EL MUNDO. Por Joise Manuel Morillo

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El Mundo es una construcción abstracta creada por el individuo humano que tiene como acto (semántica): la comunión de las sociedades de diferentes etnologías. En este no existe homología de conducta, ni de creencias, ni costumbres, ni necesidades que no sean las propias de su naturaleza fisiológica. No obstante, “las leyes” -abstracción- no eximen de culpabilidad a quienes las ignoran.

En derivación de “cosmos” (griego) que significa limpio, ordenado, “mundus” del latín se originó Mundo.

Los actores Carey Mulligan y Bradley Cooper nominados al Óscar de la academia 2024 interpretaron a una pareja en una obra cinematográfica llamada “El Maestro”

En un diálogo el Personaje principal -LEONARD- dijo lo siguiente:

“Siento que el Mundo está en colapso (…) el hombre es un animal atrapado, víctima de sus avaricias y sus antojos”. (Leonard Bernstein, Louis Bernstein 1918 – 1990).

Al hablar de Mundo debemos asumir una construcción nominal e inteligente del individuo humano para definir un conjunto de características, condiciones, hechos y comportamientos exclusivos de la especie humana. Dicho de otro modo, el Mundo está en la Tierra, más la Tierra no es el Mundo. Este está comprendido única y exclusivamente por la virtud que identifica ontológicamente al individuo humano.

Ninguna otra especie pertenece al Mundo por inmanencia, la participación de las otras especies es inherente. A estas últimas, el hombre las ha domesticado, las ha adiestrado y las ha manejado mediante el control de sus instintos y necesidades naturales para hacer de ellos un objeto de diferentes modos de utilizarles y sacarles provecho tanto en el trabajo como en el entretenimiento.

 El Mundo es una construcción de la especie humana, es una asunción metafísica desarrollada por el ingenio humano llevada a la praxis mediante el uso de la inteligencia y el manejo de todos los recursos que la naturaleza le brinda y le provee; para ello, ha contemplado tanto la conducta generalizada de la especie como sus necesidades primordiales. De lo cual, ha desarrollado hipótesis, tesis, y modelos de comportamientos en virtud de un interés íntimo que se hace colectivo en la medida del espíritu que representa.

Ninguna otra especie tiene en su haber la construcción de algo de lo cual el individuo humano haga uso para una satisfacción sintética qué no sea su propia existencia. Al contrario, toda construcción hecha por alguna otra especie establece en la mayoría de los casos una preocupación adherente al ambiente que el individuo humano ha construido o tiene en su atención en determinado espacio y momento para su satisfacción, de modo que es muy posible que tal construcción altere tanto la aspiración genuina como el comportamiento del afectado.

En este sentido se podría comulgar con la idea de Ludwig Wittgenstein (Viena, 1889- 1951) filosofo, respecto a su concepción del Mundo representada por lo ponderable, para él, en su Tratado lógico-filosófico, “El Mundo es todo lo que acaece”. El Mundo es el conjunto de todos los hechos. Para ello, un hecho constituye una amalgama de cosas que el individuo humano relaciona, une o combina en función de un propósito, de un fin que tiene como objetivo ese antojo que menciona Bernstein en su dialogo en “El Maestro”.

El mundo es heterogéneo, esta virtud está determinada etnológica y culturalmente. Característica que solo es vigente en otros seres vivientes por las diferencias filogenéticas de las especies. El individuo humano se enfrenta y sobrevive en todas las condiciones ecológicas, ambientes y latitudes. Aunque no naturalmente, su capacidad de análisis ante las adversidades le permite enfrentarse a ellas y neutralizarlas o manejarlas para su sobrevivencia. Sin embargo, derivado -precisamente- de esa heterogeneidad habrá de sobrevivir el más apto. Las otras especies nacen y mueren identificadas con un solo patrón especializado, un solo modo de vida. Cada especie tiene su patrón.

El Mundo es impredecible. Aun cuando haya una visión futurista o una tendencia elaborada, programada, contemplada en una relación pragmática y contingente, el Mundo varia en conducta y costumbres asociado a lo que el individuo humano ha denominado civilización, teniendo como impronta todo un elevado desarrollo originario de la cultura. Esta a su vez, de las necesidades salvadas para poder sobrevivir ante la inclemencia de la naturaleza y para mejorar la forma de emplear recursos para obtener de energía corporal. No obstante, se ha llegado a afirmar analizando la historia que la conducta humana tiende a presentar situaciones cíclicas con diferencia de aspectos tecnológicos, derivado de la forma de asumirlos y, acordes a los adelantos científicos y tecnológicos. Explicado con ejemplos, el fuego, un elemento presente en la naturaleza, máxime proveniente de nuestra estrella vital, “El Sol”. Ha sido creado por el Mundo de forma sintética, lo ha vuelto una necesidad insoslayable, el cavernícola descubrió como hacer fuego mediante la fricción, la chispa, el calor. Actualmente, el calor es el mismo, pero este y la chispa se producen de otra forma, tanto por fricción como por circuitos eléctricos creados por el ingenio humano. O sea, ingenio el mismo que ha creado al Mundo.

