TEORIA DE LOS DOS SHAITÁN. Por Juan Ramón Rodríguez Puppo

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Shaitán es Satanás o el demonio para los musulmanes. Según el Corán Shaitan es malo e irreverente. Ante Adán no hizo reverencia a un ser humano por considerarlo un ser inferior. Alá dijo entonces:

“Sal de aquí. Te maldigo hasta el día del juicio final”. (Corán 15: 30-35)

Si nos venimos a nuestros tiempos y estas comarcas para la izquierda uruguaya siempre ha existido UN SOLO SHAITAN.

La teoría de los dos demonios es una apelación despreciable (para la zurda nuestra) en la interpretación de la historia reciente del país. El malo es uno solo. Y vaya casualidad. Siempre ese demonio o Shaitán recae en la figura del enemigo de turno.

Impensable entender que hubo culpas históricas de la izquierda uruguaya en la conformación del tiempo de guerra que derivó en una dictadura militar. ¡Que Alá no nos permita otra lectura!

Y esa pelea dialéctica entre bien y mal se manifiesta inalterable en cuanta discusión se procese porque la izquierda encarna el bien en la tierra y todo lo que se oponga representa valores moralmente rechazables. No hay espacio siquiera para considerar a movimientos terroristas como representación alguna del mal.

Shaitán es el sistema capitalista y una célula terrorista es apenas una expresión de resistencia frente a todo el mal que genera.

El ataque de Hamas a Israel hace pocos días interpela de nuevo esta interpretación del cielo y el infierno en distintas religiones.

La izquierda vernácula interpreta dichas expresiones de violencia salvaje como una “escalada de conflicto entre 2 partes similares”.

No se anima a denunciar a Shaitan en la peor de sus versiones porque –en líneas generales- comparte un sentimiento de violencia compartida hacia quien representa los valores de Occidente. La única democracia plena en la región Medio Oriente es Israel. ¿Qué podemos tener en común con ellos si somos del MPP o del PCU?

NADA.

No importa la barbarie de quien siembra la muerte como expresión suprema de su objetivo de vida. Ni importa distinguir entre agresor y agredido. Ellos siempre encontrarán una justificación remota a la agresión.

Dijo alguna vez Golda Meir: “Esta guerra acabará el día que los extremistas amen más a sus hijos que a nuestra muerte”.

Y nuestros políticos de izquierda algún día deberán pronunciarse si quieren pertenecer al mundo occidental, judeocristiano o someterse a los designios de Alá y autoflagelarse rindiendo honores a Irán o al mismísimo Hamás.

Para analizar nuestros tiempos de dictadura militar les duele la teoría de los 2 demonios. Pero se escudan en la teoría de los 2 Shaitáns para dibujar equivalencias entre un país democrático atacado y una facción de terroristas sanguinarios.

Si no estuviéramos cercanos a una elección nacional, los comunicados del FA en estas horas hubieran sido más infelices aún. Todos ellos carentes de valor ético y plagado de justificaciones para evitar una condena unívoca al terrorismo de Hamas.

Cuando se ataca a una nación libre con bombas, misiles, secuestros y asesinatos de civiles y hasta de bebés no existe la palabra o conjunción adversativa: PERO.

O eres buena leche o inmundicia. No existe el PERO.

No hay equivalencias entre Israel y Hamas. Ni siquiera se puede evocar la causa palestina que sigue siendo tan válida y plausible como el primer día. Me importa poco si valoro bien o mal a Netanyahu. Tal vez no lo quiera mucho. Pero hoy soy Israel. No dudo. Tengo valores compartidos.  

Todos sabemos que este ataque viene a arruinar un acuerdo de paz que se impulsó en 2020 y que estaba a horas de sellarse definitivamente. Ese acuerdo de paz promovía la armonía con muchos países musulmanes e Israel. La forma de derribarlo era sembrando el terror.

Los comunicados del FA y otras fuerzas de izquierda de América se aferraron ahora a lo que tanto han despreciado.

La Teoría de los 2 demonios.

La franja de Gaza queda sobre el asedio israelí y el termómetro humano se dispara en todas direcciones. Hambre, desolación y también la incertidumbre sobre la suerte de los rehenes.

En la valoración afectiva del amor a mis hermanos no pueden existir eufemismos.

Y aún suponiendo que no existiera amor o afecto en la política. Es también valedero reconocer que en la vida uno debe sentirse al lado de quienes comparten valores superiores. Vivo muy lejos de Israel. No conozco de cerca su sistema de gobierno y puede ser tan o más imperfecto que el nuestro. Pero viven en democracia y dan abrigo a muchos uruguayos que trabajan en su suelo y progresan. Ellos son mis hermanos. No planean extinguirme de esta tierra porque no concuerdan con mi religión. No me exponen al fanatismo ni a la barbarie. Con muchos judíos de esta tierra nos criamos juntos, compartimos un banco de escuela o un negocio o un vecindario. Si los atacan salvajemente…son mis hermanos. Con eso no se jode. Con eso no se negocia.

Yo soy Israel!!!!

Vos???….. Shaitán?

jrpuppo

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