DE RENOVAR NI HABLAR. Por Marcelo Martín Olivera

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El Partido Colorado, una vez el bastión político que gobernó por más de un siglo en Uruguay y fue capaz de convertirlo en “la Suiza de América”, se encuentra hoy en día enfrentando un declive que parece irreversible. La reciente saga de eventos que rodean la propuesta para nombrar a Julio Luis Sanguinetti como Ministro de Turismo es solo un síntoma más de una enfermedad política crónica que aqueja a esta emblemática agrupación.

La oferta y posterior rechazo de Sanguinetti a la posición ministerial, negociada por su padre, el dos veces presidente Julio María Sanguinetti, seguido por la crítica pública de Pedro Bordaberry y otros actores del partido como Gabriel Gurmendez, exponen las divisiones internas y la falta de liderazgo claro dentro de la agrupación. Más allá de las disputas personales, estas acciones reflejan una incapacidad fundamental para articular una visión coherente y unificada para el futuro del Partido Colorado. El episodio también pone de manifiesto la desconexión que padecen con las demandas y expectativas de la ciudadanía uruguaya. Mientras se debate sobre nombramientos y se intercambian acusaciones, el país enfrenta desafíos urgentes en áreas como la seguridad o la educación. La falta de atención a estas preocupaciones clave solo sirve para distanciarlo de la base de votantes que alguna vez lo apoyó fervientemente.

Los obvios comentarios en redes sociales y portales de noticias sobre este asunto reflejan un profundo descontento entre la ciudadanía con el accionar del partido. Se señalan episodios pasados de disputas internas y decisiones erráticas que han contribuido al debilitamiento gradual de la relevancia política del mismo. La falta de autocrítica y la insistencia en mantener una estrategia política obsoleta solo agravan la situación.

Si el Partido Colorado aspira a recuperar su posición de relevancia en la política uruguaya, debe enfrentar estas realidades de manera honesta. Esto implica un proceso de renovación profunda que incluya la promoción de liderazgos emergentes, la definición de una plataforma política actualizada y la reconstrucción de la confianza perdida con la ciudadanía.

Su evidente decadencia es más que una simple anomalía política; es una tragedia para la democracia uruguaya. Después de un siglo de dominio político, la falta de visión, liderazgo y responsabilidad ha llevado a esta venerable institución al borde de la irrelevancia. El legado de grandes líderes y logros históricos se ha empañado por la incompetencia de muchos de los actuales integrantes, una especie de élite que ha perdido contacto con la realidad de su país.

Hoy más que nunca el Partido Colorado necesita más que simples retoques superficiales; necesita una transformación radical desde sus cimientos. Muchos de sus electores no están dispuestos a ser testigos de su lenta agonía mientras continúa arrastrando las cadenas del pasado. Es hora de que el partido se reinvente o se arriesgue a convertirse en una nota al pie de la historia política uruguaya. El reloj está corriendo, y cada día de inacción es un día más cerca del abismo.

Es hora de dar paso a una nueva era de política responsable y comprometida con el verdadero bienestar del pueblo uruguayo. Algo que solamente los colorados pueden hacer.

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