SINDICATOS QUE NO ACATO!

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Por: Daniel García.

¿Acaso la obediencia ha de ser ciega al sindicalismo? ¿Hay espacio para la objeción de conciencia sindical? Yo sostengo que sí lo hay.

El Pitcnt como tal tiene su origen en 1983, aunque la CNT núcleo central del movimiento, data de 1964. Como orígenes de un cierto movimiento sindical, hay que remontarse sobre fines de los años 1870. Una clara identificación y origen en esos tiempos, con corrientes anárquicas que emergían como cabeza de las reivindicaciones y reclamos obreros.

Ya en sus primeras organizaciones hay una indiscutibleidentificación con movimientos socialistas, esas corrientes que promueven eslóganes de tipo emocional “destruir todas las instituciones burguesas y políticas, hasta llegar a establecer en su lugar una Federación Libre de Productores Libres”

La Revolución Rusa en 1917 comienza a modelar una impronta particular, donde los Comunistas,con sufilial uruguaya fundada en 1920, logran formar la Confederación Generaldel Trabajo del Uruguay. Su estrategia definía “perseguirpor la lucha de clases el mejoramiento y la liberación final de la clase obrera. Esto último solo es posible por el derrumbamiento del poder capitalista y la toma de la dirección de la sociedad por el proletariado en alianza con los campesinos pobres”

Como se aprecia, desde 1930 hasta el 2021 las consignas no han variado mucho, si fuera un discurso de Maduro, nadie se sorprendería, así como el de cualquier acto de algún 1° de Mayo vergonzante.

Si leemos la misma página oficial del Pitcnt, se nos pasea y mencionauna interminable sucesión de huelgas que son tomadas como estandartes y muestras de acciones a destacar.

Loa años 60 y 70 que hemos analizado en artículos anteriores, en referencia al accionar de los grupos armados, no tuvieron a los sindicatos y entidades obreras, como participantes ajenos de lo que sucedía.

Más bien fueron protagonistas directos, dado su apoyo y justificación de lo que acontecía en el país, alineados afectivamente a quienes promovían caos en el Uruguay, siendo no pocas veces actores principales.

Su visión marxista de la realidad, utilizando esta filosofía para interpretar los acontecimientos políticos, económicos y sociales, ha determinado, como es evidente, que sus conclusiones sean orientadas desde siempre en una única dirección, una impronta de izquierda.

Esto por lo tanto, no puede nunca representar a la mayoría de los trabajadores, los cuales han sido encorsetados en determinadas visiones, que no dejan espacio a otros análisis. Muerte al carnero, parece ser la consigna dominante.

¿Los empresarios son trabajadores o no? Porque según entiendo, quien aporta un capital para llevar adelante un emprendimiento cualquiera, debe ser considerado trabajador también, cuando muchas veces al velar porque todo funcione, se mantenga dedicado y a disposición más horas que los otros empleados, siendo siempre el último responsable de todo lo que suceda.¿Se puede prescindir del cerebro en un organismo cualquiera?

La mayor parte de las veces sin horario, debiendo disponer de su tiempo, más allá del de aquellos que lo tienen establecido, por ser dependientes, el pequeño y mediano empresario es determinante para mantener eso 5 o 10 puestos de trabajo. Podrán ser roles distintos, pero que debe trabajar es más que obvio.

El marxismo desde siempre ha intentado distinguir aquellos trabajos manuales, como la esencia o pureza de lo que es trabajar, dejando un alto y cada vez mayor espacio de otras actividades,dejándolas como secundarias o menospreciadas.

Hoy en día sabemos, la cantidad de nuevos puestos de trabajo que los servicios han generado, todo lo relativo a inteligencia artificial, informática, etc. que han desarrollado actividades antes impensadas, observándose una tendencia decreciente, justamente en los trabajos de orden manual.

Repasando la prensa de la época, cualquier persona podrá comprobar el caos que la sociedad vivía en los años de efervescencia, donde huelgas interminables azotaban a la población que debía recurrir a medios creativos para llegar a su trabajo, camiones que levantaban gente en recorridos generales, caminar hasta donde pasaba un ferrocarril que nos acercara al destino, una verdadera anarquía que golpeaba una y otra vez la economía del país.

Era la lucha de clases llevada a su extremo, las soluciones no aparecían, mientras buena parte de los dirigentes sindicales “arreglaba” los conflictos con favores o privilegios, cosas que no han desaparecido tampoco.

Mil historias de este estilo, cientos de asambleas interminables donde los marxistas más ortodoxos terminaban imponiendo, casi por cansancio sus medidas, haciendo creer que una decisión mayoritaria había triunfado, cuando solo era una regimentada minoría que imponía su voluntad. Con los años hemos visto a esos huelguistas acceder a cargos gerenciales sin la menor preparación, solo por su lealtad al movimiento obrero, como si la lealtad generara conocimientos técnicos en administración o gestión. Son solo mafias asegurándose obediencia incondicional.

Los sindicatos han estado involucrados en política y claramente la partidaria, alineados con la política del Frente Amplio, sus programas y análisis en las distintas coyunturas.

