LOS QUE QUEDAN EN LA HISTORIA… (Parte II) Por Nelson Jorge Mosco Castellano

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Cuenta la historia que Abraham Lincoln contestó a los que lo criticaban que había que “ponerse en sus zapatos”. Es cierto, no es fácil gobernar cuando se tiene principios, dogmas, y el se opuso a la esclavitud en un país racista. Los idealistas pagan siempre por defender sus principios. Él pagó la intolerancia con su vida.

Su contracara, Thomas Jefferson dijo “el dinero y no la moral hará grande este país”. La frase suena mal, pero es sincera, … la tenía clara. Retrocediendo en el tiempo, Gengis Kan, al frente de su Horda de oro dijo “presente en mil batallas. Siempre mi cuerpo se encontró delante”.

Recalcando la responsabilidad de los líderes, Harry Truman mandó tirar, no conforme con una, dos bombas atómicas sobre Japón, solo por vanidad, porque el país asiático estaba prácticamente vencido. Y Felipe II de España, excusó tontamente su decisión fallida, diciendo: “Yo mandé a mis hombres a pelear contra los hombres, no contra los elementos”, refiriéndose a Inglaterra y la tormenta; y el nombre de su armada era la gran armada de Dios.

Volviendo al siglo XX, a algo más vernáculo, repasemos “¡Unidos o Dominados”, (Discurso pronunciado el 11 de noviembre de 1953 en la Escuela Nacional de Guerra) por un líder argentino, expresando visión de futuro, e intención de liderar: “Las organizaciones humanas, a lo largo de todos los tiempos, han ido, indudablemente, ¡creando sucesivos agrupamientos y reagrupamientos! El problema fundamental del futuro es un problema de base y fundamento económicos, y la lucha del futuro será cada vez más económica, en razón de una mayor superpoblación y de una mayor superindustrialización. Es indudable que nuestro continente, en especial Sudamérica, es la zona del mundo donde todavía, en razón de su falta de población y de su falta de explotación extractiva, está la mayor reserva de materia prima y alimentos del mundo. Esto nos indicaría que el porvenir es nuestro y que en la futura lucha nosotros marchamos con una extraordinaria ventaja. Pero precisamente en estas circunstancias radica nuestro mayor peligro, porque nosotros estamos amenazados a que un día los países superpoblados y superindustrializados, que tienen un extraordinario poder jueguen ese poder para despojarnos de los elementos de que nosotros disponemos. Es esa circunstancia la que ha inducido a nuestro gobierno a encarar de frente la posibilidad de una unión continental real y efectiva, empezando por Chile, Brasil y Argentina, para encarar una vida en común y para planear, también, una defensa en común”. A partir de esos conceptos estratégicos, Juan Domingo Perón, con marchas y contramarchas, intentó llevar a la Argentina a otro nivel de liderazgo. Tenía razón, pero, la degradación de esas ideas en el marco corporativo mussoliniano, consiguió todo lo contrario. La Argentina está aislada del mundo.

LOS TIEMPOS DE LA HISTORIA.

Hay quienes interpretan que gobernar es el arte de lo posible, y que las limitaciones para gobernar acotan las decisiones del dirigente. Sin embargo, los que quieren pasar a la Historia, tienen otro concepto, gobernar es agotar todas las acciones, todos los instrumentos constitucionales, dar todo el esfuerzo por cambiar la realidad deprimente que conculca la vida de su pueblo. Esos son los que se proponen superar cualquier barrera. Se ponen del lado de su pueblo para construir un mejor futuro. Hay seres humanos que no pueden esperar al próximo gobierno, o al otro, o al otro.

Cuando en el Uruguay, como en toda la América hispánica, se estuvo al borde del desquicio totalitario comunista y anarquista, la Asamblea General supo disponer el Estado de Guerra Interno propuesto por el Poder Ejecutivo. Esa decisión produjo un enfrentamiento a ganar o morir entre sus Instituciones Armadas y la guerrilla, que una vez superado, nos permite vivir en el marco de una sociedad electoralmente democrática.

