LOS TERRAPLANISTAS…

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Por el Dr.  Nelson Jorge Mosco Castellano

En el siglo XIX, cuando la idea de la Tierra como una esfera era un hecho universalmente aceptado, Samuel Birley Rowbotham, propuso la idea de que en realidad era una superficie plana centrada en el polo norte. La postura de Rowbotham fue aceptada por una sociedad religiosa estadounidense, pero pronto cayó en el olvido.

En el siglo XXI, a partir del uso masivo de internet, se popularizó a través de foros virtuales y canales de YouTube desde donde fue aceptada por algunos teóricos de la conspiración. En 1956 Samuel Shenton, revivió la Sociedad Zetética con el nombre de International Flat Farth Society.​

Con el nacimiento del programa espacial y la llegada del hombre a la Luna, tuvo que confrontar sus ideas con los cientos de fotografías de la Tierra realizadas desde satélites orbitales y, después, por los propios astronautas. Al respecto, Shenton afirmó: «Es fácil de ver cómo una fotografía como esta puede engañar al ojo no entrenado». Más tarde adoptó la opinión de que los viajes espaciales y los alunizajes fueron montajes cinematográficos.

En 2004, Daniel Shenton ​ hizo renacer la opinión de un modelo plano de la Tierra a través de los foros de internet de la época, ​ lo que llevó a un relanzamiento de la Sociedad en octubre de 2009.​ Además, se volvieron a aceptar nuevos miembros,​ a los cuales se los denominó terraplanistas.

Por medio de falacias lógicas e ignorando los argumentos científicos,​ se desarrolló una teoría ad hoc que ponía en cuestión todos los descubrimientos astronómicos desde Eratóstenes. La clave consistía tanto en acusar de conspiradores o víctimas de engaño a quienes defendieran el modelo aceptado de la forma esférica de la Tierra, como en plantear preguntas a partir de información sesgada.

Actualmente, los modernos terraplanistas defienden la idea de que la Tierra es un disco centrado en el polo norte y rodeado de un muro de hielo de 45 metros de altura, el cual identifican con la Antártida.

Así como existen terraplanistas astronómicos, también hay terraplanistas conspiranoicos en lo ideológico. Personajes que niegan la naturaleza del funcionamiento económico y social. Niegan que el valor de intercambio de la moneda se relacione a la producción previa de recursos que la respaldan. Que la emisión monetaria que exceda ese respaldo afecte el valor real de esa moneda en el intercambio de bienes. Menos que la emisión excesiva de papel moneda determine que ese gobierno esté estafando a quien obligatoriamente exige utilizar esa moneda licuando su valor real.

Hay terraplanistas que niegan que el comunismo haya implosionado con la caída del Muro de la vergüenza. Que la planificación soviética y china de la producción hubiera creado hambrunas terroríficas. Que los ciudadanos sometidos al comunismo sacrificaron su libertad a un sistema policíaco que reprime la resistencia a la opresión.

Los terraplanistas, comunistas y socialistas siglo XXI piensan que esos métodos no funcionaron por “conspiraciones externas”. Que el control etático de la economía no terminará, otra vez, en las mismas dictaduras.

La científica cubana Hilda Molina confrontó con Fidel Castro los efectos del comunismo. Nadie puede engañarla. Ha vivido anunciando que Gramsci ha servido como la catapulta cultural de ese terraplanismo ideológico; que el socialismo es la ideología del odio y el resentimiento, en busca de concentrar poder y dinero.

En el Uruguay los terraplanistas apoyan esa ideología. Respaldan gobiernos como el de Cuba, Venezuela y Nicaragua, que, igual que al de Corea del Norte y China aplican el mismo comunismo y hacen vivir a sus pueblos expatriaciones y holocaustos, que, a su vez, respaldan totalitarismos en todo el mundo. Respaldan también a gobernantes que usan engañosamente ese terraplanismo, con los mismos objetivos: apropiación de los recursos, obscenamente.

 Todos, utilizan la debilidad de los gobiernos para encarar las soluciones reales a la pobreza o indigencia. Los terraplanistas profundizan las crisis, reclamando derechos inalcanzables en economías cada vez más debilitadas, que no pueden aplicar restricciones terraplanistas al abuso del libertinaje.

El terraplanismo ideológico denuncia acciones conspiranoicas como causa de la frustración de los más postergados. Terraplanistas que aplauden gobiernos tiránicos, utilizan el espacio democrático, destrozándolo, para de alcanzar y eternizarse en el poder. Exigen satisfacer necesidades que la economía del país no tiene capacidad de colmar; endeudarse; apropiarse del ahorro, impedir la inversión, generar trabajo sustentable.

Sobre el tendal de cadáveres económicos, ofrecen su versión remasterizada del comunismo. Gobiernos populistas en todo el mundo asumen el terraplanismo como alternativa, emitiendo moneda en exceso con inconsistencia económica, en lugar de restringir gastos públicos a la realidad de sus recursos. Asfixian a la producción, generan desempleo, desabastecimiento, subsidian y emiten para “solucionarlo”.

Los terraplanistas no creen que el desabastecimiento en la Argentina de gasoil, o en Buenos Aires en los supermercados de papel higiénico y café, sea el mismo fenómeno que dejó a los bolivarianos sin moneda y sin productos: no hay divisas o dólares porque como cualquier mercadería la han topeado cerrando el intercambio natural. Nadie quiere perder con el dólar real a 300 y el del gobierno a 130; sumaría 200 pesos de recargo al precio kirchnerista.

