena de ir a la cárcel. Y en cambio, nos ordena cumplir los contratos debidamente celebrados, o cargar con los gastos que hemos hecho incurrir a otros por nuestra negligencia o temeridad. Al contrario de estar de más la ley para que reine la libertad, ella es indispensable para que la libertad sea posible. Esta sólo puede existir bajo la égida de la ley”.

Las afirmaciones primero anarco capitalistas y luego minarquistas de Milei conjuntadas con su personalidad agresiva, estridente, intransigente y sin modales lo llevó a formular propuestas absurdas y temerarias, que ningún liberal sensato sostendría.

El hecho de perder en la primera vuelta, la necesidad electoral de contar con aliados y la cercanía al gobierno, lo moderaron. El pueblo argentino harto de gobiernos estatistas calamitosos ha optado por un camino de libertad, pero con diálogo y apego a la Constitución.

El Partido de Javier Milei La Libertad Avanza cuenta en la Cámara de Diputados con 39 de sus 257 miembros y en el Senado con 7 de sus 72 integrantes, a su vez, en un país federal, ninguno de los 23 Gobernadores de Provincia, ni el Jefe de Gobierno de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires, pertenecen a su espacio político. Su orfandad es palmaria, por ende debe negociar y acordar con los bloques y gobernadores afines para poder gobernar.

Es cierto que la Constitución Nacional le confiere al Presidentes la facultad de dictar decretos de necesidad y urgencia, salvo en materia tributaria, penal, electoral y de partidos políticos, pero ellos en definitiva quedan ad referéndum de ambas Cámaras del Congreso. El ejercicio del Poder en Democracia exige audacia y celeridad, máxime en una situación crítica desde el punto de vista económico y social como la que sufre Argentina, pero la cuota de sensatez no puede desecharse.

En las grandes reformas liberalizadoras hay que establecer prioridades: unificar el mercado de cambios, levantar el cepo, cesar la emisión monetaria, rebajar y eliminar impuestos, modernizar el mercado laboral, privatizar deficitarias empresas y eliminar las múltiples adiposidades  del sistema administrativo estatal. Todo ello con el propósito de eliminar el déficit fiscal, la inflación y volver a tener una moneda sana y confiable cualquiera sea la solución que se adopte en la materia.

Lo descripto va a requerir grandes consensos para implementarlos y defenderlos del alud de impugnaciones y resistencias  que van a producir. El camino hacia la libertad y por ende a la prosperidad va a requerir un proceso primero de cirugía mayor y luego de delicada convalecencia. Por ello los acuerdos políticos son esenciales, de lo contrario el fracaso será inevitable debiendo recordar que él ha sido el sino trágico y amargo de la historia del hermano país.

Con mucha cautela y grandes dudas, hacemos votos para que las ideas de la libertad tengan éxito y Argentina salga del infierno económico y social que la han conducido los colectivistas de todos los Partidos que la han gobernado.

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