No obstante, lo que debiera ser un Estado de Derecho vigoroso en su gestión, en el Uruguay hace muchas décadas que no cumplimos eficaz y eficientemente ninguna de las tres funciones básicas clásicas. Nuestra Justicia, sin los recursos acorde a su función y su dignidad exhibe una organización deficiente, declinante, crítica. En particular reformas en la jurisdicción penal, sin sustento técnico ni presupuestal, la “Fiscalía perfecta” claudica fuera del marco constitucional, se “especializa” en la confrontación ideológica, sin capacidad para penar la corrupción. Nuestra Defensa, abocada a atender la ineficiencia de otras reparticiones públicas, carece de infraestructura y capacidad de respuesta para defender los intereses estratégicos nacionales territoriales y marítimos. Nuestra Política Exterior ha perdido la dignidad de su presencia, la capacidad negociadora; claudica ante una diplomacia internacional de intereses propios.

Pero, además, conceptos probadamente fracasados han inficionado el Estado. Incorporó agencias públicas por imitación, superpuestas anómicas, impuestas desde el extranjero, que consumen recursos infinitos, y hacen fracasar a cualquier gobierno que quiera ordenar el gasto público. Una institucionalidad artificial que lastra, agota y extingue al sector productivo del que vivimos todos los uruguayos.

Desde intendencias, ministerios, alcaldías, empresas del Estado co-privatizadas asumen que gobiernan bien.  Creadas con intencionalidad político-ideológica por ser “imprescindibles”, desbordan de nepotismo, amiguismo y concertación política. Y además, superan la capacidad contributiva del administrado, deprimiendo su condición económica y social.

LA DISTORSION POLÍTICA A LA FUNCIÓN DEL ESTADO

El batllismo, en el siglo pasado, incorporó a lo público actividades privadas para que el lucro deviniera en la sociedad; evitara la concentración de la riqueza en monopolios privados; o asumir actividades, que sin ser rentables, eran socialmente necesarias.

Esas organizaciones cupularmente dirigidas por políticos incapaces, que asumieron su sillón como premio consuelo, las trocaron en coto de caza de votantes subsidiados, y donantes.  Funcionarios públicos multiplicados se han convertido en parasitaria burocracia solidificada, que exige cada vez más recursos, sin ninguna consideración a la carga de deuda pública. Impúdicos, hacen esclavos de precios monopólicos a sus obligados consumidores; encarecen la actividad productiva hasta extinguirla; cargando de miseria hasta a los lugares más recónditos del Uruguay.

Sigue vigente el histórico pacto del “chinchulín”, que remasterizado, permitió al frentismo repartir migajas a la oposición, para acallar la dilapidación y corrupción de ex guerrilleros e hijos putativos, que redistribuyeron (entre ellos) la recaudación que nos quitaron a todos.

La costumbre política del reparto de cargos a personajes inútiles, sin referencias, se ha naturalizado, dejando la administración a cargo de gerentes que los dirigen. No ha estado exenta la heterogénea coalición “republicana”, que, pese al intento de incorporar algunos técnicos, ha tenido en ministros renunciantes denunciados y repartija por cuota sectorial.  Su variopinta integración no ha podido recortar el gasto público de millonarios recursos, para recuperarnos del endeudamiento del frentismo y la inflación que castiga a los más económicamente deprimidos.

Este sistema procrastina una auditoría de no conformidades; impide la atención de urgencia de miserias que interpelan duramente, obligación prioritaria de los gobernantes del pueblo; que hace tambalear la democracia como opción para que todos se sientan representados. Mientras con la ñata contra el vidrio se añora engrosar la privilegiada estabilidad de funcionarios que no funcionan y jerarcas que solo reclaman más dinero.

Aquellos “revolucionarios” con títulos de “solidario, progre y honesto”, regaron de incapaces paniaguados que asumieron con “hambre” el dinero de que el pueblo puso a su cargo; convencidos de que era de su libre disposición. Estatistas absolutistas de cúneo stalinista, encararon impunemente morbosas pérdidas, ideológicamente consorciados, auspiciados por empresarios prebendarios que practican religiosamente que los que cambian son los gobiernos, ellos no.

