Tejado a dos aguas

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Por: Escribano Sebastian Rodriguez Merlo

Viniendo de la “Bourgogne”, ingresando en la llanura del Rhin, uno ingresa en esa zona límite entre dos países, y el paisaje cambia, uno percibe la humedad, el buen pasto mojado, deja atrás los paisajes urbanos empedrados, y acá reina la madera en esas casas de cuento. La gente trabajando la tierra en las laderas arriba, el sol tímido en setiembre, el asfalto abajo mojado, las hojas con su tono amarillento y a cosechar. Ahí nace la Riesling, Nombre alemán en zona francesa, dos idiomas, si habrá habido historia de batallas… hoy reina esa mezcla de trabajo y buena vida.

Preparamos la mesa, un poco de fiambre, pan, mermelada, frutos secos, quesos, y no puede faltar el Riesling, uva blanca fresca con dejo a manzana en su juventud yalquitranado con los años, pero que soporta muy bien la podredumbre noble (hongos) para ser un botrytis con su toque dulce y complejo. Cualquiera sea la versión, esta variedad es símbolo de esa frontera tan competida durante siglos, para ser hoy una zona con su propia identidad, inclusive con su propia lengua, uno camina por Estrasburgo y se siente esa identidad francesa-alemana.

Entrando en nuestras tierras, hay una conexión entre Riesling y la bodega Los Cerros de San Juan, en el Departamento de Colonia, donde se asentaron grandes colonias de alemanes y suizos, entre otros, dejándonos ese legado por buenos quesos y buen vino.

El homenaje a una variedad que soporta platos cargados, no siendo “de cajón” un pescado solamente, sino también carne de ave, salchichas, quesos,etc, ¡¡¡Señora: tráigame ese acordeón por Favor!!!

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