Los orientales y el 25 de mayo de 1810. Por Hilario Castro Trezza

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El 25 de mayo no es una fecha patria exclusivamente argentina, sino también uruguaya, en nuestro país fue feriado nacional durante noventa y nueve años, fue instituido por ley durante la Presidencia de Fructuoso Rivera en 1834 y suprimido por decreto ley en la Presidencia de Gabriel Terra en 1933. Debemos considerarla como una fecha patria rioplatense. Recordemos que dos instituciones señeras de la cultura nacional como la Biblioteca Nacional en 1816 y el Instituto Histórico y Geográfico del Uruguay en 1843 están asociadas a esta emblemática fecha. Las fiestas mayas fueron parte de nuestra identidad durante mucho tiempo, hasta que una reduccionista y mutiladora concepción nacionalista las dejó de lado. Los sucesos de mayo de 1810 en Buenos Aires, que era la capital de Virreinato del Río de la Plata, culminaron con el desconocimiento del Consejo de Regencia instalado en la Península, la deposición del Virrey Baltasar Hidalgo de Cisneros y la ratificación de la adhesión a la Corona Española en la persona del Rey Fernando VII, prisionero de Napoleón Bonaparte. Todo ello tuvo honda repercusión en la Banda Oriental. A comienzos de 1811 el Capitán de Blandengues José Artigas se pone a las órdenes de Buenos Aires, para enfrentar a los partidarios del Consejo de Regencia que estaban liderados por el Virrey Francisco Javier de Elío en  Montevideo. Con el grado de Teniente Coronel otorgado por la Junta de Buenos Aires, Artigas triunfa en la batalla de Las Piedras un 18 de mayo de 1811, donde luchan juntos blandengues orientales y patricios bonaerenses ante las fuerzas de Eíio, lo que lo hace acreedor a que la Junta lo ascienda al grado de Coronel. Las gestiones y luego la concreción de un armisticio entre las autoridades juntistas de Buenos Aires y las regentistas de Montevideo, no cuentan con la conformidad de los orientales. En la Quinta de la Paraguaya, que fungía de Cuartel General, Artigas es designado Jefe de los Orientales y con el simbólico óleo de Samuel en su cabeza, el flamante General en Jefe, pasa a ser el Conductor, de los pueblos de la margen oriental del Río Uruguay, en la acepción castrense del vocablo. En 1813 en el Congreso de Tres Cruces, al considerarse las bases del reconocimiento del Congreso General Constituyente de la Nación, Artigas expresará: “esto no es ni por asomo una separación nacional”, dejando claro que la soberanía de los pueblos orientales debía conjugarse con la soberanía de la Nación, que comprendía a todos los pueblos que habían conformado el Virreinato del Río de la Plata. En 1814 ante la misión Amaro-Candioti, Artigas precisa que la independencia provincial no significa independencia nacional. A su vez en 1815 ante la propuesta del Director Supremo de las Provincias Unidas Álvarez Tomas, por intermedio de la misión Pico- Rivarola, de independizar a la Provincia Oriental de la Unión Nacional, Artigas la rechaza enfáticamente. Artigas concebía una Confederación de Provincias, como la que había regido, durante diez años, a los Estados Unidos de América. Su expresión tangible fue la Liga Federal que integraron las Provincias: Oriental; Misiones; Corrientes; Entre Ríos; Santa Fe y Córdoba. Este empeño geopolítico subsistirá a pesar de la invasión portuguesa e incluso hasta su ocaso militar en el curso del año 1820. La teoría y la praxis de la Confederación hubiese devenido inevitablemente en una Federación, como ocurrió con los Estados Unidos de América y que por estos lares plasmara el eminente tucumano Juan Bautista Alberdi, en las famosas bases y puntos de partida para la organización nacional. Ni la dominación portuguesa primero ni la brasileña después quebraron los anhelos del Pueblo Oriental, por ello un 19 de abril de 1825 el Cnel Juan Antonio Lavalleja al mando de una cuarentena de hombres argentinos orientales y occidentales desembarcaron en la Playa de la Agraciada comenzando el proceso liberador. La proclama de Lavalleja es inequívoca “¡Viva la Patria argentinos orientales!…La gran nación argentina, de que sois parte, tiene gran interés en que seáis libres”. Esta magna empresa se consolida con el acuerdo del Monzón el 29 de abril entre Lavalleja y Rivera y tiene su más sublime expresión jurídica el 25 de agosto de 1825 cuando la Sala de Representantes de la Provincia Oriental reunida en la Florida sanciona tres leyes fundamentales por las que declara la independencia del Reino de Portugal y del Imperio del Brasil, dispone la reincorporación a las Provincias Unidas y establece el Pabellón Provincial hasta que se concrete la reincorporación donde flameará el Pabellón Nacional. Las victorias de Rivera en Rincón el 24 de setiembre y de Lavalleja en Sarandí el 12 de octubre, determinan que el 24 de octubre el Congreso de las Provincias Unidas apruebe la reincorporación de la Provincia Oriental a la Unión Nacional, por ello el Imperio del Brasil le declara la guerra a las Provincias Unidas. Luego sobrevendrán los hechos de 1828, donde en una convención preliminar de paz, celebrada en Río de Janeiro y redactada en idioma portugués, entre el Emperador del Brasil Pedro I y los representantes del Gobernador Dorrego, Guido y Balcarce, le amputan a la Nación su Provincia más estratégica. Como lo expresara el Dr Luis Alberto de Herrera en su obra El Uruguay Internacional: “nacimos a la vida independiente sin una fe de bautismo en regla… como un ensayo al juicio posterior de los tutores”. A partir de la consolidación del Estado Oriental del Uruguay en las últimas décadas del siglo XIX, nos hemos apropiado en exclusividad de Artigas y construido una historia que desconoce los vínculos con nuestros hermanos situados al occidente del Río Uruguay.

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