Así se cargaron infamemente los impuestos sobre el salario, la jubilación, o la necesidad del laburante de trabajar formalizado. Pagamos el alto precio de su ineptitud, venalidad, y corruptela, endeudándonos con la “patria financiera”.

Nunca asumieron esa irresponsabilidad económica, política y social.

Ahora, desde la minoría (con responsabilidad de gobierno) se transforman en frontal oposición; trancan a fondo cambios imprescindibles sin proponer alternativa alguna. Agitan, consorciados con los sindicalistas, la reforma educativa; la asociación del portland que Sendic dejó sin caldera con privados; y fueron agonistas destacados en criticar las soluciones en la pandemia, en la sequía, y en todo lo que se proponga para cambiar la pisada abyecta que dejaron sobre el país.

Critican porque no se realizaron proyectos que dejaron en el “debe hacerse” al gobierno siguiente, sin previsión de recursos, ni vergüenza por haber plagiados antecedentes que encontraron cuando ellos llegaron al poder.

El refrito de partidos de izquierda en sus diversas variantes: “moderada”, recalcitrantemente comunista, y confrontativa anarquista, sigue al servicio de los especuladores internacionales. Programa aplicar más impuestos, que implica aumentar la parálisis económico-productiva, expulsar a inversores que dan trabajo y crean recursos; y distribuir lo que no hay ni habrá, más deuda hasta que nadie más nos preste. Como no tienen inteligencia propia para desarrollar un proyecto nacional y popular que haga funcionar el multi fracasado socio-comunismo, incorporan apuestan a la inteligencia artificial. Paradoja, tecnología que hacen creativos libres al servicio de totalitarios.

El ChatGPT la AI les dirán, que aumentar el gasto público estatizando con el paroxismo socialista, también aquí, implosionará. Ese despilfarro que Astori, como profesor de economía, reconoce disparatado, incontrolable, ganado por la corrupción, por el que desde ya reclama, que sus veleidades “desarrollistas” debieran ser sometidas al veredicto de su sector de independientes. Frenar ideologías exitosamente fracasadas y “vivos” trepadores de sueldos públicos.

Sus precandidatos asustan. Cosse pergeñando coparticipar del endeudamiento que le niega Arbeleche, recibió y multiplicó los cargos en una intendencia fundida, que no aguanta más impuestos y multas.

Orsi no quiere ser menos. Informó en un pedido de informes que tiene 334 cargos muy “políticos”. 274 por “asignación directa” y 60 designados por “confianza”. 35 directores, de $ 225 mil mensuales. Numerosas designaciones responden a familiares o parejas de legisladores del Frente Amplio, exediles o exalcaldes, incluso algunos dirigentes blancos y colorados que optaron por ingresar en la intendencia frenteamplista. Nepotismo y premios políticos a dirigentes que no obtuvieron cargos electivos. Todo en perjuicio de los contribuyentes de Canelones. Un «despilfarro» en favor del «proyecto político nacional» que Orsi está diseñando, que termina «pagando el pueblo». El monto económico de todas estas contrataciones son US$ 55 millones en todo el período, sin contar licencias, aguinaldos o aportes patronales.

Orsi consiguió con votos “sensibilizados” US$ 66 millones para dos fideicomisos para obras que el gasto presupuestal ya no admite. Se suman a un endeudamiento global que ronda los US$ 550 millones. Parece que el dinero no va para obras, va para financiamiento político, en una intendencia que tiene 4.500 funcionarios presupuestados y 900 contratados, más todas estas designaciones directas.

¿Pasarán a la Historia de los estatistas que exterminaron al Estado?

O, ¿Seguirán el proceso histórico populista de agotar otro país, para entregarlo como “fruta madura”, en manos de los grupos económicos especuladores de la miseria que financian al Foro de San Pablo?

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