Los últimos años de gobierno del Frente Amplio, hemos visto una clara y repetida mancomunidad de esfuerzos, desde hace años las listas de las elecciones nacionales, los candidatos del Frente,las integran notorios dirigentes sindicales, en los elencos ministeriales también han hecho gala de presencia.

Por si esto fuera una mera interpretación subjetiva, el hasta ahora presidente de la Central Sindical pasó a integrar el trío de candidatos a ocupar la presidencia del Frente Amplio, siendo a priori el que tiene mayores apoyos.

La pandemia mundial del Covid 19 puso a prueba a todos los países para ver cómo enfrentaban este flagelo. El nuestro se ha destacado en ese sentido,demostrando como con esfuerzo y racionalidad se sobrellevó una crisis mundial sanitaria. También hemos visto la contribución de los sindicatos, los cuales convocaron a paros y marchas en plena pandemia, en una clara acción de desestabilización inaudita, improductiva y estéril en todo sentido, desnudando su estrategia de desestabilización continua que ahora es premiada en el Congreso del Frente Amplio.

Nadie espere medidas de colaboración, cooperación o acuerdo, eso rompería la esencia del movimiento sindical, cuyo sustento ideológico es la lucha de clases, un concepto marxista negativo, antiguo y destructivo.

Tal es la sujeción ideológica y la obsecuencia, que queda manifiesta en cualquier entrevista a sus dirigentes dentro de un local sindical, se nos mostrará carteles alusivos a Cuba, a la Revolución, a Fidel Castro y al Che Guevara.No faltarán, los desaparecidos, la prédica contra la LUC y toda consigna del evidente signo político de la izquierda.

Casi en forma obscena hemos visto a su secretario Marcelo Abdala, elogiar, aplaudir y defender al dictador Maduro de Venezuela, en una demostración de adulonería, obsecuencia y servilismo, para los cuales no hay calificativodecente.

La convocatoria a paros generales, con plataformas netamente políticas, desgasta la imagen del movimiento sindical. El uso y abuso de recursos como el paro, genera fastidio, desprestigian esa arma con la que cuentan los trabajadores, para ser usada ante otras circunstancias más graves, quitándole la seriedad por utilizar este recurso sin ton ni son.

Los sindicatos también se alinean y promueven, no se podría esperar otra cosa,  con todo lo referente a la Revolución Cultural en curso, lenguaje inclusivo, más bien deformado, liberalización de drogas, disminución de penas, quitar potestades a la policía, leyes más permisivas, aliento  a las posturas de grupos LGBT.

En una definición netamente política, fuimos testigos del impulso llevado a cabo para la recolección de firmas con el propósito de convocar al referéndum para derogar 135 artículos de la LUC. Eso implicó, convencer al Frente Amplio de embarcarse en esa acción, ya que el propio grupo multipartidario no tenía certeza de alcanzar el objetivo, en cuanto a las firmas necesarias.

El premio por el casi éxito alcanzado, parece ser, contribuir con su máxima autoridad, como uno de los candidatos a presidente del Frente Amplio, coronando así la estrategia desarrollada. Después nos quieren hacer creer de su independencia de la política partidaria.

Para ello recurren a ese lenguaje propio del marxismo, independencia de clase, conciencia de clase, sociedad sin clases, opresión, explotación del hombre por el hombre, el cual a veces es impenetrable en cuanto a que se quiere significar.

Algunos proyectos como el de Personería Jurídica serían importantes para dar el marco adecuado a la actividad sindical, tan desbordada e influyente en el quehacer nacional. 

Entiendo que se debería revisar esa libertad desmedida que tienen los dirigentes sindicales para sus actividades, gozando de licencias que han durado decenas de años, y que en la mayoría de los casos, se les paga el sueldo en instituciones del Estado, a personas que jamás concurren a trabajar.

En una perversa combinación, en la cual dirigentes promueven acciones contra el propio Estado o contra Empresas, que los contrataron para trabajar y contribuir a su desarrollo y crecimiento.

Los millones de pesos que reciben producto del descuento por aporte sindical, está por fuera de todo control y así hemos visto acciones no transparentes como el caso de la construcción de viviendas que escapan a todo control.

La libertad sindical puede ser una cosa, siempre referida a cuestiones de su propio ámbito, en la defensa de los intereses de los trabajadores. Por otro lado las acciones netamente políticas, así como el tiempo que los sindicatos invierten para su discusión, tratamiento y accionar, distorsionan aquella finalidad y los convierten en simples agentes políticos al servicio de una causa, en especial de un partido, en este caso el Frente Amplio.

El patoterismo con el que se actúa en conflictos o paros, por el que no se permite entrar a trabajar a quienes desean hacerlo, piquetes que no permiten ingresar a otro trabajadores, atentados a vehículos como se ha visto, el insulto y presión a quienes no comparten estas posturas, son viejas prácticas sindicales llevadas a cabo a la vista de quien quiera verlas.

El Uruguay moderno y mirando al futuro, debe encarar esta actividad, despojándola de estos vicios negativos, tal vez otra Central Sindical, no politizada y verdaderamente neutra, sería necesaria para refrescar estos sindicatos llenos de vicios, los cuales yo no acato!

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