En el Mundo existe, naturalmente una inconformidad terrible, inmensa, es la misma inconformidad que ha dado origen a la filosofía, el ser humano acaricia el deseo de descubrir nuevas formas de ver la vida, ha manejado la naturaleza a su antojo (valga el termino).  Simón Bolívar, ante la devastación que produjo un terremoto en Caracas en 1812, en plena campaña emancipadora y en contra del edicto clerical acerca de un castigo de Dios por ir en contra de la Corona imperial española, dijo lo siguiente:

“»Si la naturaleza se opone, lucharemos contra ella y haremos, que nos obedezca”

En otras palabras, es como decir; Aunque la naturaleza se oponga, lucharemos contra ella y venceremos. Es en la resistencia y la determinación del individuo humano a diferencia de otras especies donde encontramos nuestra fuerza. Sigamos adelante, enfrentando los desafíos con tenacidad, valentía.

Para Pedro Calderón de la Barca (Madrid, 1600-1681) el Mundo es un gran teatro donde cada uno debe asumir su rol, sin embargo, ante innumerables prejuicios, vanidad, y avaricia existe una inconformidad palpable que el ser humano representa en su cotidianidad.

Años antes en la misma España, Francisco Gómez de Quevedo Villegas y Santibáñez Cevallos (Madrid, 15801​- 1645) escribe en su poesía un párrafo afín al de Calderón de la Barca que contiene lo siguiente:

“No olvides que es comedia nuestra vida y teatro de farsa el Mundo todo, que muda el aparato por instantes y que todos en él somos farsantes; acuérdate que Dios, de esta comedia de argumento tan grande y tan difuso, es [el] autor que la hizo y la compuso.

Al que dio papel breve solo le tocó hacerle como debe; y, al que se le dio largo, solo el hacerle bien dejó a su cargo.

Si te mandó que hicieses la persona de un pobre o un esclavo, de un rey o de un tullido, haz el papel que Dios te ha repartido; pues solo está a tu cuenta hacer con perfección el personaje en obras, en acciones, en lenguaje; que, al repartir los dichos y papeles, la representación, o mucha o poca, solo al autor de la comedia toca.”

Desligados al carácter teológico de los anteriores autores tenemos a dos filósofos distantes en épocas, pero con un sentido analítico relacionado con política y sociología correlativos a esa creación intelectual -como la he calificado- llamada Mundo. Estos son Nicolas Maquiavelo (Florencia, 1469-1527) filósofo y maestro de la política insinuaba acerca de la conducta del individuo humano: ser malo por naturaleza y afirmaba del ser humano, el ser bueno o malo de acuerdo con sus conveniencias. Mientras, Juan Jacobo Rousseau (Ginebra, 1712-1778) filósofo, músico, pedagogo, afirmaba que el hombre es bueno por inmanencia empero la sociedad le corrompe.

Ante esta multisápida -término utilizado por el político Rómulo Betancourt, venezolano, para referirse a los variados sabores de una comida típica venezolano- forma de comportamiento y su respectivo análisis psicológico, el Mundo se ha venido desarrollado en una amalgama estética causada y afectada con la lucha entre el bien y el mal, ambos conceptos, de alter ego platónico han hecho la existencia del individuo humano una infranqueable diatriba que identifica al Mundo. No obstante, el Mundo ha sobrevivido con ello.

Julio Sosa (Uruguay, 1926-1964) cantante -el varón del tango- en la lírica de una canción llamada “Cambalache” demuestra que la perversidad y la virtud se han convertido en un modus vivendi paralelo donde todo siendo contrario en conducta termina siendo igual ante el juicio de los tolerantes. Donde se supone que la bondad declina ante la voluntad de la perversidad. Similar a este análisis drástico Simone de Beauvoir (Paris, 1908-1986) filosofa, escritora, afirmaba -parafraseando- que:

“El opresor no sería tan fuerte sino tuviera la complicidad del oprimido”

La Tierra es una creación, constituyente del universo. El Mundo lo ha creado con sus hechos el hombre, ninguna otra especie ha creado nada que altere la naturaleza. El individuo de la especie humana, sí.

El amor, la empatía, la solidaridad y otros factores que ha prevalecido en la conducta humana y que va más allá de lo que somos por instinto, es lo que ha hecho al Mundo más amable. El filósofo Tzvetan Todorov (húngaro-frances,1939-2008) En su libro “Nosotros y los otros” determina que todos somos inmigrantes en potencia, con esta relación como el espíritu de la especie humana, afirma:

“Por cómo percibimos y acogemos a los otros, a los diferentes, se puede medir nuestro grado de barbarie o de civilización (…) Ser civilizado no significa que se tengan estudios superiores, sino que se sabe reconocer la plena humanidad de los otros, aunque sean diferentes”

Esta acepción determina como se construye un Mundo en armonía e idóneo. El interculturalismo así lo explica.

Joise Morillo

[email protected]

Venezuela – USA

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