Nuestros terraplanistas frentistas-pitcenetistas, proponen la misma receta para el Uruguay. De haber llegado al poder Martínez-Villar, hubieran profundizado la crisis económica; su terraplanismo fracasó porque choca contra la realidad. Lo mismo que les pasa a los Fernández en Argentina. Lograron el milagro de que un país inundado de riquezas naturales, tenga más de 20 millones de pobres. 7 millones de piqueteros que viven de “planes”; o sea mendigando al gobierno; hacen piquetes, que impiden a otros argentinos trabajar; asumen como su “trabajo” cortar y acampar en la 9 de Julio a la orden de los “gerentes del pobrismo”. Estos CEO, sindicalistas de los desempleados, viven de la explotación de la industria de la pobreza. Amigos del Papa pasan lista para que los hambreados mantengan “platita” del plan “potenciar trabajo”. Potencia la dependencia, que les hace perder por generaciones la cultura del trabajo.

La falacia terraplanista encubre cualquier delito del gobierno. Liquidados los recursos, multiplicados ad infinitum los impuestos, agotada la posibilidad de seguir detrayendo con la inflación, solo les queda la rapiña (robo por imperio); corrupción que permea a todo funcionario con mínimo de poder, creando la anomia estatal absoluta, a la que queda expuesto el que tenga todavía una mínima reserva de subsistencia.

Fernández y Fernández se camuflan de izquierdistas mientras se hacen millonarios, promueven la corrupción y buscan impunidad. Un consorcio que convirtió en polvo a inversores y emprendedores, expulsando del país a quienes resisten a la profundización de ideas probadamente fracasadas, que han dejado un país exangüe económica y socialmente.

Mirando enfrente, podemos comprobar en carne ajena, los efectos de confiar el gobierno a inescrupulosos que usan maquiavélicos planes terraplanistas. Llaman especuladores a los que dan trabajo, a quienes tienen creatividad. Confiscan el fruto del esfuerzo. Asesinan ilusiones de mejorar. Cuando la realidad demuestra el pavoroso resultado, acusan a otros, aplicando la receta conspiranoica. Nunca asumir responsabilidades propias: Macri, el egoísmo del productor, la guerra, el imperio. La pérdida de valor de su moneda es culpa de quienes no venden la cosecha. El aumento de los precios es culpa de quienes comercian a precios excesivos, voraces especuladores con la miseria ajena. Que no haya dólares es culpa de quienes viajan al exterior o compran con la tarjeta de crédito y agotan los dólares para comprar energía.

NADA ES CULPA DEL GOBIERNO QUE EMITE DESCONTROLADAMENTE BILLONES DE PESOS SIN VALOR, PORQUE GENERA Y AMUENTA CONSTANTEMENTE EL GASTO PÚBLICO, PERMITIENDO QUE QUIENES MANEJAN LAS “CAJAS” DE DINERO, TIREN O ROBEN LA PLATA DE QUIENES TRABAJAN E INTENTAN MANTENER ABIERTAS EMPRESAS Y PAGAR EL SALARIO DE LOS TRAJABAJADORES, MIENTRAS LES AUMENTAN LOS IMPUESTOS TODOS LOS DÍAS Y EL DINERO NO VALE NADA. 

Nuestros izquierdistas (empezando por Olesker y Bergara) promueven convertirnos en esos mendicantes, piden más deuda pública, que lastra el presente y futuro de los uruguayos. Endeudarnos con prestamistas y especuladores internacionales (Soros y el FMI incluidos) son acciones de un “gobierno solidario”. Aunque los pobres paguen los intereses en inflación de precios. No creen que los recursos pueden crecer trabajando, ahorrando, invirtiendo, exportando. Distribuir lo que no existe; agotar a los que todavía trabajan, mentir un crecimiento artificial del consumo. Esfumar el valor del salario, e impedir que haya trabajo.

Martínez-Villar, Olesker, Bergara, Cosse, Orsi, Pereira, Abdala, Castillo y demás “terraplanistas” que quieren detonar la economía, el orden económico y la armonía social. Destrozar la producción, el comercio y los servicios, para igualarnos en un sistema piquetero: “renta básica universal” a cargo de “Credisol”. Su plan liberar presos, permitir el narcomenudeo como “trabajo”, endeudarnos y declarar el default.

Treinta mil votos nos salvaron de introducirnos en ese terraplanismo. Pese a la democrática decisión, el ala sindical violenta aplica recetas gramscianas para demostrar poder. Frenar la inversión, impedir modificaciones a la educación que quedó en estado terminal, incorporarle a niños y jóvenes su relato ideológico y la guerra de género. Resistir volver a la laicidad y seguir destrozando la única herramienta de ascenso social. Detener el funcionamiento portuario y las exportaciones; impedir el orden en el gasto público; la disminución ordenada de los más de 300 mil funcionarios públicos; obstaculizar las reorganización de empresas públicas, que pueda evidenciar corruptelas, desorden y mal gasto; trancar la adecuación de los precios públicos a la necesidad de producir; bloquear la apertura comercial para que productores uruguayos puedan vender valor agregado de trabajadores nacionales; conmocionar con paros continuados como el de CONAPROLE resistiendo una cláusula de paz sindical.

La realidad tozudamente desmiente a los terraplanistas, negadores de lo evidente, constructores de odio, daño económico, desintegración social, corrupción social, ética y moral.

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