Se cuenta el milagro, pero no el Santo

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Verónica Cortabarría Izquierdo

Hay que ver qué desarreglo, sufre hoy la muchachada

No te dejan dar un paso, sin tener que criticar,

Han cambiado la decencia, por la indigna cachetada

De enlodar la vida de otros, por placer de claudicar.

Hay que ver cómo se mandan, el debut de una insolencia

Viven sólo de mentiras, olvidando la verdad,

Rezagados en el codo de la vida, la “Experiencia”

Va perdiendo la carrera, que le gana “Vanidad”.

Partamos de una premisa: No hay nada totalmente privado en la vida de un político. Muchas veces, porque lo privado es llevado a la esfera pública, por los mismos actores, que en campaña deciden, a lo Julio Iglesias,  mostrar aquel perfil que les favorezca mas. Otras tantas, por distintas razones que hacen que los otros actores, en lo caliente de la contienda, decidan dedicarle unos minutos a desarrollar el perfil del otro candidato. La saña o el grado de la misma, dependerá de factores varios, que van desde lo más obvio, como ser un rival directo, a lo menos obvio para nosotros los de a pie, que concluiremos muchas veces, en un “algo habrá hecho” para ser merecedor de tales dedicatorias.

Conocer un poco de algunos y bastante de otros de su vida privada, está bien. Humaniza a los actores y tranquiliza a los que intentamos creer en ellos, y entonces eso se convierte en legítimo por decantación. Pero como en todos los órdenes de la vida, todo tiene un límite, o al menos debería. Y el límite en estos casos debería ser la INTIMIDAD. Diferenciemos, porque no, lo privado de la intimidad. Lo privado es una cosa, lo íntimo es otra. Intimidad es, por ejemplo,  con quien duerme o con quien se acuesta un político. Cosa que solo debería importarnos o escandalizarnos si esto incluyera un acto inmoral e ilegal.

El Uruguay es en apariencia un país que se diría de hijos todos de madres y padres timoratos, con ADN pacato. Y también es un país del “somos pocos y nos conocemos bien”.

 Busquemos a los de la doble moral. Identifiquemos a aquellos que apoyan la libertad y el ejercicio del respeto. Primero, claro está,  hacia el pueblo que ahí los puso.

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